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El director de VerifiKado sobre desinformación en Venezuela (Video)

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Fernando Nunez-Noda habló con Gabriela Perozo sobre desinformación, guerra cibernética, bots y otros factores que alteran el debate público en Venezuela.

(Agosto 26, 2019 – Redacción). La periodista Gabriela Perozo entrevistó a nuestro Director sobre temas que conciernen al ciudadano que hace vida en las redes sociales y que son objeto de trabajo diario para VerifiKado, en este caso de Venezuela: desinformación institucionalizada por el régimen chavista, guerrilla comunicacional, «opositores radicales» simulados en laboratorio y algunas prácticas para mejorar la relación del usuario con la información y sus comunidades personales. La entrevista se transmitió el 15 de agosto de 2019.


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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No al argumento ad hominem

No al argumento ad hominem

Artículo

Cuando se discute sobre ideas hay posibilidad de debate e incluso de resultados beneficiosos. Cuando se discute sobre defectos de los interlocutores, casi con seguridad que no.

(Abril 9, 2019 – De la columna de opinión de Fernando Nunez-Noda en El Nacional).

Veamos el ejemplo de un diálogo cualquiera entre dos personas de la misma preferencia política:

Interlocutor 1: —Creo que la crisis venezolana se soluciona con un diálogo.

Interlocutor 2: —Por tradición de los últimos 20 años, ningún evento de diálogo ha traído otra cosa que atornillamiento del gobierno y pérdida de poder opositor.

Interlocutor 1: —¿Y con nuevas circunstancias, por ejemplo, que las potencias participen directamente, no sería posible esta vez?

Interlocutor 2: —Nunca hay que decir que no, pero veo que el chavismo irá al diálogo para decir “yo sigo y llegamos a elecciones según mis términos”; y la oposición dirá: “La primera condición es el cese de la usurpación”. Allí se tranca el serrucho. Gana tiempo Maduro y su gente.

Ni nos detengamos a evaluar con cuál de los dos estamos de acuerdo. Es un ejemplo donde les pido que miren el intercambio en sí. Es impersonal, se centra en un solo problema: ¿se soluciona la crisis venezolana con un diálogo? Uno propone una idea, el otro la critica, uno argumenta su pregunta, el otro argumenta su refutación.

Ahora veamos este, sobre la misma cuestión.

Interlocutor 1: —Creo que la crisis venezolana se soluciona con un diálogo.

Interlocutor 2: —Eso lo creen los colaboracionistas, las viudas de la MUD, a esos les paga el régimen.

Interlocutor 1: —Bueno, algunos no somos colaboracionistas pero tampoco saboteadores del gobierno de transición como, hay que decirlo, tú, haciéndole el trabajo a Maduro ¡gracias te manda!

Interlocutor 2: —Por lo menos no le estoy besando los pies a “Caprilito”, ni a Rosales, como tú…

Listo. La discusión anterior (por cierto casi textual de Twitter) llegará, casi con seguridad, a una lista muy larga de ofensas (i.e. iluso, vendido, traidor, cobarde, ignorante, etc). Además de larga, la polémica será emocional, implicará rabia, animosidad, ofensas leves o fuertes y un largo etcétera que no agregará ni un ápice de solución a la cuestión planteada.

Del latín…

Lo anterior es llamado “argumento ad hominem”, examinemos una definición:

«Argumentum ad hominem (del latín, «argumento a la persona») es una falacia lógica informal que se produce cuando alguien intenta refutar un argumento atacando a quien lo expone, en lugar de argumentar o refutar objetivamente lo que se clama». El texto explica que en todos los casos del ad hominem se ataca la fuente del enunciado en lugar de atacar el enunciado mismo“o intentar contrarrestar los argumentos. Por eso también lo llaman “falacia ad hominem”.

En el primer ejemplo anterior: el interlocutor 2 intenta desmontar los argumentos de 1 refiriéndose a la idea expuesta (diálogo), lo hace elaborando sobre esta (tradición, posiciones inflexibles) pero no menciona a quien lo formula y mucho menos lo descalifica.

El segundo caso es un típico intercambio en Twitter. El interlocutor 2 toma la ruta de la descalificación. Si piensa que el diálogo es colaboracionismo no lo expresa así, sino que califica de “colaboracionista” a quien lo expone, además de otros epítetos nada amables. El desenlace es más enfrentamiento y, por supuesto, odio que pudo evitarse.

Vale decir que muchas veces es pertinente mencionar al interlocutor en un intercambio, pero cuando es realmente relevante. Ocurre mucho, por ejemplo, con personajes del chavismo como Rafael Ramírez, ex presidente de Pdvsa, al criticar el manejo actual de la petrolera venezolana, cuando él mismo es responsable de la debacle de la otrora gran empresa: expropiaciones, inmensos litigios que pusieron en riesgo a Citgo, extorsión (tiene una demanda por ese delito en Estados Unidos), sustitución de personal calificado por miembros del partido PSUV, crecimiento populista de la nómina y muchos ejemplos más.

En esos casos, hay argumentos para decirle a gente como Ramírez que no tienen base moral para criticar algo después de haberlo dañado tanto o más que los actuales responsables.

Un ejemplo

El 2 de junio fue transmitida la versión completa de la entrevista que le hiciera el periodista Jorge Ramos a Nicolás Maduro, realizada a finales de febrero. En ese encuentro el de Univisión Noticias hace preguntas que el jefe del régimen chavista considera incómodas, pero en vez de argumentar sus respuestas, transita el camino del ad hominem la mayor parte de los 17 minutos que duró. Extraigamos algunos ejemplos de cómo Maduro, al no poder formular argumentos, ataca al entrevistador:

Jorge Ramos: —Fueron muchas las irregularidades de las elecciones [presidenciales de 2013].

Nicolás Maduro: —Lo que pasa es que tú traes una posición tomada. Tú eres un opositor de derecha.

(…)

Jorge Ramos: —La oposición no reconoció las elecciones de 2018…

Nicolás Maduro: —Vuelves a caer en el error de no ser periodista sino militante de la oposición.

(…)

Jorge Ramos: —En su país hay 989 presos políticos según Foro Penal.

Nicolás Maduro: —Foro Penal es una organización mantenida con fondos de la USAID.» (Sí, el ad hominem también se suele extender a organizaciones).

(…)

Jorge Ramos: —En estas listas… hay más de 400 presos políticos.

Nicolás Maduro: —Tus listas… tú te llevas tu basurita, agarra tu basurita Jorge Ramos.

(…)

Jorge Ramos: —¿Porqué han emigrado más de 3 millones y medio de venezolanos?

Nicolás Maduro: —No lo vas a entender, tampoco te lo voy a explicar

Y esos son solo cinco muestras, la entrevista es una buena exposición de cómo alguien sin argumentos o con argumentos muy devaluados apela al ad hominem con frases como: “Tu entrevista ha tomado el camino de la suciedad”.

Los chavistas (y en especial su promotor, Hugo Chávez) han sido cultores del ad hominem: ganar el debate ofendiendo, atacando o burlándose del interlocutor.

Cuestión de actitud

Como regla de debate, no utilizo el ad hominem a menos que sea absolutamente indispensable. A veces el punto no es si emplearlo o no, sino el condimento que le ponemos. Cuando hay ofensas, burlas, humillaciones e imprecaciones no se está meramente mencionando al interlocutor, se le está agrediendo. Cuando el debate se transforma en un intercambio personal de insultos se pasa a un terreno del cual es difícil regresar. Lo que viene es una escalada que termina con dos o más personas iracundas, alteradas, irreconciliables.

¿Cómo evitarlo? Lo primero es no practicarlo. Concentrarnos en las ideas, en los argumentos, en los temas, con pasión y contundencias, pero no en el carácter o los defectos del interlocutor. Hay, como vimos, excepciones; pero deben ser expresadas con respeto, sin acusaciones o burlas.

Eso nos da una posición ética cimera, predominante. Si alguien menciona o ataca aspectos personales sobre mí les advierto: “Yo discuto sobre ideas o argumentos, no sobre aspectos personales”. Sin engancharme, sin lanzar indirectas, me atengo a los argumentos o hago mutis.

Pero el “argumento ad hominem” seguirá siendo protagónico en el debate venezolano, sobre todo en redes sociales. No puede ser de otra forma en un país herido, obstinado, cruzado por hondos sentimientos de rabia, frustración pero, sobre todo, exacerbado por miles de radicales de ambos lados del espectro político, algunos reales otros robóticos, que ya olvidaron los temas y tienen como misión atacar a las personas como Juan Guaidó o María Corina Machado (por distintas razones obviamente) y, en paralelo, a quienes “se atreven” a presentar argumentos a su favor.

Con que haya un pequeño grupo, espero que creciente, fiel al debate de ideas y no al de personas, será buen comienzo para que la lucha contra el “ad hominem” vaya cediendo paso a un intercambio más productivo y beneficioso para la oposición que lo necesita tanto.


Imagen inicial: VK

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Guaidó en las redes y la guerra comunicacional del chavismo (Univision)

Guaidó en las redes y la guerra comunicacional del chavismo (Univision)

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En menos de tres meses el «fenómeno Guaidó» cambió el momento político venezolano. Pero el régimen de Nicolás Maduro ha sacado todas las armas para aferrarse al poder, entre ellas una feroz campaña de censura y desinformación en redes. De la columna de nuestro director, Fernando Nunez-Noda.

(Marzo 29, 2019 – De Fernando Nunez-Noda, publicado en 03-21-2019 en Univision Noticias). A principios de 2019 casi nadie conocía a Juan Guaidó. Si observamos la curva de Google Trends sobre intensidad de búsqueda del nombre “Juan Guaidó” entre diciembre 1 de 2019 y el 12 de marzo de 2019, lo primero que notamos es que del 1 de enero hacia atrás el porcentaje es cero.

En el gráfico se observa que justo a principios de enero el porcentaje de búsquedas de “Juan Guaidó” toma vida. Llega a su cénit entre 23 y 24 de enero, luego de juramentarse. Ese pico es cuatro veces más alto que el segundo más conversado: el apoyo del Parlamento Europeo (y con éste el de 55 países europeos). Después tiene un ritmo que ronda el 25% con dos lomas hasta el 12 de marzo.

 

Ya eso es un dato que muestra lo volátil e impredecible de Venezuela como tópico noticioso. Del virtual anonimato internacional, este joven líder de 35 años pasa a ser referencia mundial en poco menos de un mes. Por ejemplo, a principios de enero Guaidó tenía unas pocas decenas de miles de seguidores de Twitter, a la fecha llega a más de 1,7 millones.

 

Internet: geopolítica en la palma de la mano

En Venezuela los medios independientes han sido cerrados, o comprados por afines al régimen. La llamada “gran prensa” se ha encogido y si hablamos de la opositora o los no afines al régimen, el resultado puede contarse con los dedos.

Columbia Journalism Review da su visión internacional: «Gran parte de la prensa independiente de Venezuela simplemente ha desaparecido. Según el Colegio Nacional de Periodistas, el régimen cerró 40 estaciones de radio en 2017, mientras que una recesión paralizante ha obligado a otros a salir de circulación. El verano pasado Reuters informó que, desde 2013, tres cuartas partes de los periódicos del país se habían cerrado».

Las televisoras y cadenas radiales han sido cerradas, compradas o amansadas con amenazas permanentes.

 Menos mal que los medios en línea han sobrevivido y algunos prosperado: los fundacionales como El Nacional, Runrunes o La Patilla o una legión de nuevos medios digitales ágiles, nacidos en línea, como EfectoCocuyoArmando.infoVPItv et al, que han llenado el vacío y aprendido a lidiar con una dictadura ya sin cortapisas.

 

La “lucha” informacional también ha caído sobre los ciudadanos, que en el caso opositor son más independientes y con más recursos humanos preparados aunque dispersos, cada quien un “ejército-de-uno”.

Hay más iniciativas en la oposición (grupos, hashtags, campañas descentralizadas, grupos de mensajería) y llenas de vida propia. A eso se suman millones de venezolanos en el mundo, opositores en mayoría abrumadora.

 

La “guerrilla comunicacional” chavista está dirigida por laboratorios. Reporta Digital Forensic Research Lab, a principios de febrero:

“A lo largo de los años, el gobierno venezolano de Nicolás Maduro se ha beneficiado de una actividad coordinada y ha presionado activamente a sus partidarios para que participen en las redes sociales. (…) Según Hootsuite, 44% de la población es usuaria activa de redes sociales, lo que hace que las actividades inauténticas y las operaciones de influencia sean particularmente grandes”.

La última modalidad: el activista ultra radical, usualmente la caricatura de un derechista, que solo ve soluciones finales violentas y sospechosamente apunta sus misiles casi exclusivamente a dirigentes opositores “traidores”.

 Otra actividad: la falsa amplificación, es decir, la “viralidad” artificial producida por muchas cuentas robots y de operadores que rebotan artículos, memes, fotos, videos y otros paquetes de propaganda y desinformación.

 

Pero lo que no se cubre por redes sociales públicas se completa con Whatsapp, usado por 70% de los usuarios de internet en Venezuela. Es esta red cerrada de mensajería la principal fuente de bulos, rumores y todo tipo de información no confirmada y a la postre falsa. En este territorio, la oposición tiene por mucho la actividad más intensa. 

Maquinaria versus ciudadanos, pues. Y en el medio todo tipo de espacio digital informativo, desde aficionados hasta grandes organizaciones periodísticas.

 


Imagen inicial: FNN

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Estadísticas liberadoras

Estadísticas liberadoras

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De cómo los números bien usados pueden ser la diferencia entre lo cierto y lo falso; lo preciso y lo indefinido; lo convincente y lo dudoso. Artículo de nuestro director en el diario El Nacional de Venezuela.

(Marzo 22, 2019 – Fernando Nunez-Noda). Publicado originalmente en El Nacional:

1. Las estadísticas son más fascinantes, útiles y divertidas de lo que uno imagina. Es una logia de profesores de bachillerato (y Disraeli) los que le han creado su leyenda negra. Si uno usara más estadísticas y menos arranques emotivos, la desinformación se reduciría.

Vale decir que no todas las estadísticas son creadas iguales. Hay estadísticas profesionales, no manipuladas, que ofrecen una aproximación muy precisa a alguna realidad. En Venezuela alguna vez se hicieron estadísticas decentes, en la OCEI prechavista. Ese fue mi primer trabajo profesional, en el último censo de calidad, que se hizo en 1990. Sin sumergirme demasiado en matemáticas, puedo asegurar que los números proveen un poderoso sustento fáctico para las noticias, reportajes o argumentaciones que tengo a diario.

Pero, claro, están las «estadísticas» mal hechas, que deforman la realidad; y otras que sencillamente se fabrican o distorsionan para mentir. El régimen venezolano es experto es destruir la credibilidad de las estadísticas simplemente falseándolas.

2. Pero hay manipulaciones más sutiles, como la que llamo «la falacia de la desproporcionalidad». Por ejemplo, si en los 40 años de democracia venezolana hubo inflación –que la hubo– y en el régimen chavista también, ¿cuál es la diferencia? ¿De qué se queja la «derecha»?

Si en Venezuela hay inseguridad, alegan que en Estados Unidos también y hasta en España. Pero si vamos a los números la diferencia de proporción en contra del chavismo es sencillamente inabarcable. En 2016 la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes en Estados Unidos fue de 5,35; la de España 0,63 y la de Venezuela de 56,53, según cifras del Banco Mundial. ¿Son equiparables esos índices? No.

3. Hay otra deformación muy común. La llamo «Estadísticas de Muestra= 1».

Por ejemplo:

Alguien: —Tengo pensado ir a la tienda XYZ, ¿la conoces?

El otro: —Esa tienda es malísima porque la primera y única vez que fui una cajera me atendió mal. Más nunca volví. ¡Ni se te ocurra acercarte!

Alguien: —¿Y la tienda OPQ?

El otro: —¡Menos! Una amiga mía fue y no le gustó.

Si se dice con suficiente autenticidad, la gente lo cree. Signo de confianza, a veces, pero también de comodidad o autosuficiencia.

Mucha gente (sobre todo en redes) es capaz de afirmar que A es B basada única y exclusivamente en un caso que le ocurrió a una persona (a veces desconocida). Ignoran voluntariamente el concepto de «muestra estadística» porque es plural, es decir, trabajoso, conjunto mayor de 1, de cientos o miles, con una metodología representativa y bien «preguntada».

Pero son las estadísticas de muestra 1 las que me fascinan.

—“Ayer me dolió la pierna y llovió. Hoy me está doliendo otra vez, así que si sales no olvides el paraguas.”

—“Quien emigra hacia el país Tal le va bien. A mí me ha ido bien…”

—“Quien emigra hacia el país Tal le va mal. A mí me ha ido mal…”

Un individuo como centro del conocimiento, una encuesta de 1 de modo que lo que dice ese individuo es tomado 100% como correcto, por él mismo y por quien le cree (que los hay). Lo peor es que es contagioso y otro lo cree, lo difunde y más gente se une a esa cruzada de opinión (o manipulación) disfrazada burdamente de «dato estadístico» o criterio de autoridad con ilusión estadística.

4. Una cosa es la opinión y otra es la ciencia.La opinión es barata. Es decir, hay tanta en las redes que ya no sobresalen las excelsas e informadas. ¿Cómo darles fuerza a las nuestras? Pongo un ejemplo.

El otro día discutí con una socialista española. Fue una discusión cordial, aunque sarcástica. Cuando digo que en Venezuela, país sin democracia, gobierna un régimen autoritario, los dolientes de ese régimen autoritario o los socialistas de alma me dicen que esa es mi opinión, que ellos también tienen la suya y bien distinta.

En vez de listar violaciones de derechos humanos o el caso de la ANC, apelo a una autoridad superior basada en investigaciones de campo. Cito el «Índice de Democracia» de The Economist, una de las publicaciones más prestigiosas del mundo y uno de los estudios más completos sobre funcionamiento democrático. En la imagen se ve claramente que Venezuela está en los últimos lugares (117 de 167 con 3,87 puntos). Como referencia, China tiene un score cercano: 3,32 y Rusia mucho menor: 2,94. Se califica a Venezuela de «régimen autoritario” y está ya en el umbral de las dictaduras.

¿Qué tal? Por supuesto que no lo aceptó. Le bastó con decir que The Economist era una publicación británica que apoya el status quo y la superestructura bla bla bla, pero yo sentí en esa huida una capitulación porque el poder de los números solo se combate con otros números, mejores o más acertados, pero no los había o son de una fabricación que se desmonta rápidamente.

En el fondo saben que es cierto, pero no lo aceptarán. Si eso ocurre, aquel que observa la polémica con ojos desapasionados y no involucrados detectará muy bien quién aportó datos válidos para su argumento. En este mundo actual lleno de debates en redes hay un segmento educado y buscador de lo cierto. Qué hacen con esas certezas ya es otra cosa, pero siempre respetarán a quien soporta sus discusiones con información de calidad.

Son muy capaces de separar el trigo de la paja. Y nosotros deberíamos ser productores de trigo informacional, no de lo otro.


Artículo de nuestro director en el diario El Nacional de Venezuela. Imagen de FNN

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(Febrero 7, 2019). En la sede de Edu Digital Media, en Doral, Florida, EE.UU., el comunicador y pionero de internet Adrián Peláez entrevistó a nuestro Director y Editor, Fernando Nunez-Noda, sobre el rol y los retos del periodismo en el mundo efervecente, cambiante y confrontacional de las redes sociales, sobre todo Twitter.


Imagen inicial: Foto de María Carolina González.

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