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Aunque bajó el tono en los últimos meses de campaña, el ahora presidente electo brasileño Jair Bolsorano se ha caracterizado por declaraciones y posiciones muy polémicas. Analizando su trayectoria y propuestas, se espera un giro marcado hacia la derecha y un estilo que será todo menos “business as usual”.

Javier Brassesco

(Octubre 28, 2018). Muchos analistas decían que no era posible su victoria, pero las encuestas, tercas, seguían dándolo de favorito. Al final tuvieron razón estas últimas: el polémico derechista Jair Bolsonaro fue electo presidente de Brasil en segunda vuelta con once puntos de ventaja (cuando se habían escrutado el 85% de las mesas) sobre Fernando Haddad.

Este ex capitán es el primer presidente de Brasil que no pertenece a ninguno de los tres grandes partidos (el PT de Lula da Silva, el MDB de Michel Temer y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso). Y aunque es el décimosexto militar en alcanzar la presidencia de Brasil (solo el tercero por los votos), es el primero que será presidente luego del régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, un período que Bolsonaro reivindica.

Siempre ha declarado, orgulloso, que es un candidato antisistema, y a la manera de Donald Trump en Estados Unidos (de quien se confiesa un ferviente admirador), exhibe todo un historial de declaraciones políticamente incorrectas.

Incluso ha ido mucho más allá que Trump al afirmar cosas como que antes que tener un hijo homosexual preferiría que muriese en un accidente, pues para él estaría muerto de cualquier forma (esto lo dijo en 2011), o que los afrodescendientes “no hacen nada, creo que ni como reproductores sirven”.

 

 

 

También es justo resaltar que últimamente lució mucho más comedido en estos temas, pero seguramente se trató de una estrategia de campaña, pues la comunidad LGBT tiene mucha fuerza en Brasil. Hasta difundió un video con el famoso maquillador gay Lili Ferraz.

 

Alcanzó su victoria en una sociedad cansada de la corrupción y la inseguridad, y en esas dos materias estuvieron sus principales promesas y estrategias de campaña: a su adversario del PT, Fernando Haddad, lo vinculó siempre que pudo a la corrupción de la trama Odebrecht, y ha asegurado que tendrá mano de hierro con los hampones.  Más de 63 mil personas fueron asesinadas en Brasil en 2017.

2017 el año más violento de Brasil con más de 63 mil muertes

Extrañamente también lo benefició haber sido apuñalado durante un acto de campaña el 6 de septiembre, pues fue cuando sus opciones se dispararon. Permaneció 23 días hospitalizado y utilizó su frágil estado físico para evitar cuatro debates que debía sostener con Haddad, quien entró tarde en campaña (el 11 de septiembre) pues el PT esperó hasta última hora para inscribir a Lula da Silva, vetado por la justicia electoral por su condición de presidiario.

¿Y ahora?

Son muchas las incógnitas que hay alrededor de una persona tan impredecible como Bolsonaro. La economía es una de las mayores, sobre todo porque él mismo ha reconocido no entender lo más básico en esta materia.

Y el gigante suramericano no la tiene nada fácil en este sentido, pues aún no se recupera de la fuerte recesión de 2015 y 2016. Desde hace cinco años su economía no crece por encima del 2%.

La economía, ya lo ha anunciado, estará en manos del gurú liberal Paulo Guedes, formado en la universidad de Chicago y muy respetado en los mercados internacionales, pero quien seguramente deberá enfrentar a los poderosos sindicatos.

En el Congreso su partido, el PSL, apenas cuenta con 52 de 513 diputados y con cuatro de 81 senadores. Tendrá que forjar amplias coaliciones legislativas, como hizo el PT en su momento o el PSDB más recientemente, pero para eso tendrá que hacer importantes concesiones. Michel Temer demostró que se puede gobernar con escasísimo apoyo popular siempre y cuando uno sea bueno armando coaliciones y haciendo pactos..

Su hijo Eduardo, que se convirtió en el diputado más votado en la historia de Brasil, dijo algo que para muchos es motivo de preocupación: hablando de posibles acciones del poder judicial contra su padre (como le sucedió a la presidenta Dilma Roussef o al expresidente Lula), dijo: “Si uno quiere cerrar el Supremo Tribunal Federal no manda un jeep, manda un soldado y un cabo”.

¿Tendrán fuerza las instituciones brasileñas como para frenar las acciones de Bolsonaro, llegado el caso? Muchos lo dudan en un país con fuertes tendencias y antecedentes militares.

Y la insistencia de Bolsonaro de que no reconocería los resultados si no le favorecían no contribuye a la calma.

Lo cierto es que Brasil escogió girar muy a la derecha, y lo que encontrará en ese camino es algo que nadie puede prever con certeza.

Polémicas


Imagen inicial: Wikicommons.

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