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En lo general hay muchas similitudes, en lo particular los casos difieren en forma e intensidad. Liderazgo de las protestas, relación régimen-ejército y situación económica marcan importantes diferencias.

(Mayo 29, 2018). Desde que el 18 de abril comenzaron las protestas en Nicaragua, muchos lectores tienen una sensación de dejá vu: muertos, fuerte represión, grupos parapoliciales, denuncias a la violación de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad, contramarchas de la juventud sandinista que convoca el gobierno, trancas en las vías, el llamado al diálogo y la condena a la violencia por parte de los militares… ¿Dónde fue que ya vimos todo esto?

Pareciera que en Nicaragua se está viviendo lo mismo que ya atravesó Venezuela el año pasado. Y sí, hay algunas similitudes, pero también muchas diferencias:

El origen: en Nicaragua las protestas comenzaron por impopulares reformas en la seguridad social (que aumentaban las contribuciones de los trabajadores al sistema), mientras que en Venezuela lo hicieron por el rompimiento del hilo constitucional que el 31 de marzo del año pasado denunció la fiscal Luis Ortega Díaz luego de que el Tribunal Supremo de Justicia asumiera funciones propias del poder legislativo.

Cantidad de muertos y represión: la actuación de grupos parapoliciales en Nicaragua y la fuerte represión han dejado una cifra de muertos que hasta el 27 de mayo se calculaba en 81 según la cuenta de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH).

Si calculamos que las protestas comenzaron el 18 de abril, el promedio sería de unos dos muertos por día. En Venezuela, donde también intervinieron grupos parapoliciales leales al gobierno, murieron entre 135 y 157 personas entre el 1 de abril y el 1 agosto del año pasado, poco más de un muerto por día. Si tomamos en cuenta que además la población de Nicaragua es cinco veces menor a la venezolana, nos damos cuenta de que en Nicaragua ha sido mucho más fuerte la represión (o más fuertes las protestas). También en Nicaragua existen múltiples denuncias de desaparecidos (las cifras varían entre 15 y 60 personas desaparecidas), algo que no sucedió en Venezuela.

Grupos parapoliciales: tanto el gobierno de Nicaragua como el de Venezuela se han valido de grupos parapoliciales para llevar a cabo las tareas más sucias: lo que en Venezuela son los colectivos, en Nicaragua son llamados grupos de choque.

Papel de los militares: en Nicaragua la represión se ha dejado en manos de la policía (y en la de grupos parapoliciales, como ya dijimos) y el ejército ha tratado de mantenerse al margen. El portavoz del ejército, Manuel Guevara, llegó a declarar que el ejército no reprimiría las protestas:

El diálogo es la única solución para resolver la actual crisis. (…) Somos el pueblo mismo uniformado, trabajando en su propio beneficio y consecuentes con esto, hacemos un llamado a detener la violencia y acciones que nos desestablizan.

Esto no quiere decir que haya un quiebre militar, pues desde las filas castrenses se repite el discurso del presidente Daniel Ortega: llamados al diálogo y condena a la violencia (como tratamos en un artículo anterior). Es solo que el ejército en Nicaragua tiene cierto prestigio y no quiere ponerlo en riesgo. En Venezuela la represión recayó sobre todo en manos de los militares, que hoy son el principal sostén de Nicolás Maduro.

Los líderes de la protesta: en Venezuela las protestas estuvieron lideradas sobre todo por los diputados opositores de la Asamblea Nacional y dirigentes opositores que el país conoce, pero en Nicaragua la oposición carece de eso. Las protestas no han tenido una dirección clara, aunque ya la población empieza a familiarizarse con los nombres de algunos líderes estudiantiles como Lesther Alemán o Víctor Cuadras. Desde el movimiento campesino también se empiezan a conocer algunas caras. La falta de una dirección clara en las protestas de Nicaragua es una de las fortalezas pero también una de las debilidades de este movimiento: impide que todos los manifestantes vayan en una sola dirección y anarquiza la protesta, pero también es más difícil para el gobierno controlarla. En Venezuela se persiguió a los líderes opositores, y muchos de ellos debieron irse al exilio, lo que contribuyó a acabar con las manifestaciones.

La iglesia: en Nicaragua la iglesia ha tenido un papel mucho más activo que el que tuvo la iglesia venezolana. La Conferencia Episcopal nicaragüense ha tenido un rol importante como mediadora, pero sin dejar nunca de defender el derecho a la protesta y de presionar para lograr reformas políticas. Muchos sandinistas la ven no como un autor neutral sino como parte de la protesta.

La OEA: las protestas en Venezuela tuvieron al secretario general de la OEA, Luis Almagro, como aliado, mientras que en Nicaragua los manifestantes lo ven con recelo. Esto se remonta a las elecciones presidenciales de 2016, cuando muchos opositores sintieron que le “perdonaron” a Ortega todas las irregularidades que allí existieron a cambio de reformas futuras en el poder electoral. La insistencia de Almagro de que la salida tiene que ser electoral ha hecho que se le vea como un aliado de Ortega, si bien recientemente dio a entender que no se opone a elecciones anticipadas.

Popularidad de Ortega: Ortega fue elegido en 2016 con el 72% de los votos, si bien es verdad que en un proceso muy cuestionado, donde no se permitió la presencia de observadores internacionales (una misión de la OEA fue a última hora y un día antes de las elecciones), sin una alternativa de oposición y con una alta abstención. La CID-Gallup publicó una encuesta recientemente según la cual 63% de los encuestados tienen una opinión desfavorable de Ortega.

El apoyo popular a Maduro durante las protestas en Venezuela fue incluso menor, pues siempre estuvo en torno al 20%.

FMI y Banco Mundial: a pesar de su discurso, Daniel Ortega ha sido un obediente alumno del FMI y el Banco Mundial. Las reformas al sistema de seguridad social que inician las protestas fueron de hecho una recomendación del FMI, aunque se realizaron de manera unilateral, sin consultar siquiera al sector privado. El gobierno venezolano, en cambio, se ha mantenido alejado de estos organismos, que prevén una escalada de la crisis económica.

Economía: aquí están las principales diferencias, pues el reducido tamaño de la economía nicaragüense hace que no sea una prioridad del gobierno estadounidense (como sí lo fue cuando Reagan, pero por motivos geopolíticos). Por más crisis que exista en Venezuela, Nicaragua no tiene ni de cerca los recursos ni la influencia política de su aliado. La modesta economía del país centroamericano hace que el gobierno tenga además mucho menor margen de acción a la hora de administrar una crisis, menos ahora que decrece la cooperación venezolana (cayó 60% en 2017).

Y como explica un corresponsal de BBC:

Todo esto “reduce los incentivos de un actor político con grandes intereses empresariales para quedarse en el gobierno a cualquier costo, así como los recursos para mantener la lealtad de su base y aliados (más ahora que se secó la cooperación venezolana).

 


Imagen principal: Google Images.

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