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Muchos sospechosos ¿habituales? pero pocos indicios firmes de que pueda ser del círculo más cercano o de algún outsider. El caso es que la búsqueda sigue y las quinielas engordan por acertar quién fue el informante que le dio el polémico material a The New York Times.

Por los momentos, la K amarilla indica que no hay razones para apuntar el dedo hacia este o aquel personaje del entorno presidencial.

Javier Brassesco

(Septiembre 11, 2018). Un funcionario de alto rango de la administración Trump escribió hace cinco días y en condición de anonimato un artículo en el New York Times que enfureció al presidente, quien exigió al diario que revelara la identidad de este misterioso personaje, hoy mismo el más buscado por el propio gobierno.

Incluso pidió a Jeff Sessions, fiscal general, que investigue quién escribió ese incendiario artículo, que ha sido calificado por Steve Bannon, ex funcionario de la administración Trump, como la prueba de un golpe de Estado en contra del presidente.

Se han lanzado todo tipo de teorías en cuanto a quién puede ser este “alto funcionario” (la única pista dada por el diario), y de las sospechas no escapa ni siquiera el vicepresidente Mike Pence, aunque éste ha hecho y dicho todo lo posible para deslindarse de esta posibilidad

No existe una definición precisa de lo que es un “alto funcionario”, y las posibilidades son muy grandes. Lo que sí está claro es que no debe tratarse de un burócrata de rango medio, pues es improbable que el NYT publicase algo tan grave si parte de un funcionario de peso en la administración.

La lista es larga. Pasen y vean

Mike Pence. Como dijimos, ni siquiera el vicepresidente está fuera de sospecha, al menos no para los analistas. Se resalta el hecho de que Pence defendió a Sessions cuando Trump atacó a este último por no poner fin de una vez a la investigación sobre la colusión entre el equipo de campaña de Trump y Rusia para interferir en las elecciones presidenciales de 2016. Aparte de ese, muy pocos otros puntos de desencuentro han existido entre Trump y su vicepresidente. Entre las pistas que vincularían a Pence con el artículo existe una palabra a veces utilizada por él y que aparece en dicho texto: “lodestar” (estrella polar, literalmente, pero utilizada cuando se quiere hablar de un punto de referencia).

James Mattis. En el libro que el periodista Bob Woodward (conocido por destapar en los 70 el escándalo de Watergate junto a su colega Carl Bernstein) escribió sobre la administración Trump se revela que el secretario de Defensa estaría muy inconforme con el desempeño de Trump al frente de la presidencia, y que llega a afirmar que su jefe tiene el nivel de entendimiento de un niño de quinto o sexto grado.

John Kelly. En el mencionado libro, el jefe de gabinete llega a llamar “idiota”y “desquiciado” a Trump (entre otras cosas), lo que le convierte en uno de los principales sospechosos.

Kellyanne Conway. Jefa de campaña de Trump y hoy una de sus principales asesoras, ha sido señalada como la culpable de que la versión del presidente no aparezca en el referido libro de Woodward (el periodista le pidió una entrevista con el presidente pero la misma nunca tuvo lugar, cosa que Trump lamenta). Además su esposo, el conocido abogado George Conway, es un acérrimo crítico de Trump.

Don McGahn. Consejero y asistente de Trump, tiene sus días contados en la Casa Blanca, y por eso algunos analistas lo han señalado. Por eso y porque ha sido una de las personas que más ha entrevistado el fiscal especial Robert Mueller, quien dirige la investigación sobre Rusia. McGahn conoce bien los intríngulis de esta administración.

Dan Coats. El director de Inteligencia se mostró molesto por la decisión de Trump de reunirse a solas con Putin en julio, solo con la presencia de traductores, pues consideró que podía ponerse en peligro la seguridad nacional. Precisamente la “seguridad nacional” fue invocada en el misterioso texto como un motivo de fuerza mayor para oponerse a las decisiones de Trump. Coats ha señalado además que la interferencia rusa en las elecciones de 2016 es “innegable”.

Jeff Sessions. Como dijimos, Trump instruyó a Sessions para que exija al New York Times que revele la identidad de este misterioso funcionario. Pero el propio fiscal general figura entre los sospechosos.  Sessions es uno de los funcionarios que más ha tenido que recibir críticas e insultos del presidente, sobre todo por su decisión de inhibirse de supervisar la investigación sobre la posible colusión con Rusia hace ya más de un año.

Kirstjen Nielsen. La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional estuvo muy cerca de dimitir el pasado mayo cuando Trump le reclamó por la falta de resultados a la hora de impedir la entrada ilegal de indocumentados a Estados Unidos. ¿Qué medio filtró esta noticia entonces? Pues el New York Times.

Nikki Haley. Durante la campaña por la nominación republicana, la hoy embajadora de Estados Unidos en la ONU fue una de las principales detractoras de Trump. Su nombramiento el 25 de enero de 2018 fue muy sorpresivo, y desde entonces incluso se le ha ligado sentimentalmente al presidente.

 


Imagen inicial: VK.

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