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María Magdalena Ziegler

(Mayo 12, 2018). Sí, en cierto sentido. Aunque no es una droga ni produce exactamente felicidad.

La filosofía de Forrest Gump es, sin duda, una muy dulce: “La vida es como una caja de chocolates. Nunca sabes que te va a tocar.” Y es que sin importar qué toque, sabemos que será siempre chocolate. Eso hace feliz a cualquiera, ni que decirlo. El chocolate es capaz hasta de resucitar a Audrey Hepburn para promocionarle en un comercial. Si eso no es felicidad, ¿entonces qué lo es?

El chocolate es uno de los alimentos que más historias y mitos ha generado. Su sabor característico y su capacidad de combinarse maravillosamente con otros le hacen un ingrediente excepcional. Es deseado por chefs y comensales en todo el mundo, pero ¿es realmente un detonante de la felicidad?

Comencemos por lo básico. El chocolate está compuesto por sustancias como la teobromina, la cafeína, la feniletilamina y anandamina, además de flavonoles, lípidos, proteínas, fósforo, calcio y vitamina B1. Con toda esa carga química, el chocolate actúa sobre la hormona cortisol, reduciendo la presión sanguínea y, consecuentemente, bajando los niveles de estrés.

El mejor tipo de chocolate para provocar estos efectos es el chocolate negro. Así lo ha determinado un estudio en la Universidad Tecnológica de Swinburne, en Australia. Después de someter a un grupo de individuos al consumo diario (por 30 días) de chocolate, aquellos que consumieron chocolate negro se mostraron más relajados y satisfechos que los demás.

Aunque este estudio provee evidencias científicas de cómo el chocolate posee propiedades que aminoran los síntomas de la ansiedad y la depresión. De allí a afirmar que se trata de la droga de la felicidad hay un gran trecho.

Sin embargo, sentir ese antojo súbito por un trozo de chocolate es muy común. Si el chocolate nos relaja, pues entonces es lógico que se nos antoje. Debemos agregar que entre los componentes de este alimento originario de América resalta la feniletilamina. Ésta desencadena una reacción química en nuestro organismo que se asemeja mucho a aquella que se desata cuando estamos enamorados.

En esa reacción química se liberan endorfinas que hacen que nuestro cuerpo se sienta bien, alegre y, sí, por qué no, feliz. Claro que, esto también está relacionado con la pureza del chocolate. Es decir, mientras más puro (o más negro), más efectivo será en provocar estas reacciones de felicidad.

Cuando la feniletilamina del chocolate inunda el cerebro nos llenamos de felicidad casi literalmente. Transmisores como la dopamina o la serotonina hacen el trabajo del chocolate mucho más eficiente. Así pues, cuando sufrimos del llamado “mal de amores”, el chocolate y su rica carga de feniletilamina se convierte en el alimento predilecto para devolvernos la sonrisa.

Aunque se habla del chocolate como una “droga” por sus efectos aparentemente adictivos, debemos dejar claro que no lo es. Nuestra adicción al chocolate es meramente psicológica y no fisiológica como sucede con el tabaco, la mariguana o la cocaína. Se puede sufrir emocionalmente por no consumir chocolate, pero no se pasa por un síndrome de abstinencia físico.

El chocolate no emula una experiencia de drogadicción. Sin embargo, sí es cierto que existen algunos químicos que el chocolate comparte con algunas drogas. Con el vino, por ejemplo, comparte la presencia de algunos neuroactivadores alcaloides; con el cannabis comparte la presencia de anandamidas, conocidas como las moléculas de la felicidad; mientras que con el opio comparte la presencia de encefalinas que ayudan a reducir el dolor y producir placer.

No obstante, los efectos del chocolate en nuestro cuerpo son puramente sensuales. Es por ello que sentimos esa sensación placentera al comerlo. Más aún, como ayuda a liberar las mismas endorfinas que nuestro cerebro produce cuando tenemos sexo, las sensaciones al comer chocolate pueden ser extraordinarias. De esta manera, aunque el chocolate no transforma nuestro entorno para crear felicidad, si nos hace sentir como si realmente fuéramos felices por un breve instante.

 


Imágenes de Pixabay.com.

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