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El mejor combustible del periodismo ha venido de su peor enemigo: las noticias falsas. Las fake news han tenido un impacto tan grande que se da por cierto que influyeron decisivamente en las elecciones de 2016 en EEUU y en el Brexit, dos improbables ganadores que lograron su objetivo. Pero también han empujado a millones de vuelta a la prensa profesional.

Un artículo de nuestro director en Univision Noticias. 

Fernando Nunez-Noda
Publicado originalmente en su columna de Univision Noticias

(Agosto 24, 2018). En el artículo pasado mostramos cómo la prensa reconocida, corporativa pero también “grass-root” siempre que sea profesional, ha pasado del suelo histórico a una altura considerable (de 32 a 37% en los últimos 2 años) en la confianza pública.

 

A eso agregamos el informe In News We Trust, de Censuswide que se centra específicamente en las noticias falsas de la prensa y la publicidad. La novedad es que tales noticias falsas empujaron a los lectores hacia los sitios web tradicionales de información. Quienes están seguro de ello constituyen el 36% y los que dicen que probablemente sí, 43%. Entre ambos acumulan 79%.

 

Esto presagia un regreso hacia los medios institucionales y reconocidos. El consumo de noticias en redes sociales, según esta medición, solo alcanza 11%. ¿Tendencia pasajera o vuelta a la sensatez? El tiempo lo dirá.

 

Ahora ¿qué han hecho o están haciendo los medios profesionales para ganar de vuelta el corazón y la atención del público estadounidense? ¿Qué factores externos han ayudado en este retorno? Recordemos que usamos las categorías de Edelman: el Público Informado (niveles económico y educativo topes) es 15% de los ciudadanos y la Población General, el 85% restante.

 

Los medios de comunicación más respetados tardaron en asumir el golpe, porque el público general y algo del informado se volcaron a las plataformas (los social media y buscadores) y llegaron a confundir tales plataformas con medios.

 

Es decir, un agregador tipo Facebook o Twitter (e incluso un buscador como Google) en el que los usuarios comparten contenido, no es un medio noticioso. Univision Noticias o USA Today sí. Simplemente da vitrina a mensajes producidos o reproducidos por humanos (a veces robots), bajo una cuenta o como resultado de una búsqueda. Eso no es un medio noticioso.

 

Cuando la población en general e incluso mucho público informado se volcó a las plataformas, por su rapidez y heterogeneidad, las noticias falsas y los contenidos de baja calidad se colaron en todos los estratos.

 

Eso ha tenido consecuencias en el terreno de la confianza en el periodismo versus las plataformas (social media o motores de búsqueda). Como se ve en el cuadro siguiente, en 2012 medios y plataformas inspiraban prácticamente la misma confianza: 53% y 52%. En 2018 los medios saltaron 5 puntos a 59% y las plataformas bajaron 2 puntos 51%.

 

Por otra parte, la confianza en las plataformas bajó dos puntos entre 2012 y 2018.

 

También, debe decirse, “retorna el experto” como llama Edelman al hecho de que la experiencia profesional gana credibilidad y demanda. En el último año los periodistas han aumentado 12 puntos su credibilidad mientras que los CEOS (directores ejecutivos de empresas) solo 7 puntos. El periodista se hace más necesario en este afán de informarse fructíferamente, porque es un experto validador de lo que ocurre y sus diversos grados de certeza.

 

Los medios como árbitros de conductas o prefencias políticas son una aberración de las funciones informativas; pero “árbitros” de lo que está confirmado y garantes de la neutralidad de esa confirmación, son factores que han hecho a millones retornar a su tutela.

 

Fake News

Pero, paradójicamente, el mejor combustible del periodismo y la prensa ha venido de su peor enemigo: las noticias falsas. Sí, las fake news han tenido un impacto tan grande que se da por cierto que influyeron decisivamente en las elecciones de 2016 en EE.UU. y en el Brexit, dos improbables ganadores que lograron su objetivo.

 

Pero su impacto ha motivado conductas autoreguladoras: empujaron a los lectores hacia los sitios web tradicionales de información. Según In News We Trust: Quienes están seguro de ello constituyen el 36% y los que dicen que probablemente sí, 43%. Entre ambos acumulan 79%.

 

Pero ese empujón no ha sido suficiente para lograr el “comeback”. También han sumado diversos proyectos, coaliciones y experimentos que combinan medios, plataformas e incluso la participación de las audiencias, pero de forma controlada y gerenciada.

 

La Universidad de Duke “contabilizó unas 149 iniciativas en 53 países en favor de la verificación de noticias, y Facebook se ha asociado con 25 organizaciones en 14 países para combatir las fake news.”

 

Se ha agilizado la investigación y desarrollo de tecnologías que automaticen el combate a la desinformación y los contenidos problemáticos. Facebook mismo ha desarrollado sistemas y contratado a miles de analistas para la detección y descarte de esta información dudosa. Google ha destinado $300 millones para estos mismos fines y Youtube, filial de la anterior, ha puesto en marcha su propio sistema para filtrar falsos emisores.

 

Muy notable fue Verificado de México, una iniciativa mutiempresarial que nació específicamente para combatir noticias falsas en la pasada elección de Julio 1, 2018. “Verificado publicó “400 notas y medio centenar de videos, que fueron difundidos no sólo en Verificado.mx(con 5 millones de visitas), sino también por más de 80 aliados.”

 

“Comprova”, en Brasil, es otra coalición que conecta a 24 medios de comunicación que se unieron para combatir la epidemia de noticias falsas.

 

Facebook, en nombre de Whatsapp, ha convocado un concurso de ideas para confrontar la crecida de desinformación que inunda esa red de mensajería. Son ejemplos.

 

Quien firma este artículo dirige un factchecker en español basado en algoritmos.

La tarea es difícil porque el “enemigo” es monumental, terco y muy atractivo. En “ un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el prestigioso MIT), que analizó 126 mil rumores que llegaron a 3 millones de personas, la información falsa, que suele ser espectacular y llamativa, se extiende mucho más rápido que la verdadera: hasta seis veces más rápido.”

 

Además de eso, está la exacerbación de lo emocional (que tiene más poder que lo racional), el afán protagónico de muchos que comparten y otros motores humanos de los que hemos hablado en esta columna. Es la gente, al final, la que inclina la balanza a uno u otro lado.

 

Que el público informado y parte del general vuelvan a los medios profesionales noticiosos no significa que la batalla esté consolidada y menos ganada. Es un logro importante, pero debe probar su continuidad e incluso fortalecimiento.

 

Los datos parecen indicar que, en efecto, el público ha entendido el valor de una fuente de noticias conocida, reconocida y confiable en vez de la multiplicidad de fuentes que pulula en los medios online. Las noticias falsas, pues, podrían estar dándose un “tiro en su propio pie” porque comienzan a empujar a la gente a buscar pocas pero creíbles opciones de información verificada y profesionalmente producida.

 

Hay que observar cuidadosamente qué pasa en el corto plazo, porque esto se mide en meses. Por los momentos celebremos el comeback y hagamos lo posible porque sea duradero.

 


Publicado originalmente en Univision Noticias. Imagen inicial: Composición de FNN.

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