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Guaidó en las redes y la guerra comunicacional del chavismo (Univision)

Guaidó en las redes y la guerra comunicacional del chavismo (Univision)

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En menos de tres meses el «fenómeno Guaidó» cambió el momento político venezolano. Pero el régimen de Nicolás Maduro ha sacado todas las armas para aferrarse al poder, entre ellas una feroz campaña de censura y desinformación en redes. De la columna de nuestro director, Fernando Nunez-Noda.

(Marzo 29, 2019 – De Fernando Nunez-Noda, publicado en 03-21-2019 en Univision Noticias). A principios de 2019 casi nadie conocía a Juan Guaidó. Si observamos la curva de Google Trends sobre intensidad de búsqueda del nombre “Juan Guaidó” entre diciembre 1 de 2019 y el 12 de marzo de 2019, lo primero que notamos es que del 1 de enero hacia atrás el porcentaje es cero.

En el gráfico se observa que justo a principios de enero el porcentaje de búsquedas de “Juan Guaidó” toma vida. Llega a su cénit entre 23 y 24 de enero, luego de juramentarse. Ese pico es cuatro veces más alto que el segundo más conversado: el apoyo del Parlamento Europeo (y con éste el de 55 países europeos). Después tiene un ritmo que ronda el 25% con dos lomas hasta el 12 de marzo.

 

Ya eso es un dato que muestra lo volátil e impredecible de Venezuela como tópico noticioso. Del virtual anonimato internacional, este joven líder de 35 años pasa a ser referencia mundial en poco menos de un mes. Por ejemplo, a principios de enero Guaidó tenía unas pocas decenas de miles de seguidores de Twitter, a la fecha llega a más de 1,7 millones.

 

Internet: geopolítica en la palma de la mano

En Venezuela los medios independientes han sido cerrados, o comprados por afines al régimen. La llamada “gran prensa” se ha encogido y si hablamos de la opositora o los no afines al régimen, el resultado puede contarse con los dedos.

Columbia Journalism Review da su visión internacional: «Gran parte de la prensa independiente de Venezuela simplemente ha desaparecido. Según el Colegio Nacional de Periodistas, el régimen cerró 40 estaciones de radio en 2017, mientras que una recesión paralizante ha obligado a otros a salir de circulación. El verano pasado Reuters informó que, desde 2013, tres cuartas partes de los periódicos del país se habían cerrado».

Las televisoras y cadenas radiales han sido cerradas, compradas o amansadas con amenazas permanentes.

 Menos mal que los medios en línea han sobrevivido y algunos prosperado: los fundacionales como El Nacional, Runrunes o La Patilla o una legión de nuevos medios digitales ágiles, nacidos en línea, como EfectoCocuyoArmando.infoVPItv et al, que han llenado el vacío y aprendido a lidiar con una dictadura ya sin cortapisas.

 

La “lucha” informacional también ha caído sobre los ciudadanos, que en el caso opositor son más independientes y con más recursos humanos preparados aunque dispersos, cada quien un “ejército-de-uno”.

Hay más iniciativas en la oposición (grupos, hashtags, campañas descentralizadas, grupos de mensajería) y llenas de vida propia. A eso se suman millones de venezolanos en el mundo, opositores en mayoría abrumadora.

 

La “guerrilla comunicacional” chavista está dirigida por laboratorios. Reporta Digital Forensic Research Lab, a principios de febrero:

“A lo largo de los años, el gobierno venezolano de Nicolás Maduro se ha beneficiado de una actividad coordinada y ha presionado activamente a sus partidarios para que participen en las redes sociales. (…) Según Hootsuite, 44% de la población es usuaria activa de redes sociales, lo que hace que las actividades inauténticas y las operaciones de influencia sean particularmente grandes”.

La última modalidad: el activista ultra radical, usualmente la caricatura de un derechista, que solo ve soluciones finales violentas y sospechosamente apunta sus misiles casi exclusivamente a dirigentes opositores “traidores”.

 Otra actividad: la falsa amplificación, es decir, la “viralidad” artificial producida por muchas cuentas robots y de operadores que rebotan artículos, memes, fotos, videos y otros paquetes de propaganda y desinformación.

 

Pero lo que no se cubre por redes sociales públicas se completa con Whatsapp, usado por 70% de los usuarios de internet en Venezuela. Es esta red cerrada de mensajería la principal fuente de bulos, rumores y todo tipo de información no confirmada y a la postre falsa. En este territorio, la oposición tiene por mucho la actividad más intensa. 

Maquinaria versus ciudadanos, pues. Y en el medio todo tipo de espacio digital informativo, desde aficionados hasta grandes organizaciones periodísticas.

 


Imagen inicial: FNN

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NOTA LEGAL. 1. El grado de certeza asignado por VK a una información noticiosa no debe considerarse un dictamen forense, sino una conclusión experta basada en información y documentos públicos de fuentes consideradas confiables. 2. Las fuentes citadas y conectadas por direcciones URL pueden cambiar o desparecer y su comportamiento no está en control de VerifiKado. 3. La información de este análisis puede cambiar por alguna de estas razones: a) Se agrega nueva información verificada o b) Se retira información considerada inexacta o no confiable. 4. En todo caso, la información se entrega “AS IS”, como se presenta al momento de ser consultada. Más sobre nuestro proceso de verificación.

Estadísticas liberadoras

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Artículo

De cómo los números bien usados pueden ser la diferencia entre lo cierto y lo falso; lo preciso y lo indefinido; lo convincente y lo dudoso. Artículo de nuestro director en el diario El Nacional de Venezuela.

(Marzo 22, 2019 – Fernando Nunez-Noda). Publicado originalmente en El Nacional:

1. Las estadísticas son más fascinantes, útiles y divertidas de lo que uno imagina. Es una logia de profesores de bachillerato (y Disraeli) los que le han creado su leyenda negra. Si uno usara más estadísticas y menos arranques emotivos, la desinformación se reduciría.

Vale decir que no todas las estadísticas son creadas iguales. Hay estadísticas profesionales, no manipuladas, que ofrecen una aproximación muy precisa a alguna realidad. En Venezuela alguna vez se hicieron estadísticas decentes, en la OCEI prechavista. Ese fue mi primer trabajo profesional, en el último censo de calidad, que se hizo en 1990. Sin sumergirme demasiado en matemáticas, puedo asegurar que los números proveen un poderoso sustento fáctico para las noticias, reportajes o argumentaciones que tengo a diario.

Pero, claro, están las «estadísticas» mal hechas, que deforman la realidad; y otras que sencillamente se fabrican o distorsionan para mentir. El régimen venezolano es experto es destruir la credibilidad de las estadísticas simplemente falseándolas.

2. Pero hay manipulaciones más sutiles, como la que llamo «la falacia de la desproporcionalidad». Por ejemplo, si en los 40 años de democracia venezolana hubo inflación –que la hubo– y en el régimen chavista también, ¿cuál es la diferencia? ¿De qué se queja la «derecha»?

Si en Venezuela hay inseguridad, alegan que en Estados Unidos también y hasta en España. Pero si vamos a los números la diferencia de proporción en contra del chavismo es sencillamente inabarcable. En 2016 la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes en Estados Unidos fue de 5,35; la de España 0,63 y la de Venezuela de 56,53, según cifras del Banco Mundial. ¿Son equiparables esos índices? No.

3. Hay otra deformación muy común. La llamo «Estadísticas de Muestra= 1».

Por ejemplo:

Alguien: —Tengo pensado ir a la tienda XYZ, ¿la conoces?

El otro: —Esa tienda es malísima porque la primera y única vez que fui una cajera me atendió mal. Más nunca volví. ¡Ni se te ocurra acercarte!

Alguien: —¿Y la tienda OPQ?

El otro: —¡Menos! Una amiga mía fue y no le gustó.

Si se dice con suficiente autenticidad, la gente lo cree. Signo de confianza, a veces, pero también de comodidad o autosuficiencia.

Mucha gente (sobre todo en redes) es capaz de afirmar que A es B basada única y exclusivamente en un caso que le ocurrió a una persona (a veces desconocida). Ignoran voluntariamente el concepto de «muestra estadística» porque es plural, es decir, trabajoso, conjunto mayor de 1, de cientos o miles, con una metodología representativa y bien «preguntada».

Pero son las estadísticas de muestra 1 las que me fascinan.

—“Ayer me dolió la pierna y llovió. Hoy me está doliendo otra vez, así que si sales no olvides el paraguas.”

—“Quien emigra hacia el país Tal le va bien. A mí me ha ido bien…”

—“Quien emigra hacia el país Tal le va mal. A mí me ha ido mal…”

Un individuo como centro del conocimiento, una encuesta de 1 de modo que lo que dice ese individuo es tomado 100% como correcto, por él mismo y por quien le cree (que los hay). Lo peor es que es contagioso y otro lo cree, lo difunde y más gente se une a esa cruzada de opinión (o manipulación) disfrazada burdamente de «dato estadístico» o criterio de autoridad con ilusión estadística.

4. Una cosa es la opinión y otra es la ciencia.La opinión es barata. Es decir, hay tanta en las redes que ya no sobresalen las excelsas e informadas. ¿Cómo darles fuerza a las nuestras? Pongo un ejemplo.

El otro día discutí con una socialista española. Fue una discusión cordial, aunque sarcástica. Cuando digo que en Venezuela, país sin democracia, gobierna un régimen autoritario, los dolientes de ese régimen autoritario o los socialistas de alma me dicen que esa es mi opinión, que ellos también tienen la suya y bien distinta.

En vez de listar violaciones de derechos humanos o el caso de la ANC, apelo a una autoridad superior basada en investigaciones de campo. Cito el «Índice de Democracia» de The Economist, una de las publicaciones más prestigiosas del mundo y uno de los estudios más completos sobre funcionamiento democrático. En la imagen se ve claramente que Venezuela está en los últimos lugares (117 de 167 con 3,87 puntos). Como referencia, China tiene un score cercano: 3,32 y Rusia mucho menor: 2,94. Se califica a Venezuela de «régimen autoritario” y está ya en el umbral de las dictaduras.

¿Qué tal? Por supuesto que no lo aceptó. Le bastó con decir que The Economist era una publicación británica que apoya el status quo y la superestructura bla bla bla, pero yo sentí en esa huida una capitulación porque el poder de los números solo se combate con otros números, mejores o más acertados, pero no los había o son de una fabricación que se desmonta rápidamente.

En el fondo saben que es cierto, pero no lo aceptarán. Si eso ocurre, aquel que observa la polémica con ojos desapasionados y no involucrados detectará muy bien quién aportó datos válidos para su argumento. En este mundo actual lleno de debates en redes hay un segmento educado y buscador de lo cierto. Qué hacen con esas certezas ya es otra cosa, pero siempre respetarán a quien soporta sus discusiones con información de calidad.

Son muy capaces de separar el trigo de la paja. Y nosotros deberíamos ser productores de trigo informacional, no de lo otro.


Artículo de nuestro director en el diario El Nacional de Venezuela. Imagen de FNN

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Periodismo en tiempos de opinadores e influencers (Entrevista en video)

Periodismo en tiempos de opinadores e influencers (Entrevista en video)

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Entrevista de Adrián Peláez a nuestro Director, sobre desinformación, rumores, noticias falsas, credibilidad, toxicidad y una actitud para lograr más eficiencia como audiencia y como emisores.

(Febrero 7, 2019). En la sede de Edu Digital Media, en Doral, Florida, EE.UU., el comunicador y pionero de internet Adrián Peláez entrevistó a nuestro Director y Editor, Fernando Nunez-Noda, sobre el rol y los retos del periodismo en el mundo efervecente, cambiante y confrontacional de las redes sociales, sobre todo Twitter.


Imagen inicial: Foto de María Carolina González.

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El retorno de la prensa (de nuestro Director, en Univision)

El retorno de la prensa (de nuestro Director, en Univision)

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Una artículo de nuestro editor en Univision Noticias sobre «la caída y rebote de la prensa» en la confianza del público, en medio de un caos de noticias falsas, redes sociales disruptivas y un «Infocalipsis» que ha trastornado la industria y las audiencias. La buena noticia: la prensa está experimentando un «comeback» muy bienvenido.

Fernando Nunez-Noda
Publicado en Univision

(Junio 20, 2018). Leo el “ 2018 Edelman Trust Barometer”, un medidor de confianza del público en los medios y otras instituciones. Como dicen en mi tierra: no queda títere con cabeza.

El informe considera que desde 2012 hay una “Crisis de Liderazgo”, una acentuación de la desconfianza en todos los actores sociales, que se cuela en capas socioeconómicas e inclusos generaciones (baby boomers, Generación X, millenials y postmillenials).

La encuesta divide a los participantes en dos grupos: el Público Informado (niveles económico y educativo topes) y la Población General (el resto). Edelman estima que el Público Informado llega a un 15% de los ciudadanos y el otro el 85% respectivo.

La confianza o, mejor dicho, la desconfianza del público estadounidenes a las instituciones emblemáticas no difiere mucho entre ambas en la comparación entre 2017 y 2018. Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), perdieron 3% de confianza, en este caso se lo carga todo el Público Informado. El General siguió confiando en las ONG en la misma medida (53%). En Negocios se les va un punto en el Público Informado. El General confió igual al año anterior.

Ahora ¿Y los medios? Tan lejos como 1976 la prensa tenía su más alto nivel histórico de confianza: 72% según la famosa encuesta de Gallup que mide específicamente medios. Tres de cada cuatro estadounidenses en edad de consumir información periodística confiaba en Washington Post, CBS, BBC, las revistas al detal, estaciones de radio y TV locales.

Cuarenta años después, en 2016 año del Infocalipsis, la relación prensa-audiencia vio dos hitos por demás interesantes: a) La prensa tuvo su menor índice de confianza histórico (32% según Gallup) ese año, y b) Edelman detecta una “creciente inequidad en la confianza”, ello es, diferencias no solo entre el Público Informado y el General, sino entre grupos socieconómicos, raciales, de preferencias políticas y de estilos de vida. Léase: polarización y silos ideológicos.

De lo primero hemos hablado en esta columna, de lo segundo no tanto. La polarización ha echado raíces, la distancia entre extremos ideológicos se ha acrecentado. Donald Trump navegó ese río turbulento con su propia verdad y con ella ganó la presidencia. Es decir, sus seguidores le creyeron y aún le creen, incluso más que a los medios según una encuesta.

Trump enloqueció a Politifact y a quienes cubren la fuente política con un discurso la mitad de las veces portador de datos falsos o inverificables. Pero sus seguidores, sus votantes, se mantuvieron fieles. Los chavistas, en sus variadas formas, logran que su gente les crea, no importa cuán agudamente le fallen. Es una cuestión ideológica y emotiva que trasciende el “hecho”.

Por ese ascenso de la “ideologización de la verdad” desciende la confianza en la prensa, porque muchas corporaciones, grupos o marcas de medios masivos han asumido públicamente posturas políticas, quizá como nunca antes. La percepción de que “Fox es el canal de la derecha” y “MSNBC la de la izquierda” para nada ayuda a la prensa en general, porque es más difícil creerle a quien tiene una parcialidad política, aunque haga esfuerzos por mantener sus noticias apegadas a los hechos.

Así que es la prensa noticiosa la que recibe el peor castigo, porque es pública y se basa en hechos.

Si baja la confianza en la prensa, lógicamente aumenta en otros lares. Y allí es donde se fortalece la llamada “posverdad”: una “verdad” parcial, emocional, de grupo y de nicho. Algo que puede ser desde muy parecido a un hecho forense hasta un dogma, o la opinión de un líder.

La posverdad no se caracteriza por el tipo de falsedad que ofrece, sino por las emociones que la sostienen. Si fuera racional… sería prensa. Hay, por tanto, demasiada “verdad alternativa” o abiertamente “noticia falsa” allá afuera y hace falta el contrapeso, la referencia, el juez más imparcial posible.

Hasta 2016, la confianza en la prensa iba en picada, pero en 2017-18 ¡se detuvo! Para la investigación de Edelman: uno de cada cuatro dice confiar en la prensa. El índice se mantiene igual en 53% para el Público Informado y 43% para el General. No hubo cambios en el año. Buenas noticias y les diré porqué: La variación de 2017-2018 fue cero.

Y la de Gallup muestra un repunte de 32% en 2016 a 37% en 2017. En el tercer trimestre de este año tendremos la de 2018. No he visto pronósticos de alto perfil, pero me atrevo a anticipar que o mantiene su nivel o posiblemente agrega unos puntos que lo lleven a +40%.

La prensa recobra uno de sus más preciados valores: la credibilidad y confiabilidad del público. Pero eso sí, por gotas no chorros. Que no haya perdido en una encuesta y haya repuntado 5% en otra es un gran logro.

Continúe el artículo en Univision Noticias


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¿Ha comenzado el «Infocalipsis»?

¿Ha comenzado el «Infocalipsis»?

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Según observadores de la cibersociedad vivimos en un caos de información que tiene ramificaciones e impactos en todos los aspectos de la vida. La geopolítica, la economía, las formas de vida están impactadas por guerra cibernética, hacking, fake news, trolling, acoso y otros males modernos. ¿Es una distorsión temporal o llegó para quedarse?

El autor de este artículo, Director de VerifiKado, hace un recuento y fija la fecha de inicio de ese Apocalipsis de información, publicado originalmente en su columna de Univision Noticias. 

Fernando Núñez-Noda,
publicado originalmente en Univision Noticias

(Junio 25, 2018). Si algo puso a prueba a la sociedad de información fue, más que la Campaña Presidencial 2016, el triunfo de Donald Trump. El periodismo quedó bastante golpeado, visto por una mayoría como parcializado, con agendas políticas y sin la influencia en la opinión pública que había tenido en mejores tiempos. Los grandes medios y firmas no pudieron convencer a una enorme porción del electorado (de hecho prefirieron creerle a Trump) y les ha costado mucho retomar el lugar que ostentaron en épocas pre-internet.

¿Qué pasó?

La de 2016 fue la primera campaña de la posverdad, vale decir, firmemente enclavada en la cultura del “reality show” y con un criterio sobre lo verdadero y falso que desafía los preceptos éticos y prácticos a los que estamos acostumbrados. Un show en vivo pero, al final, fabricado o, mejor dicho: improvisado.

Tengo la teoría de que 16 precandidatos republicanos y una contrincante demócrata no pudieron con Trump porque, en los debates, ellos estaban preparados a hablar de realidad y política. Pero la gente prefirió show y celebridad, que el magnate manejó por intuición y ego.

En este ambiente la sustancia sobra porque ¿para qué hablar de algo tan aburrido como el déficit o la pertinencia de ciertos programas sociales? Se abandonaron los “issues” y la campaña giró hacia el carácter de los candidatos (puro show pues). Y en la cultura de la “real TV” gana el mejor entertainer, no el más honesto, ni qué decir el más preparado.

El match “Clinton vs Trump”, particularmente, fue una pesadilla para los fact-checkers. Un artículo de Fortune titulado “Por qué las mentiras de Donald Trump durante el debate no importan” encontró 34 afirmaciones del candidato en el primer debate, consideradas falsas o reñidas con los datos. ¿Ejemplos? Sobre NAFTA criticó a la Ford Motors por llevarse trabajos a México y fue corregido por la empresa misma por Twitter. Más adelante afirmaría que Obama y Clinton habían fundado ISIS y que el caso de los emails era el escándalo más grande desde Watergate.

El fact-checker Politifact encontró que 51% de las declaraciones de Trump en 2016 cayó en las categorías de “mayormente falsas” o “completamente falsas”. La credibilidad con sus seguidores, sin embargo, se mantuvo esencialmente intacta. De alguna manera “The Donald” capturó el momento, mientras Clinton trataba de hacer encajar un estilo político que dejaba de ser atractivo.

Antes los candidatos eran mucho más cautos y gráciles para mentir. El público castigaba esas faltas. Con Trump sin duda no ocurrió así. En el “reality show” la verdad es accesoria e importan más la emocionalidad y la improvisación exitosa. A Donald Trump lo bañaron de publicidad negativa y no le afectó, o muy poco. Es un líder demagogo y ofrece exactamente lo que una parte del electorado quiere escuchar y le cree. Polariza, apela a las emociones. No detalla plan concreto. Y de paso soslaya la etiqueta política.

Para colmo en septiembre de 2016, la encuesta Gallup sobre Confianza en los Medios en EE.UU.arrojó que solo 32% de los estadounidenses manifestaba tal seguridad. El nivel más bajo desde que comenzó tal consulta en 1972. El año anterior, 2015, había alcanzado 40%. Pero en 2017 subió auspiciosamente a 37%, una recuperación que hace honor a muchos esfuerzos de la gran prensa por reasumir un liderazgo extraviado.

No hay dudas de que muchos periodistas y medios tuvieron posiciones beligerantes. Por ejemplo, FoxNews y MSNBC -por nombrar dos emblemáticos- fueron estandartes de la derecha republicana y la izquierda demócrata respectivamente, a veces de forma militante. Este involucramiento sin duda ha minado la confianza en la neutralidad de la prensa.

En 2016 ocurrieron otras cosas que solo podríamos calificar de raras, estrambóticas o inesperadas (esto solo como contexto):

  • Bob Dylan ganó el Premio Nobel de Literatura.
  • Se filtraron los Papeles de Panamá… y los del Partido Demócrata también (parte del hacking ruso).
  • Gran Bretaña decidió separarse de la Unión Europea con su Brexit.
  • Hubo “impeachment” de presidente en dos países: Brasil y Corea del Sur.
  • En Colombia un referendo le dijo No al Acuerdo de Paz con las FARC (luego se revirtió).
  • Corea del Norte inició sus pruebas nucleares.
  • Los Cachorros de Chicago ganaron la serie mundial a los Indios de Cleveland después de estar 3 a 1 juegos en contra. Esto lo menciono solo para que vean como se desafiaron las predicciones.

Infocalipsis

El término fue acuñado por Aviv Ovadya, Jefe Tecnológico de dos centros importantes de medios e innovación periodística en las universidades de Michigan y de Columbia. Justo a mitad de 2016:

“Se dio cuenta que había algo fundamentalmente malo en Internet, tan equivocado que abandonó su trabajo [de entonces] y sonó una alarma. Unas semanas antes de las elecciones de 2016, presentó sus preocupaciones a los tecnólogos en el Área de la Bahía de San Francisco y advirtió sobre una inminente crisis de desinformación en una presentación que tituló «Infocalypse» (Infocalipsis).

Sus preocupaciones pueden resumirse en estos puntos:

  1. La web y el ecosistema circundante son “muy poco saludables”.
  2. Los incentivos de las plataformas más importantes recompensan información engañosa y polarizante, o ambas cosas.
  3. “Las plataformas como Facebook, Twitter y Google priorizaron clics, call-to-action, anuncios y monetización sobre calidad de la información.”
  4. La información tóxica es más adictiva.

Ese tsunami inundó la relativamente tranquila comarca de la prensa y los medios tradicionales. Ya lo he comentado en otros artículos: emisores y receptores intercambiaron roles; los contenidos eran fácilmente copiados, pirateados y falsamente atribuidos; las vías comunicacionales se multiplicaron, se cruzaron, se comercializaron algunas y se hicieron “multi” (media, plataforma, formato, etc).
A eso se suman millones de ciudadanos, con todo el abanico de actividades y competencias, jugando al periodismo con muy diversos niveles de suficiencia.

En la cultura del reality show la imagen es el contenido, la emoción comunica mejor que la razón, la improvisación que funciona es más valiosa que lo premeditado sin impacto. Más que el intelecto y el carácter de estadista se cotizaron mejor el carisma, la fotogenia y la conexión emotiva con el público.

En la llamada “´posverdad” los criterios de certeza han perdido preeminencia e importancia. La masa toma como cierto, conscientemente o no, lo que le da la razón, o tranquilidad o esperanza. La autoridad y el carisma se imponen a las pruebas duras, lo “entretenido” y lo “aburrido” son dos criterios para que la gente se informe.

El fact-checking está en alerta permanente. O se desprestigia la fuente o el dato aún siendo cierto puede no importarle a mucha gente. Los periodistas luchan a diario y en todos los frentes, contra las miles de fisuras en las paredes del dique que contiene un océano de falsedades. Pero por volumen y voluntad de la mayoría, se imponen muchas de ellas y el daño que causan puede ser considerable.

Les pongo un ejemplo de este daño. El otro día quise promover un post de tema político en Facebook. Le hice un “boost”, un empujón publicitario (pagado) por el cual la plataforma lo hace aparecer en multitud de perfiles que no nos siguen, de acuerdo con la inversión. Como era de tema político no me lo aprobaron. El sistema explicaba que tales posts no podían enviarse a público estadounidense si la fuente no está certificada. Eso implica registrarse en línea, pero el último paso fue anotar un código que llegaba a mi oficina por correo de papel. De esta forma validaban la dirección física de mi empresa. Ahora sí puedo hacerlo, pero imaginen cuantos cientos de miles no.

¿Por qué todo esto? Por la “ fábrica rusa de noticias falsas”, que inundó de #fakenews las redes de al menos 120 millones de usuarios en 2016, en EE.UU. Muchos expertos la consideran si no la principal, al menos una de las más importantes razones para el triunfo de Donald Trump. Si este fenómeno informacional en internet no tuvo una influencia clave en esta historia reciente ¿entonces qué?

La democracia se resiente

A manera de cierre, dejo una serie de puntos diversos que no necesariamente comenzaron en 2016, pero se consolidaron e hicieron norma desde entonces:

  • Los expertos fallaron en pronosticar el triunfo de Trump, quien fue un auténtico “Cisne Negro”, es decir, un evento de gran impacto político, social o económico que nadie previó y que pocos daban como posible cuando se asomó. Porque, en serio ¿quién imaginó en marzo de 2016 que un multimillonario empresario de bienes raíces, sin antecedentes ni experiencia política, lograría en 9 meses uno de los más altos cargos del mundo? Confieso que yo no.
  • La polarización aumentó. Trump es resultado de esa polarización, que como líder populista fomentó. Pero ya venía con bríos propios desde Obama, quien la propició. En 2014 el Pew Research Center había encontrado en su portentosa encuesta sobre Polarización en EEUU (a 100.000 adultos) que “la polarización política es la característica definitiva del principio del siglo XXI en la política estadounidense, tanto entre el público y los oficiales electos”.
  • El estudio reveló que los republicanos y demócratas nunca habían estado tan alejados ideológicamente en la historia reciente. El porcentaje de Republicanos con opinión desfavorable del partido Demócrata “ha saltado de 17% a 43% en los últimos 20 años”. El aumento de este indicador en el Partido Demócrata es muy similar. La gente se está agrupando en “silos ideológicos”, incluso varios en cada partido, aunque más en el Republicano. Por ejemplo: los seguidores de Trump y los pro-establishment conforman dos silos que se diferencian hasta en el estilo de vida.
  • La polarización nos hace caer en la”trampa de la ideología”, la obligación de coincidir con todo el menú de preceptos que lo hacen a uno “un verdadero conservador” o “un verdadero progresista”. Fueron Trump y Sanders quienes rompieron el monopolio de la polarización que tenían republicanos y demócratas.
  • La verdad forense está asediada. Las “posverdad” empodera a muchos ciudadanos a “decidir” si algo es “verdadero” o “falso”, no basado en pruebas forenses o evidencias científicas, sino en emociones o conveniencias. En mi trabajo como fact-checker me encuentro con decenas de personas que se molestan cuando uno les dice que un dato X es falso. Su argumento puede resumirse en esta frase: “¿Qué importa si es falso si ayuda a la causa?”.
  • Hay tanta información, tantos medios, tantas herramientas y, en fin, tantos datos que es muy difícil determinar origen, calidad, autenticidad, veracidad, contemporaneidad y autoría de tal información. Como el tiempo es un activo tan valioso, la mayoría acepta lo que recibe.
  • La democracia se resiente. Aunque la confianza y el apego de los ciudadanos en países desarrollados sigue sólida, hay serias “rebeliones” ciudadanas contra los liderazgos constituidos: Trump por supuesto; los movimientos separatistas como el Brexit o el referendo catalán; el insólito retorno del comunismo disfrazado de socialismo en muchos países (con resultados devastadores en países como Venezuela) y el gusto por la izquierda de los millenials (hasta que comienzan a trabajar, claro).

O las aguas vuelven a su cauce, o forman uno nuevo o se desbordan en una inundación que nadie quiere. El “infocalipsis” está en pleno desarrollo y solo una persona puede controlar al menos el ámbito que lo rodea y la influencia que ejerce sobre sus pares:
Me refiero a usted, mi querido lector.


Publicado originalmente en Univision NoticiasImagen inicial: FNN.

 

REFERENCIAS

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