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Aunque hay casos parecidos, en la historia antigua y contemporánea, ninguno se le acerca en las peculiaridades de esta situación sui generis.

(Abril 9, 2019 – De la columna de Fernando Nunez-Noda en El Nacional).

Es difícil explicar la situación de Venezuela a alguien que no la ha seguido de cerca. Si no, pregúntenle a Johanna Hausmann. A principios de año Juan Guaidó fue nombrado por la Asamblea Nacional como presidente interino del país. La razón fundamental es que la elección presidencial de 2018, en la que Nicolás Madurofue reelegido, no es reconocida por la AN, la oposición venezolana, una parte importante de la comunidad internacional y por una mayoría fronteras adentro debido a dos razones fundamentales.

La primera es que fue convocada por un poder tampoco reconocido, la asamblea nacional constituyente que usurpa funciones de la Asamblea Nacional y, segundo, porque Maduro a través del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, controlados por el chavismo, inhabilitaron a los candidatos opositores que tenían claras ventajas en las preferencias electorales, entre ellos Henrique Capriles y Antonio Ledezma.

Lo más complicado es explicar cómo puede haber dos presidentes en el mismo territorio, uno reconocido por 55 países (Juan Guaidó) más la OEA, el Parlamento Europeo, el BID, la Internacional Socialista et al. Y por otro Maduro, apoyado por 12 países (Rusia, China, Cuba y Turquía entre los de mayor población), algunas islas del Caribe y dictaduras como la siria.

La prensa ha cubierto el episodio con buen grado de detalle, aunque sin llegar a desentrañar lo inusual del caso. The New York Times habla de “Un país, dos presidentes”Miami Herald tituló: “Venezuela tiene ahora dos presidentes: ¿cuánto más puede durar la incertidumbre?” y, en general, el caso llamó atención mundial por lo poco usual. La situación actual se puede resumir como que Nicolás Maduro tiene el apoyo de la Fuerza Armada y buena parte del control interno; mientras Juan Guaidó tiene el apoyo de la Asamblea Nacional y ejerce el control de los activos venezolanos fuera del territorio nacional, como Citgo y cuentas bancarias recuperadas.

Establecido el marco general, muy simplificado por cierto, vamos a la pregunta que motiva este artículo: ¿existen antecedentes históricos y, sobre todo, casos históricos, recientes o actuales que reflejen lo que ocurre en Venezuela con dos presidentes en el mismo territorio?

No es extraño en la historia

En Quora, David Dunsmore, un entusiasta de la historia cuenta que:

«Tener dos monarcas o jefes de Estado es raro, pero ocurre en varios puntos de la historia. (…) La República Romana (entre 509 y 27 a. EC), tenía dos cónsules en la instancia más alta;en el imperio incaico [en el actual Perú], hacia el siglo XIII a.EC, la dualidad era un principio tan importante que cada cargo público era ocupado por dos personas. El Imperio Romano bajo la tetrarquía (hacia V d.EC), tenía dos emperadores principales (Augusti) con dos emperadores menores (Caesari) sirviendo bajo ellos.

También era bastante común en el Imperio Romano, el Egipto antiguo y ptolemaico, y otras monarquías el que un monarca mayor intentara asegurar una sucesión pacífica elevando a su heredero elegido a cogobernante.»

¿Y en el tiempo reciente o presente? “Andorra, San Marino y Suazilandia son los únicos países con dos jefes de Estado. Andorra tiene dos copríncipes: el obispo de Urquell y el presidente de Francia. San Marino es una república liderada por dos capitanes regentes en un sistema basado en la antigua república romana. Suazilandia está gobernada conjuntamente por un rey y su madre”.

Si la historia reciente es una guía

En un artículo de Emol, Diego Gaete cuenta que:

«Si hablamos de pugnas presidenciales, México sabe bien de eso. A principios del siglo XX, en noviembre de 1914, Eulalio Gutiérrez, quien había sido nombrado como presidente interino un año antes, fue desconocido de su poder por las fuerzas gobernantes de ese país: las villistas y zapatistas.

«En 2006, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador –quien ahora es presidente mexicano– se hizo con la posesión de la presidencia. Esto, a pesar de perder en los comicios contra el líder conservador Felipe Calderón. Lo realizado por López Obrador fue un intento para deslegitimar al ganador, por considerar como “fraudulentas” las elecciones de ese período. Es más, llegó a ser investido en un evento simbólico en el que se le otorgó una banda presidencial. De todos modos, Calderón juró a fines de diciembre de ese año».

Se menciona el caso de Costa de Marfil:

«Alassane Ouattara y Laurent Gbagbo se mostraban decididos a asumir el poder del país, al declararse vencedores de los comicios de 2010. Gbagbo fue proclamado como vencedor por 51,45% de los votos, según el Consejo Constitucional que estaba a su favor; mientras que Ouattara aseguraba haber logrado 54,1% en los comicios, resultado que fue invalidado por este mismo comité. Es más, ambos llegaron a juramentar el cargo. El primero siendo protegido por las tropas de la ONU y el segundo por el ejército local». Al final, Gbagbo fue instalado como presidente.

El caso de Gambia es otra referencia. En 2017 “el presidente titular de 22 años de Gambia, Yahya Jammeh, se niega a retirarse, pero los vecinos de Gambia han prometido apoyo al sucesor Adama Barrow.” El caso es que hubo meses muy tensos en un país con dos mandatarios, hasta que quedó Barrow. Y hay otros países africanos, como Kenia, que han vivido episodios similares.

¿Qué hace el caso venezolano algo único o al menos peculiar?

José A. Clavijo, ex diplomático venezolano, master en Política Internacional y colaborador de Verifikado, nos dice que el caso de Guaidó-Maduro “no tiene un antecedente contemporáneo ni reciente. En el caso de Gambia, Yahya Jammeh fue presionado por la comunidad internacional para dimitir.

“En Libia ocurre algo que se le acerca. Hay guerra civil. Hay un gobierno en Trípoli muy débil, atacado por el general rebelde Khalifa Haftar, quien tiene el poder sobre el terreno. Está acechando a Trípoli. Uno tiene el poder legítimo, el otro tiene el militar”.

Clavijo hace notar que en los ejemplos anteriores, ambas facciones enfrentadas están armadas. No es lo que ocurre en Venezuela, donde la asimetría es evidente.

Enumeramos algunas características de la situación posterior a Guaidó que lo hace distinto:

⇒ Tiene solo 3 meses y ha cambiado la dinámica política después de 20 años del chavismo (casi 6 bajo Maduro). Es decir, el cambio con Guaidó viene de la mismísima estructura legal del país (la Asamblea Nacional), pero ha tomado posesión de parcelas legales y de activos para un eventual gobierno. No es simbólico, tiene en sus manos activos muy concretos.

Lo reconocen las democracias de países latinomericanos y desarrollados del mundo: Toda Suramérica excepto Bolivia y Uruguay. Estados Unidos, Canadá, los países europeos (excepto Italia y Noruega, que tampoco apoyan a Maduro), Japón, Australia, y en general los países desarrollados han reconocido a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y a su gobierno. De los 12 países que apoyan a Nicolás Maduro los de mayor población y la mayoría son dictaduras: Rusia, China, Irán, Siria, Turquía y Cuba.

⇒ El gobierno de Guaidó tiene un control económico importante. Tiene en sus manos los activos internacionales de Pdvsa, Citgo y otros. En este nuevo liderazgo muchas cuentas bancarias, paquetes accionarios y otros activos nacionales pasan a su responsabilidad y según estándares internacionales. Estados Unidos y países europeos como Holanda (por las Antillas Neerlandesas) reconocen legalmente al gobierno de Guaidó y facilitan los trámites según la ley. A lo anterior se suman cuentas bancarias en Suiza, Andorra, San Marino y otros países con legislaciones tributarias especiales, que también han colaborado con autoridades del gobierno interino para rescatar dinero mal manejado o incluso congelación de cuentas personales de funcionarios y asociados chavistas.

⇒ Hasta ahora, Guaidó tiene libertad de movimiento en el país (así como lo tuvo internacionalmente en su viaje a Colombia). Hay advertencias muy contundentes de Estados Unidos por su libertad e integridad. Eso no ocurre con los casos similares.

⇒ Igual que en los ejemplos de otros países, la clave del poder interno está en la Fuerza Armada, pero en Venezuela además hay una sujeción logística y de influencia con Cuba. De modo que las decisiones sobre Venezuela no dependen solo de un régimen de legitimidad muy cuestionada (el de Maduro), sino de otro país (Cuba) copartícipe de la marcha del país bajo el chavismo.

⇒ Aunque el régimen chavista tiene el control de la FANB, no hay consenso general en su seno sobre el apoyo a Maduro. Es un ejército vigilado 24 horas al día, lleno de informantes, desarmado selectivamente, infiltrado por la guerrilla y muy ideologizado. No obstante ha habido deserciones, hay malestar por la represión (dadas las responsabilidades individuales que acarrea) y señales cada vez más amplias de desacuerdo. Está lejos de una sublevación, pero tampoco es un cuerpo sólidamente a favor del régimen.

Conclusión

El caso venezolano de Juan Guaidó y Nicolás Maduro tiene diferencias claves que lo hacen muy peculiar, único en su origen, alcance del control de cada mandatario, correlación de fuerzas nacionales vs internacionales y ejercicio general del poder. Independiente del resultado, será estudiado como un fenómeno inusual y asombroso.

Como todo lo que ocurre en Venezuela.


Imagen inicial: VK

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