¿Podrá Donald Trump construir el muro que prometió?

¿Podrá Donald Trump construir el muro que prometió?

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Es muy poco probable que, ahora que los demócratas tienen mayoría en la Cámara de Representantes, muevan el proyecto de seguir con el muro fronterizo. En EE.UU. hay nueve distritos fronterizos con México: cinco en Texas, dos en Arizona, uno en Nuevo Mexico y uno en California. Ocho fueron ganados por candidatos demócratas en las últimas elecciones. 

No obstante, dado que es un símbolo político importante para la Administración Trump, los republicanos harán todos los esfuerzos posibles. No sabemos, pues, si prosperará algún tipo de acuerdo o si se logre el adelanto de al menos un trecho del mencionado muro. Lo damos como indeterminado porque sabemos que habrá voluntad de mover el tema en el Congreso, aunque no garantía de que prospere.

Javier Brassesco

(Octubre 31, 2018). Luego de que los demócratas obtuvieran la mayoría en la Cámara de Representantes por primera vez en ocho años, algunos medios señalaron que esa victoria significaba en la práctica el fin del muro fronterizo que Trump prometió construir en la frontera sur de Estados Unidos.

Para que una ley sea aprobada en Estados Unidos es necesario que cuente con el beneplácito de ambas cámaras: la de representantes y el Senado. Así las cosas, es de imaginar que una iniciativa como la construcción de este muro, a la que los demócratas se han opuesto en todo momento, parece rotundamente condenada al fracaso. Solo que las cosas no son tan simples.

¿Un nuevo muro o completar el existente?

Antes de examinar las probabilidades que tiene de Trump de avanzar en su idea de un muro fronterizo, es bueno aclarar que de hecho ya existe una gran porción de la frontera sur de Estados Unidos cubierta por un muro, y el mismo fue construido por Bill Clinton en los 90. Es decir, un gobierno demócrata. Y se levantó sin mucho escándalo, en medio de un programa de lucha contra la inmigración ilegal: la operación “Guardian”.

Estados Unidos y México comparten casi 3.200 kilómetros de frontera, y algo más de mil están cubiertos por algún tipo de valla, cerca, muro o reja metálica. Comienza en la playa de Tijuana y se extiende hacia el este atravesando ciudades como Tecate o Mexicali. En California, Arizona y Nuevo Mexico también hay porciones de la frontera cubiertas por alguna barrera.

Otro tercio de la frontera es vigilado por cámaras, sensores infrarrojos y más de 20 mil agentes fronterizos, y el resto presenta una barrera natural conformada por los agrestes desiertos de Sonora y Chihuahua y el Río Bravo (llamado río Grande en Estados Unidos).

¿Qué se ha hecho del muro de Trump?

Otra pregunta pertinente es cuánto logró avanzar Trump en casi dos años de mandato y con ambas cámaras a favor. Y la respuesta es: muy poco.

La verdad es que la idea de Trump no ha logrado nunca un entusiasmo unánime dentro de su partido, y lo máximo que logró fue la aprobación, en marzo de este año, de 1.600 millones de dólares para levantar este muro. Eso representa poco más del 5% del costo final de esta obra.

Es importante resaltar aquí que ese dinero fue aprobado también por los demócratas, quienes dieron el visto bueno al presupuesto para el año fiscal 2018 en donde estaba contemplada la referida cantidad para el muro de Trump.

Parte de este dinero debe destinarse a restaurar la verja que existe entre San Diego y Tijuana, y eso es en lo que se ha empleado hasta ahora. El resto se ha gastado en distintos prototipos que no terminan de adoptarse.

Previendo una victoria demócrata en la cámara baja, el líder de la mayoría republicana en esa cámara, Kevin McCarthy, introdujo, a solo tres semanas de las elecciones, un proyecto de ley que le garantizaría al presidente Trump más de 23 mil dólares para construir el prometido muro.

Sin embargo, el mismo no prosperó, lo que habla del poco entusiasmo que esta idea genera incluso en sus propias filas.

Y ahora con una cámara en contra…

Una de las primeras afirmaciones de Trump luego de las elecciones de medio término fue que los demócratas (con quien afirmó que habla todo el tiempo) “están de acuerdo en que el muro es necesario”, y que debería construirse de una vez y no en trozos.

Sin embargo, y esto no es tan extraño en las declaraciones de Trump, a renglón seguido aseguró que “Tal vez no podamos hacer un trato sobre el muro, es posible”.

En la Cámara de Representantes los demócratas, siendo minoría, se han opuesto en todo momento a la construcción de este muro, y solo accedieron a aprobar los referidos 1.600 millones de dólares para este fin.

Es muy poco probable que, ahora que son mayoría, cambien de idea. No importa lo que les prometan a cambio: ceder en esta materia sería catastrófico de cara a sus votantes pensando en las elecciones de 2020. El muro es sobre todo un símbolo.

Y ojo a este dato: en Estados Unidos hay nueve distritos fronterizos con México: cinco en Texas, dos en Arizona, uno en Nuevo Mexico y uno en California. Ocho fueron ganados por candidatos demócratas en las últimas elecciones.

Tal vez luego

Pero en 2020 habrá elecciones. No solo serán elecciones presidenciales (donde Trump buscará un segundo mandato), sino que la cámara de representantes se renovará en su totalidad, como pasa cada dos años.

Casi con seguridad se puede afirmar que no habrá avances significativos en la construcción de este muro fronterizo (en la finalización o continuación de este muro, deberíamos decir) en los próximos dos años.

Pero es difícil hacer un pronóstico en cuanto a lo que ocurrirá después de 2020. Es posible que esta iniciativa agarre por entonces un nuevo auge, cuando las circunstancias sean más propicias (un Trump reelecto, una cámara de representantes republicana, incidentes fronterizos que hagan que esta idea tome fuerza y gane nuevos adeptos). Pero también es posible que una de las principales promesas de campaña de Trump no deje nunca de ser más que eso: otra promesa de campaña.

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¿En la Cámara baja los republicanos perdieron menos escaños de lo que anticipaba el patrón histórico?

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Aún con resultados por determinarse, el panorama no parece claramente ventajoso para republicanos o demócratas. Las ganancias de los primeros en el Senado se compensan con las de los segundos en la Cámara de Representantes. 

(Noviembre 9, 2018). El presidente Donald Trump consideró los resultados de las elecciones de medio término como una victoria para su partido.

Así lo expresó en Twitter apenas se conoció que los conservadores perdían la Cámara de Representantes pero confirmaban su control del Senado, y así lo confirmó en sus primeras declaraciones al día siguiente de la elección.

Pero también hizo la siguiente afirmación:

Ayer fue un gran día, un día increíble. Anoche los republicanos desafiaron a la historia al extender nuestra mayoría en el Senado y mejorar nuestras expectativas en la Cámara de Representantes.

Luego el miércoles por la tarde agregó: “En la Cámara baja los republicanos superamos los precedentes históricos”.

Según cómo se mire

Considerar una victoria republicana las elecciones del martes es algo discutible pero no del todo descabellado; depende la perspectiva que utilicemos.

Los conservadores perdieron al menos treinta escaños en la Cámara de Representantes (y por tanto la mayoría en ese cuerpo, como anticipaban las encuestas) pero ahora tienen una mayoría más robusta en el Senado, en donde las proyecciones indican que contarán con 54 senadores de 100 (tres más de los que tenían).

En el caso de las gobernaciones los republicanos perdieron siete pero continúan siendo mayoría, controlando 27 por 23 de los demócratas.

Más allá de lo opinable

Pero decir que se superaron los precedentes históricos en la Cámara Baja es otra historia. Ahí sí estamos hablando de algo que se puede medir, que va más allá de una opinión.

En el siguiente gráfico del portal Politifact se muestran las pérdidas y ganancias de escaños de cada partido en las elecciones de medio término desde 1862:

La pérdida de escaños republicanos va por 30 pero será mayor, pues aún hay doce elecciones que no se definen, y los demócratas iban arriba en seis de ellas. Digamos que la pérdida de escaños que sufrieron los republicanos en estas elecciones es de 36.

La tendencia histórica indica que el partido del presidente en ejercicio suele perder sillas en la cámara baja. Si se exceptúan las pocas ocasiones en que el presidente en ejercicio ganó escaños, el promedio de escaños perdidos por el partido en el poder es de 38.

Pero si hablamos solo de la historia reciente, vemos que desde 1970 el promedio de escaños perdidos en elecciones de medio término es de 23.

Es decir, en términos absolutos, tomando el registro desde el año 1862, la derrota republicana en la Cámara de Representantes está bastante cercana al promedio. Pero es mucho más significativa si se le compara con las cifras de las elecciones en los últimos 50 años.

Es inexacto afirmar, como lo hizo Trump, que los republicanos en estas elecciones, en lo que respecta a la Cámara de Representantes, “superaron los precedentes históricos”.

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Algunos sucesos inesperados y curiosos  en una noche predecible #EleccionesEEUU

Algunos sucesos inesperados y curiosos en una noche predecible #EleccionesEEUU

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Tal como lo anticipamos, los demócratas recuperan la Cámara de Representantes y los Republicanos conservan el Senado. En las gobernaciones ha habido muchos resultados cerrados (por ejemplo, Florida decidida por un punto porcentual) y aún hay algunas no decididas.

El caso es que,  a pesar de que Trump clamó victoria por los resultados, no hay duda de que se le complica la agenda legislativa. Una mayoría de los votantes manifestó que -directa o indirectamente- tuvo al Presidente en mente para votar a favor o en contra.

Día estelar para las mujeres, minorías hispanas y de la comunidad LGBT. Conozca también otros datos curiosos sobre las elecciones de medio término.

(Noviembre 7, 2018). Las elecciones de medio término se saldaron con los resultados esperados: los demócratas recuperan el control de la Cámara de Representantes pero se quedan lejos de obtener la mayoría en el Senado.

No tuvo lugar la esperada ola azul de la que hablaban algunos demócratas pero tampoco los republicanos lograron evitar que la baja de popularidad de Trump les afectara y tendrán que conformarse con ser minoría en la Cámara baja.

Los demócratas llevaban 8 años sin ser mayoría en la Cámara de Representantes, y su victoria representa la primera derrota de Trump. El presidente, sin embargo, escribió un tuit pasada la medianoche en donde decía que la noche había sido un “tremendo éxito”.

En el Senado una victoria demócrata lucía improbable porque 42 de los 51 senadores republicanos no defendían su escaño, y les bastaba ganar 9 de los 34 puestos que se elegían para mantener la mayoría.

Se esperan ahora muchos bloqueos legislativos a la agenda de Trump, tal y como ya les ocurrió a los dos últimos presidentes demócratas en su segundo período: Bill Clinton y Barack Obama (este último perdió la Cámara de Representantes a mitad de su primer período, en 2010, y luego el Senado en la mitad de su segundo período, en 2014).

El congresista demócrata por Maryland Elijah Cummings ya lo declaró a CNN, en lo que es una guerra anunciada: “El presidente Trump va a aprender que nadie está por encima de la ley”.

Aquí algunas claves y hechos curiosos de la contienda:

La división entre ciudades y zonas rurales volvió a ser muy marcada, como puede verse en cualquier mapa con colores azul y rojo. Básicamente las ciudades votan por los demócratas y las zonas rurales por los republicanos.

Según encuestas realizadas por CNN a la salida de las urnas, 65% de quienes votaron lo hicieron teniendo en mente al presidente Trump, bien para expresar su rechazo o para apoyarlo.

• El demócrata Jared Polis (Colorado) se convirtió en el primer hombre abiertamente gay en ser electo gobernador.

• También llegó al Congreso la primera mujer indígena lesbiana: Sharice Davids (D).

•  La demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, ganadora por el distrito 14 de Nueva York, se convirtió en la mujer más joven (29 años) en ser elegida para ocupar un asiento en la Cámara de Representantes.

Nancy Pelosi, la primera mujer que fue presidenta de la Cámara de Representantes (2007-2011), podría volver a ocupar ese puesto. De momento ya tendió una mano a sus rivales: “Debemos intentar alcanzar acuerdos bipartidistas. Mantendremos nuestros principios, pero debemos intentarlo”.

•  Dianne Feinstein, la persona con más edad en el Senado con 85 años, fue reelegida.

La pérdida del escaño de gobernador en Dakota del Norte fue un golpe mortal para los demócratas, quienes ya antes de las 11 de la noche (hora del Este) sabían que no iban a ganar la mayoría en el Senado. Pero también a esa hora las proyecciones (incluso de Fox) anunciaban que lograrían los ansiados 218 escaños para obtener la mayoría en la Cámara de Representantes.

•  Los demócratas perdieron además su escaño de senador en Missouri, lugar del último mitin de Trump, desde donde lanzó un duro discurso contra los inmigrantes ante un electorado predominantemente blanco y rural.

•  La victoria del partido azul en la Cámara de Representantes se apoyó sobre todo en distritos que le arrebataron a sus rivales en estados como Pensilvania, Florida, Nueva Jersey, Virginia e Illinois. En todos estos estados le arrebataron al menos dos escaños a los republicanos (cuatro en Pensilvania).

•  Sorpresivamente, el demócrata Beto O’Rourke se le acercó mucho al senador en funciones Ted Cruz en un estado netamente republicano como Texas, pero finalmente fue derrotado por una diferencia cercana a los dos puntos. Los cambios demográficos que potenciaban el voto latino y el carismo de O’Rourke no fueron suficientes para lograr lo que hubiera sido un auténtico milagro.

•  La ciudad de Nueva York ya es territorio demócrata en su totalidad. El veterano de la guerra de Afganistán Max Rose se impuso al republicano Dan Donovan en el distrito 11 (Staten Island), el único territorio que conservaban los republicanos en la Gran Manzana y el único que votó por Trump en 2016.

•  La demócrata Laura Kelly ganó la gobernación en un estado muy conservador como Kansas, donde Trump se impuso por veinte puntos en las presidenciales.

• Tanto en la elección para gobernador como en el Senado, Florida presenció una de las luchas más reñidas de la contienda. Los republicanos ganaron en ambos casos. El demócrata Andrew Gillum se quedó a un punto porcentual de convertirse en el primer gobernador negro de ese Estado. El ganador, Ron DeSantis, es un ferviente seguidor de Trump.

La clave para la victoria de Trump en 2016 fue el llamado Rust Belt: los estados Michigan, Wisconsin, Pensilvania y Ohio. Esta vez, en la carrera por el Senado, le dieron la espalda a Trump. Ahí puede estar la clave para los demócratas de cara a las presidenciales de 2020.


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¿La Casa Blanca se prepara para un triunfo de los demócratas en la Cámara de Representantes?

¿La Casa Blanca se prepara para un triunfo de los demócratas en la Cámara de Representantes?

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Con las encuestas apuntando a una retoma demócrata de la Cámara Baja, la Administración se prepara para un Congreso que frene muchas iniciativas y reactive investigaciones contra el Presidente y su equipo. El frenesí de Trump por visitar la mayor cantidad posible de estados en campaña, así como declaraciones que lo exoneran de responsabilidad por esa eventual derrota, así parecen comprobarlo.

Javier Brassesco

(Noviembre 5, 2018). Aunque se esperan unas elecciones de medio término reñidas este martes, las encuestas indican que los demócratas podrían recuperar el control de la Cámara de Representantes, si bien el Congreso continuaría en manos de los republicanos.

Los últimos anuncios de Trump, endureciendo hasta el extremo su postura anti inmigración, parecen una confesión de parte, un intento desesperado de evitar el escenario que parece más probable.

El periodista Jonathan Swan, de Axios, afirmó en un artículo el mes pasado que la Casa Blanca se preparaba para la “tormenta legal” que le caerá encima si los demócratas recuperan el control de la Cámara de Representantes.

Según sus fuentes, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, formó un pequeño equipo de trabajo para anticipar las iniciativas que tomarán los demócratas en caso de controlar la cámara baja.

¿Qué pasaría con la administración Trump?

Este periodista recuerda que ya Clinton y Obama debieron enfrentar el trance de perder el control de la Cámara de Representantes en mitad de su mandato, lo que causó la parálisis de toda su administración.

Neil Eggleston, consejero de Barack Obama y quien también trabajó junto a Bill Clinton, relata que esta parálisis es ocasionada por una cantidad de citaciones que llegan a todos los funcionarios del gobierno, haciendo que el sistema se detenga, pues el proceso de elaboración de políticas no recibe la debida atención.

El caso más emblemático fue el de Clinton, que pasó casi todo su segundo mandato apagando distintos fuegos y enfrentando investigaciones, desde sus inversiones en Whitewater hasta su relación sentimental con Monica Lewinsky.

Los dos años que le restan de su primer mandato pueden convertirse en una pesadilla para la administración Trump, pues el presidente y sus más cercanos colaboradores deberán responder por varios casos que están lejos de estar resueltos: manejos turbios en la financiación de la campaña (señalados hasta por su ex abogado Michael Cohen), el caso Stormy Daniels o la presunta colusión de su equipo de campaña con Rusia para interferir en las elecciones.

Lo que se elige este martes

En las elecciones de medio término que se celebrarán mañana se elegirán 34 senadores (un tercio de ese cuerpo), 435 miembros de la Cámara de Representantes (la totalidad de los asientos) y los gobernadores de 36 estados (de 50). Para obtener la mayoría en la Cámara de Representantes se necesitan 218 escaños, y la mayoría en el Senado se consigue con 51 senadores.

La composición actual es favorable a los republicanos en ambas cámaras: 241 escaños contra 194 en la baja (en la práctica la relación es 235 contra 193, pues existen 7 vacantes) y 51 senadores contra 47 demócratas (y dos independientes que suelen votar junto a los demócratas) en la alta.

El portal realclearpolitics, que hace un promedio de todas las encuestas, afirmaba el domingo, a menos de 48 horas de la elección, que según las proyecciones los demócratas tendrían asegurados 202 escaños en la Cámara de Representantes contra 196 de los republicanos, con 37 escaños en donde es difícil hacer una predicción. En el Senado la proyección es que los republicanos conserven la mayoría.

El portal fivethirtyeight  afirma que la posibilidad de que los republicanos mantengan el control de la Cámara de Representantes es de apenas 15,2%, pero que en el caso del Senado tienen muy altas probabilidades (84,6%) de seguir siendo mayoría.

El problema es que, por baja que sea la popularidad de Trump, de los 34 senadores que se escogerán (33 en elecciones regulares y uno en elección especial), los demócratas defienden 24, además de los dos independientes que suelen votar por ellos.

Es decir, existen 43 senadores republicanos que ya tienen su puesto asegurado, pues no necesitan ir a elección. El partido solo debe ganar 8 sillas en el Senado para asegurar la mayoría.

Los demócratas defienden además diez escaños en estados en los que ganó Trump en las elecciones presidenciales de 2016, mientras que los republicanos solo  un escaño en un estado ganado por Hillary Clinton.

 

La importancia de las gobernaciones

En cuanto a las gobernaciones, hoy los republicanos cuentan con 33, los demócratas con 16 y existe uno independiente (Alaska). Según las proyecciones de las encuestas, los conservadores tendrían 21 gobernaciones aseguradas (entre las que no están en juego y las que ganarán en las elecciones de medio término) contra 18 de sus adversarios. Las campañas están muy reñidas en 11 estados.

El resultado de las elecciones estatales tendrá una importancia crucial porque de eso dependerá la distribución de los circuitos electorales (el “gerrymandering”), que se debe realizar en 2021 y cuyos resultados se aplicarán hasta el año 2030.

El mapa de estas circunscripciones debe rehacerse cada diez años, y las autoridades estatales tienen mucha influencia en su confección y suelen intervenir para beneficiar a uno u otro partido, dando mayor peso a poblaciones o localidades que tradicionalmente se inclinan más por un partido u otro.

Según realclearpolitics, tras las elecciones de medio término los republicanos tendrían al menos 21 gobernaciones por 18 de los demócratas.  En 11 estados las elecciones serán muy reñidas y no se puede hacer una predicción con certeza.

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¿Trump puede eliminar la ciudadanía estadounidense por nacimiento?

¿Trump puede eliminar la ciudadanía estadounidense por nacimiento?

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El derecho a la nacionalidad por nacimiento, aunque sea de padres indocumentados, no puede revocarse con una orden ejecutiva presidencial. El proceso, si se llevara a cabo, implicaría largos procedimientos que involucran a los tres poderes públicos. Hay que ver, después del 2 de noviembre, si esta acción fue un desliz presidencial, una acto con fines electorales o una decisión que el Ejecutivo pretende poner a prueba. Por eso le damos una K amarilla (indeterminado) con tendencia a ser falsa.

Javier Brassesco

(Octubre 31, 2018). En una entrevista con la web de noticias Axios, Donald Trump anunció este martes que planea firmar una orden ejecutiva para poner fin al derecho automático a adquirir la nacionalidad estadounidense a los hijos de padres extranjeros que nazcan en territorio de Estados Unidos

“Somos el único país del mundo donde una persona llega y tiene un bebé y ese bebé ya es ciudadano estadounidense con todos los beneficios (…) Es ridículo y tiene que terminar”, dijo el presidente.

Muchos lo ven como una desesperada huida hacia adelante, un endurecimiento de su postura anti inmigración a una semana de unas elecciones legislativas en donde los demócratas parecen cerca de recuperar la mayoría en la cámara de representantes, pero lo cierto es que su anuncio generará todo un debate constitucional. ¿Puede Trump acabar con ese derecho?

La ciudadanía por nacimiento está garantizada en la décimo cuarta enmienda de la constitución de Estados Unidos, que fue ratificada en 1868, es decir, se trata de un derecho que existe desde hace 150 años. Ya la propia sección 1 de esa enmienda comienza diciendo que “Toda persona nacida o naturalizada en Estados Unidos, y sujeta a su jurisdicción, es ciudadana de Estados Unidos…”.

Sin embargo, las raíces de la ciudadanía por nacimiento son mucho más profundas y van más allá de 1868, remontándose nada menos que al año 1608, cuando en el famoso caso Calvin una decisión de los juristas británicos se convirtió en ley común y se adoptó como precedente en los primeros días del sistema legal estadounidense.

Además de estos antecedentes y de la enmienda 14, también existe un antecedente de un caso penal, el conocido caso Wong Kim Ark (1898), cuando la Corte Suprema decidió (por votación 6-2) que Wong podía optar a la ciudadanía invocando la enmienda 14.

¿Orden ejecutiva o reforma constitucional?

Trump podría emitir una orden ejecutiva anulando esta enmienda, pero lo más posible es que la misma sea demandada en primera instancia, lo que le quitaría validez a la acción presidencial.

El gobierno, entonces, apelaría. En caso de que la Corte de Apelaciones del circuito correspondiente también determine (es lo más probable) que modificar una enmienda constitucional escapa a la potestad presidencial, el caso podría llegar a la Corte Suprema de Justicia.

Se trata de un proceso que debería durar unos dos años, y la orden ejecutiva no tendría efecto mientras tanto. Tampoco se cree que pueda tener efecto retroactivo (las leyes con efecto retroactivo suelen ser las relacionadas con impuestos).

En cualquier caso, es un debate que está en el aire: ¿Puede un presidente revocar una enmienda constitucional a través de una simple orden ejecutiva? ¿No se necesita para eso una reforma constitucional?

Trump afirmó en la referida entrevista con Axios que no es necesaria una reforma constitucional, pero no es tan claro. Muchos abogados constitucionalistas afirman que un estatuto constitucional solo puede ser revertido por otro estatuto constitucional, un proceso del que no se puede excluir al Congreso.

Nuestra validación

En la Corte Suprema de Justicia Trump tiene los números, con cinco de nueve magistrados con tendencia claramente conservadora (Clarence Thomas, John Roberts, Samuel Alito, Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh).

En 2017 Trump logró la confirmación de uno de los jueces más conservadores que tiene la Corte, Neil Gorsuch, y más recientemente se la jugó por Brett Kavanaugh y consiguió que fuese ratificado por el Senado.

Ahora bien, una cosa es que se identifiquen con Trump, que se inclinen más hacia el partido republicano, que sean de tendencia conservadora, y otra muy distinta es que respalden la abolición de una enmienda constitucional, nada menos, por la vía de una orden ejecutiva.

No es imposible pero no parece probable que vaya a ocurrir. Sería ir en contra de la constitución y de la propia tradición jurídica estadounidense.

Como dicen muchos analistas, la declaración de Trump podría ser sobre todo parte de una estrategia electoral.

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