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El texto de un periodista se le atribuye al más célebre poeta venezolano, lo desmiente el poeta, lo desmiente el periodista, lo desmienten sus amigos… pero las audiencias, y su frenesí de compartir en redes sociales, han decidido que el texto lo escribió el poeta ¡y punto!

Una pieza de posverdad hecha en Venezuela, aunque ya no sepamos dónde queda.

(Julio 10, 2018). Los bulos y leyendas urbanas tienen una característica: es difícil establecer sus orígenes. Se pierden en la selva del tiempo y el anonimato. Por eso resulta muy interesante tener en la mano una cuyo inicio pueda trazarse y cuyos protagonistas, o al menos uno, nos cuente al respecto.

Todavía hoy día, pasados cuatro años de iniciado el bulo, sigue llegando por cadenas de Whatsapp o posteado en los muros de Facebook el texto «¿Dónde queda Venezuela?» con la firma del internacionalmente reconocido poeta venezolano Rafael Cadenas.

Poco ha valido que mucha gente, incluyendo al propio maestro Cadenas haya insistido en aclarar que el texto NO es de su autoría. El bulo se ha mantenido. El texto ha aparecido en portales de noticias y en periódicos serios y no tan serios, así como en muros de Facebook de personas con credibilidad, como una obra de Rafael Cadenas y a muy pocos les ha interesado aclarar el error. La verdad es que bajo la firma de Cadenas el mensaje se parece más a una denuncia de la situación venezolana, que ha forzado o movido a millones a emigrar.

De esta forma, el bulo terminó convertido en una pieza de “posverdad”. «¿Dónde queda Venezuela?» sigue circulando por redes y mensajería como un texto de Cadenas sin que a muchos les interese aclarar que el verdadero autor es el periodista Golcar Rojas.

17 de octubre de 2014

Golcar Rojas mismo explica que el texto «¿Dónde queda Venezuela?» lo publicó por primera vez en su blog el 17 de octubre de 2014.

Originalmente no llevaba el epígrafe del maestro Cadenas. Era el título y mi texto. Pero, por esos días, el poeta andaba en Madrid y en una charla le preguntaron por Venezuela y el respondió «¿Venezuela, Venezuela me hace falta?». Cuando leí esa frase en un sitio web, me pareció que encajaba perfecto en mi texto y lo agregué debidamente como epígrafe, entre comillas y con el nombre del autor debajo. El texto, que ya había impactado a algunos amigos que emigraron del país, empezó a circular con cierta viralidad. La gente se sintió identificada.

Según supone el periodista, lo que sucedió fue que una de esas personas que se identificó con el texto copió a partir del epígrafe, descartando el título original «¿Dónde queda Venezuela?» Y lo reenvió como mensaje de email o mensajería.

Ahí se armó el quilombo. Porque al obviar mi título, el epígrafe fue tomado como título y la firma bajo el epígrafe se tomó como firma de todo el texto. No recuerdo exactamente dónde vi por primera vez el error. Creo que alguien en Facebook me etiquetó en un muro que lo había posteado. Luego muchos portales -serios y amarillistas- se hicieron eco del bulo. Circuló tanto por Whatsapp que había días en que me lo enviaban hasta tres veces. No hubo manera de pararlo.

Para el verdadero autor de «¿Dónde queda Venezuela»?» Todo se debió a una casualidad.

Quiero creer que fue un error sin ninguna intención.

Esa casualidad derivó en posverdad que a su vez generó otras posverdades. Recuerda Golcar Rojas que al año de iniciada la confusión con el texto de marras, a Cadenas le entregaron el Premio Lorca de Poesía. El bulo sobre «su» poema «¿Dónde queda Venezuela?» Empezó a rodar viralmente por nuevas fuerzas.

En esta oportunidad recuerdo que, en un comentario en algún portal, un lector chavista aseguraba que a Cadenas le habían entregado el premio, justo después de ese poema, para que tuviera más resonancia para desacreditar la “revolución”. Algo así más o menos era la teoría del complot. Todo estaba calculado, Cadenas sacó el poema, luego le dan un premio de renombre y así se usan poema y poeta para la guerra mediática contra el gobierno venezolano.

Es que una vez que se inicia un bulo o se genera una posverdad nadie sabe dónde va a parar ni qué arrastrará en el camino. La adjudicación errónea de textos no es nueva, sólo que con el auge de las redes sociales circulan con más intensidad y mayor velocidad. Recientemente en España se produjo una polémica cuando María Dolores de Cospedal en su campaña para las primarias del PP público una cita erróneamente adjudicada a Cervantes:

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo.

Como es de suponer, el escándalo no se hizo esperar, la Cospedal se excusó diciendo que le había llegado por una cadena de Whatsapp. Luego dijo algo que es muy frecuente en este tipo de errores: “Qué importa quién lo dijo, lo que importa es que  “lo que dice sigue siendo válido, incluído lo de que la coa más fácil es equivocarnos”.

Y así de un plumazo se despacha la verdad y viene la “pos”. ¿Qué importa quién escribió «¿Dónde queda Venezuela?»? Lo que importa es que el mensaje llega y es válido.

 


Imagen inicial: VK con imágenes del dominio público de la web.
"¿Dónde queda Venezuela?" original de Golcar Rojas (Clic para abrir ⇒)

¿Dónde queda Venezuela?

Golcar Rojas
mapa

“¿Venezuela? Venezuela me hace falta”.
Rafael Cadenas

Si me preguntaran dónde queda Venezuela, tendría que decir que queda en México,  en Miami y otras zonas más internas de Estados Unidos.
Queda en Colombia, en Ecuador, en España.
En Panamá, en Chile,
hasta en los Emiratos Árabes.

Venezuela queda entre cualquier meridiano y paralelo del mundo
a donde se tuvieron que ir a vivir muchos venezolanos de bien en busca de procurarse una mejor calidad de vida.
Persiguiendo un poco de tranquilidad y seguridad,
aunque sea, un poquito de futuro para ellos y los suyos.

Venezuela hoy es un país desperdigado por el mundo.

Donde esté radicado el talento, la inteligencia y el trabajo de los venezolanos que se han ido,
ahí queda Venezuela.

Venezuela está en cada petrolera del mundo que ha visto aumentar su producción y mejorar su actividad
gracias al talento y trabajo de los venezolanos que contrataron.

Venezuela queda donde hay una televisora, un periódico, una radio cuyas programaciones y producciones se han visto mejoradas e incrementadas gracias al trabajo creativo de venezolanos que ayudan a crecer medios libres en otras tierras.
En países que no son el suyo.

Donde las editoriales sacan provecho de la imaginación y capacidad de creación de venezolanos ingeniosos y originales con historias formidables,
muchas veces impregnadas de la nostalgia y la desazón del exilio.
Allí está Venezuela.

Venezuela estará en esos países a donde cada día lleguen venezolanos de bien para entregar en tierras lejanas y extrañas todo su esfuerzo y trabajo para hacer de este mundo un sitio mejor.

Quedará Venezuela donde vayan a vivir todos esos jóvenes que hoy están buscando la mejor manera de irse a una tierra que les ofrezca algo más que un certero tiro,
una ominosa discriminación,
un insulto en cadena.

Lo que queda aquí,
rodeado por  Colombia, Brasil y Guyana,
frente a ese hermoso e imponente Mar Caribe.

Esto,
este corral al norte de la América del Sur.
Esta republiqueta de vivos, sicarios y malhechores.

Esto
que ya no es un país sino una parodia de República Bananera.

Esto
no es Venezuela.

Este pozo de plomo y sangre,
este luto en gerundio,
este llanto que no cesa,
no es el país del que nos canta el Gloria al Bravo Pueblo.

Esto,
este solar de mansas colas de hambruna
no es la tierra que parió a héroes independentistas.

Esto
no es más que la república bolivariana de venezuela.
Así, con minúsculas.
Disminuida y empocbrecida.
Ensombrecida, envilecida y triste,
como nos la legó un hombre megalómano que se creyó líder intergaláctico e inmortal.
Un resentido ser
a quien ahora pretenden convertir en deidad.


 

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