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En menos de tres meses el “fenómeno Guaidó” cambió el momento político venezolano. Pero el régimen de Nicolás Maduro ha sacado todas las armas para aferrarse al poder, entre ellas una feroz campaña de censura y desinformación en redes. De la columna de nuestro director, Fernando Nunez-Noda.

(Marzo 29, 2019 – De Fernando Nunez-Noda, publicado en 03-21-2019 en Univision Noticias). A principios de 2019 casi nadie conocía a Juan Guaidó. Si observamos la curva de Google Trends sobre intensidad de búsqueda del nombre “Juan Guaidó” entre diciembre 1 de 2019 y el 12 de marzo de 2019, lo primero que notamos es que del 1 de enero hacia atrás el porcentaje es cero.

En el gráfico se observa que justo a principios de enero el porcentaje de búsquedas de “Juan Guaidó” toma vida. Llega a su cénit entre 23 y 24 de enero, luego de juramentarse. Ese pico es cuatro veces más alto que el segundo más conversado: el apoyo del Parlamento Europeo (y con éste el de 55 países europeos). Después tiene un ritmo que ronda el 25% con dos lomas hasta el 12 de marzo.

 

Ya eso es un dato que muestra lo volátil e impredecible de Venezuela como tópico noticioso. Del virtual anonimato internacional, este joven líder de 35 años pasa a ser referencia mundial en poco menos de un mes. Por ejemplo, a principios de enero Guaidó tenía unas pocas decenas de miles de seguidores de Twitter, a la fecha llega a más de 1,7 millones.

 

Internet: geopolítica en la palma de la mano

En Venezuela los medios independientes han sido cerrados, o comprados por afines al régimen. La llamada “gran prensa” se ha encogido y si hablamos de la opositora o los no afines al régimen, el resultado puede contarse con los dedos.

Columbia Journalism Review da su visión internacional: “Gran parte de la prensa independiente de Venezuela simplemente ha desaparecido. Según el Colegio Nacional de Periodistas, el régimen cerró 40 estaciones de radio en 2017, mientras que una recesión paralizante ha obligado a otros a salir de circulación. El verano pasado Reuters informó que, desde 2013, tres cuartas partes de los periódicos del país se habían cerrado”.

Las televisoras y cadenas radiales han sido cerradas, compradas o amansadas con amenazas permanentes.

 Menos mal que los medios en línea han sobrevivido y algunos prosperado: los fundacionales como El Nacional, Runrunes o La Patilla o una legión de nuevos medios digitales ágiles, nacidos en línea, como EfectoCocuyoArmando.infoVPItv et al, que han llenado el vacío y aprendido a lidiar con una dictadura ya sin cortapisas.

 

La “lucha” informacional también ha caído sobre los ciudadanos, que en el caso opositor son más independientes y con más recursos humanos preparados aunque dispersos, cada quien un “ejército-de-uno”.

Hay más iniciativas en la oposición (grupos, hashtags, campañas descentralizadas, grupos de mensajería) y llenas de vida propia. A eso se suman millones de venezolanos en el mundo, opositores en mayoría abrumadora.

 

La “guerrilla comunicacional” chavista está dirigida por laboratorios. Reporta Digital Forensic Research Lab, a principios de febrero:

“A lo largo de los años, el gobierno venezolano de Nicolás Maduro se ha beneficiado de una actividad coordinada y ha presionado activamente a sus partidarios para que participen en las redes sociales. (…) Según Hootsuite, 44% de la población es usuaria activa de redes sociales, lo que hace que las actividades inauténticas y las operaciones de influencia sean particularmente grandes”.

La última modalidad: el activista ultra radical, usualmente la caricatura de un derechista, que solo ve soluciones finales violentas y sospechosamente apunta sus misiles casi exclusivamente a dirigentes opositores “traidores”.

 Otra actividad: la falsa amplificación, es decir, la “viralidad” artificial producida por muchas cuentas robots y de operadores que rebotan artículos, memes, fotos, videos y otros paquetes de propaganda y desinformación.

 

Pero lo que no se cubre por redes sociales públicas se completa con Whatsapp, usado por 70% de los usuarios de internet en Venezuela. Es esta red cerrada de mensajería la principal fuente de bulos, rumores y todo tipo de información no confirmada y a la postre falsa. En este territorio, la oposición tiene por mucho la actividad más intensa. 

Maquinaria versus ciudadanos, pues. Y en el medio todo tipo de espacio digital informativo, desde aficionados hasta grandes organizaciones periodísticas.

 


Imagen inicial: FNN

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