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Aunque la crisis china tiene varias causas (la pérdida de poder de su moneda o la guerra comercial con EE.UU.), el país asiático ha prestado millardos de dólares a naciones del Tercer Mundo, con modalidades poco transparentes y eso ha cobrado un precio importante en su crecimiento.

El problema de las deudas es que los países más pobres (Nigeria, por ejemplo) o empobrecidos (Venezuela) no podrán pagar al corto plazo o del todo. Le danos K amarilla con tendencia al alza porque los expertos estiman que el decrecimiento comercial de China no es solo cuestión de este año.

(Septiembre 16, 2018). No es un secreto que la economía china sufre una considerable desaceleración producto de un dólar más fuerte (recordemos que el yuan no es una moneda de intercambio en las economías desarrolladas), mayor circulante en las calles y $50 mil millones en aranceles en los EE.UU. Un análisis de New York Times publicado en El Clarín (sobre países emergentes como Turquía o China) señala:

(…) Como muchas crisis cambiarias del mundo emergente anteriores, ésta se produce en momentos en que la Reserva Federal de EE.UU. sube las tasas, presionando así al dólar hacia arriba. Al fortalecerse el dólar, los países en desarrollo como tienen mayores dificultades para pagar sus deudas dolarizadas y con el tiempo los inversores empiezan a escapar.

 

(…) China es vulnerable al dólar fuerte por diferentes razones. En un nivel, China depende mucho menos de las importaciones que Turquía, que tiene que comprar virtualmente todas sus materias primas, incluido el petróleo, en el extranjero. (…) Más de la mitad del aumento en la deuda global de la década pasada se generó en forma de créditos internos dentro de China. Hay mucho más dinero ahora circulando en China que en Estados Unidos.

 

(…) China está en una situación difícil. El fortalecimiento del dólar amenaza con provocar más fuga de capitales de China, pero cualquier esfuerzo de sostener el renminbi (yuan) como respuesta puede desacelerar todavía más la economía china. Durante años Pekín reaccionó ante las señales de debilidad en la economía imprimiendo más renminbi, lo cual daba resultado cuando Estados Unidos también ponía en práctica una política monetaria muy flexible. Ahora que Estados Unidos levanta las tasas de interés, bajar las tasas en China solo dará más motivos para que los inversores chinos dejen el país.

 

Los préstamos a países pobres tienen un alto costo

Según los mismos chinos el decrecimiento en 2018 sería de apenas 0,1% (en vez de  6,5% sería 6,4%), pero muchos analistas occidentales dudan la precisión de los indicadores chinos y señalan que, en todo caso, más importante que la caída de este año es la tendencia al decrecimiento a plazos más largos.

Pero un problema más agudo es descrito por CNN Money:

La desaceleración de China se produce en momentos en que Beijing está tratando de hacer frente a la pesada carga de la deuda del país, un legado de sus enormes programas de estímulo a raíz de la crisis financiera mundial. Las preocupaciones más grandes están relacionadas con los niveles alarmantemente altos de deuda de las empresas, especialmente las hinchadas empresas estatales de China.

 

El presidente Xi Jinping y otros altos funcionarios han pedido al sistema financiero de China que reduzca los préstamos de mayor riesgo, una campaña que a menudo se denomina “desapalancamiento” (“deleveraging”). Las autoridades han intentado tomar medidas enérgicas contra el vasto sector bancario en la sombra de China, en el cual las oscuras formas de los préstamos se mantienen fuera de los balances oficiales de los bancos.

 

Pero los analistas temen que una desaceleración en los préstamos afectará a la economía. “El mayor viento en contra del crecimiento proviene de la campaña de desapalancamiento”, escribió Larry Hu, un economista del banco de inversión Macquarie, en una nota reciente a los clientes.

Gráfico del Nikkei Asian Review que muestra Argentina (en la era Kirchner), Ecuador y Venezuela como los mayores beneficiarios de créditos chinos del tipo OOF, es decir, “Otros Fondos Oficiales”, más alejados de los estándares internacionales de transparencia y mucho más proclives a manejos confidenciales.

China ha sido un gran financista de proyectos en países subdesarrollados como Pakistán, Mongolia o Montenegro. Aunque la mayoría de los préstamos se hacen según los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), gran cantidad se hacen bajo la modalidad OOF (“Other Official Funds”, “Otros Fondos Oficiales”), en los cuales los términos son más opacos.

También para y cobertura de déficit en países pobres de África, como Nigeria, o América Latina, como Venezuela. Recordemos que Venezuela fue un país rico (y sigue teniendo enormes reservas mineras), pero la debacle económica causada por casi dos décadas de gobierno chavista la han hundido -en términos prácticos- a niveles de los más pobres de un subcontinente con pocos ejemplos de solvencia.

La crisis china puede conducir a menos créditos y la ejecución de garantías leoninas o de “letra pequeña” que los analistas económicos de occidente han llamado “la trampa de la deuda”:

Beijing “fomenta la dependencia utilizando contratos opacos, prácticas de préstamos predatorios y acuerdos corruptos que minen a las naciones en deuda y socaven su soberanía, negándoles su crecimiento a largo plazo y autosostenido”, dijo el Secretario de Estado de los Estados Unidos Rex Tillerson el 6 de marzo. Las inversiones chinas tienen el potencial de abordar la brecha de infraestructura de África, pero su enfoque ha llevado a una creciente deuda y pocos empleos, si es que hay alguno, en la mayoría de los países “, agregó.

Bradley C. Parks, investigador en jefe del proyecto y director ejecutivo de AidData, un laboratorio de investigación que ha analizado las ayudas chinas a países del tercer mundo, dice:

Venezuela puede ser el canario en la mina de carbón. China prestó miles de millones de dólares a las autoridades venezolanas, donde ahora parece muy improbable que reembolsen esos préstamos dadas las precarias circunstancias económicas del país.

Casi todo estos Las consecuencias de esta insolvencia no están escritas, pero ya se han visto en países africanos y de eurasia: apropiación de vastos recursos naturales, obligación de adquirir productos chinos e incluso la lenta pero obligada adopción del yuan como moneda de intercambio.

Conclusiones

La “trampa china de la deuda” es altamente perjudicial para los países, pero no para los regímenes que aceptan tales recursos porque les da oxígeno para sobrevivir sin que el futuro parezca importar mucho. Los costos económicos y de soberanía son cuantiosos. Y, paradójicamente, se le están volteando a los propios chinos, dado que la no recuperabilidad de esos fondos está contribuyendo a un déficit que debilita su moneda, hace menos competitivos sus productos y pesa más en una guerra comercial en la que los EE.UU. ha apretado las tuercas.

Si la situación continúa o recrudece, podríamos esperar un freno en los préstamos chinos o, peor, condiciones mucho más leoninas y letales para los países cuyos regímenes las aceptan para su propia supervivencia.

 


Imagen inicial: VK.

 

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