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Un artículo de opinión de Mariana Azpúrua, sobre cómo los principios de propaganda de Joseph Goebbels son universalmente usados por políticos de izquierda y derecha por igual. Y pone la caravana de inmigrantes centroamericanos como ejemplo de su aplicación en una democracia como la estadounidense.

Mariana Azpúrua

(Noviembre 20, 2018). ¿Alguna vez se han preguntado cómo fue posible que 65 millones de personas —unas más otras menos— estuvieran de acuerdo en el exterminio de 11 millones de congéneres por sus diferencias religiosas, raciales o culturales? No sólo que no se opusieran, sino que lo consideraran «justificado».

Mariana Azpúrua

Estos eventos, lo mismo que los pogromos* de la Rusia zarista o los genocidios** programados, han sido posibles gracias a la propaganda: una forma de comunicación que tiene como objetivo influir en la actitud de una comunidad respecto a alguna causa, presentando solamente un aspecto del argumento. La propaganda es usualmente repetida y difundida en una amplia variedad de medios, con el fin de obtener el resultado deseado, haciendo uso de estrategias psicológicas específicas que estimulen ideas definidas en un grupo objetivo.

El mayor propagandista de todos los tiempos, cuyos enunciados aún sigue todo aquel que desee alcanzar los logros del líder al cual impulsó con sus habilidades, fue Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi. Esos enunciados no pierden vigencia porque siempre logran el mismo efecto en las mentes sencillas. Aquí se los expongo:

1.- El enemigo único. La principal tarea de la propaganda alemana consistía en simplificar y concentrar la culpa en un ícono político, social o religioso particular y condensar a todos los enemigos efectivos y potenciales, bajo esa sola imagen. Darle un solo rostro al contrincante.

2.- El contagio. Bajo el principio anterior, las corrientes adversas debían agruparse bajo esa categoría única, de modo que el target de la ideología imperante fuese uno solo: «el enemigo», sin matices.

3. La transposición (proyección). Uno de los principios más efectivos a fines de distraer a la población frente a las malas noticias, fue adjudicar los errores propios al enemigo, acompañado de una constante negación de toda responsabilidad ante cualquier hecho adverso.

4. La desfiguración. La exageración y grandilocuencia del discurso nazi fue uno de sus fuertes en la persuasión de masas. Por más insignificante que fuese un acontecimiento, era convertido en trágico. La estrategia era desvirtuar los hechos y hacer constantes declaraciones a favor del régimen.

5. La vulgarización. Hablar como el pueblo. El régimen nacional socialista alemán se caracterizó por ser fundamentalmente populista; su discurso debía constituir un punto de identificación con la gente común. Llevarlo a las masas, implicaba rebajarlo a su nivel de comprensión usando la jerga con que estas se manejaban, para alcanzar a un mayor espectro de población.

6. La orquestación. Sin importar si el discurso fuera honesto o no, debía ser monolítico: no presentar divergencias, fisuras o dobles interpretaciones. Debía ser entonces fundamentalmente reiterativo. Para Joseph Goebbels «una mentira que se repite una y otra vez, acaba por convertirse en verdad».

7. La renovación. Distraer al público de los temas que más le aquejaban, como la escasez o el hambre, resultaba una prioridad para el régimen nacional socialista. Por ello una constante y desproporcionada emisión de información buscaba saturar las mentes de la gente y alejarlas de los problemas reales, además de sobrecoger al contrincante incapaz de abarcar todos los frentes.

8. La verosimilitud. Legitimar el discurso falso usando fragmentos de información verídica, muchas veces conectados entre sí de manera forzada.

9. El silenciamiento. Evitar los temas sobre los cuales no tenga respuesta, desvirtuar los aspectos favorables del rival e imponer una presencia absoluta y silenciadora en todos los medios de comunicación posibles.

10. La transfusión. Establecer en la población constante y manifiesta actitud de odio y resentimiento viscerales contra «el enemigo», dirigida desde los medios de comunicación.

11. La unanimidad. Convencer a las masas de que el gobierno y sus líderes gozan de absoluto, unánime e irrestricto apoyo. Esto de algún modo legitimaba la posición del régimen.

Joseph Goebbels

En un artículo anterior sobre «derechas e izquierdas», mencioné que ambas eran lo mismo disfrazadas de opuestos. Algunas personas me comentaron que no era posible porque el mismo hecho de que sus postulados fuesen contrarios, era lo que las diferenciaba y convencía a sus seguidores. Por supuesto que visto así, tienen toda la razón. El asunto es que, en realidad, el objetivo final de los partidos políticos es lograr acceso al poder para beneficio propio, no para establecer políticas de beneficio común usando una ideología que defiendan por creerla más acertada.

Prueba de ello, es que usan exactamente las mismas estrategias populistas anteriores, aplicadas al caso: quién haya seguido la retórica de Hugo Chávez en Venezuela al igual que —mucho más torpemente, su intelecto es limitado— la de su heredero actual, podrá reconocer el uso de estas tácticas. Pero si siguen con detenimiento el discurso de Donald Trump, verán que es el mismo, siendo que uno era supuestamente comunista y el otro un nacionalista conservador. ¿Cómo es posible? Analicemos cómo las tácticas de Goebbels aplican a cualquiera de los casos:

Imaginemos que se trata de un país del tercer mundo donde las diferencias económicas sean muy marcadas: los ricos disfrutan de todo, los pobres no tienen nada y dependen de los ricos para la subsistencia. La envidia y el resentimiento se nutren cada día que el pobre trabaja para el rico, siendo testigo de sus goces. En ese caso, la injusticia social es «el enemigo» y caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de un «Robin Hood», por lo tanto el discurso de la desigualdad y la intención de «quitarle a ellos para darte a tí», es el que aplica.

El resultado es siempre igual: cuando el «mesías» llega al poder, toma lo que es de «los ricos» para sí mismo, sólo que al menos ahora todos están en la misma situación, de modo que la envidia y el resentimiento quedan satisfechos. Al que nunca tuvo nada le dan migajas para conservarlo fiel, mientras se acusa a cualquier otro de ser el responsable de la necesidad que el propio gobierno está causando con sus políticas. El «Robin Hood» o «mesías», era tan solo un dictador buscando hacerse con el poder.

Digamos ahora que el país objetivo de uno de estos megalómano-narcisistas (el perfil psicológico es idéntico) queriendo adueñarse de él, es uno de gran estabilidad económica donde la clase media es poderosa y las oportunidades de surgimiento buenas. Probablemente un país así sea blanco de migraciones constantes desde los países antes mencionados.

Es natural, porque las grandes migraciones son motivadas por la necesidad. El que está bien en su tierra, no emigra. Como ejemplo notable, las devastaciones que dejaron la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil española, trajeron a América la mayor parte de los europeos que ayudaron a construir el crisol de culturas que somos en la actualidad: italianos, portugueses, españoles, alemanes, vinieron con escasamente lo que llevaban puesto a refugiarse en los países que pensaron tenían mayor estabilidad económica y política, del mismo modo que los migrantes actuales.

En casos como éste la táctica ideal es el discurso nacionalista, porque el de la lucha de clases no tendría sentido. El pichón de dictador que quiera asumir el poder, convertirá una situación regular en «el enemigo» fantasma al cual hay que vencer, para lograr la mejoría de un mal que él mismo inventa. A diferencia del comunismo que pretende que el Estado debe ser el ente rector que repartirá los bienes entre todos por igual, el nacionalismo está orientado hacia el desarrollo y el mantenimiento de una identidad nacional basada en características compartidas, por lo tanto, el discurso del «mesías» predica la salvación de la Nación de «la invasión inmigrante que desvirtúa nuestra identidad y nos obliga a compartir nuestras riquezas».

Quienes hayan prestado atención a la campaña republicana de la Casa Blanca previa a las elecciones a gobernadores, senadores y congresistas, recordará que se hablaba incesantemente de «la caravana» de inmigrantes que viene desde Honduras hacia Estados Unidos. Fue material de campaña afirmar que había criminales en ella. Fue material de campaña insistir en llamarla: «invasión». Fue material de campaña hablar de «defensa de la soberanía» tanto como de que se enviarían 5.200 efectivos militares para contenerla, como si los que la forman estuviesen armados y fueran una horda mongola dispuesta a agredir a los que estamos de este lado. Fue material de campaña acusar a los demócratas de financiarla, a fin de que los ilegales votaran por ellos, cuando saben perfectamente que es del todo imposible que un ilegal pueda votar; ni siquiera un residente legal puede hacerlo porque es derecho exclusivo de los ciudadanos.

El régimen sabe que la caravana está formada por personas que vienen a pedir asilo de la forma regular: en un puerto de entrada fronterizo. Trump está claro en que ninguna de las cosas que afirmó son ciertas, sin embargo, acusa a quienes así lo expresan públicamente de: «fake news». Con el fin de disimular el objetivo real de influir la intención de voto repitiendo una mentira mil veces, modificó la ley por noventa días de modo que quien cruce por el río o el desierto y se entregue a una patrulla fronteriza, no tenga derecho a asilo, a sabiendas de que es lo que establece la ley llamada de «pies secos, pies mojados»: basta que estés dentro del territorio del país y pidas asilo a la autoridad competente. Lo mismo su insistencia en la construcción de un muro fronterizo: para los que desconocen la ley, les está protegiendo de la invasión de los «demonios ilegales».

Donald Trump se crece en la ignorancia de un gran porcentaje de la población. Sólo basta con observar que en los lugares donde la gente está mejor formada y educada, en estas «midterms elections», ganaron los demócratas aún en antiguos bastiones republicanos. Ganó la democracia, no el comunismo ni el socialismo, como quieren hacer ver para desvirtuar a su contrincante: el Partido Demócrata. Otro material de propaganda más, para envenenar la mente de los desinformados.

(…) Soy de tendencia liberal. Mi sentido común me indica el centro como zona de balance y punto de encuentro, nunca las puntas. Sin embargo, como comunicadora siento la obligación de darle el mayor alcance posible a esta información, porque tenemos dos años para combatir la amenaza que se cierne sobre este país de inmigrantes.

Trump ha estado intentando establecer el escenario ideal para lograr su reelección en 2020, usando el antiguo formato de Joseph Goebbels de socavar la realidad repitiendo una mentira mil veces. Colocando a sus aliados en posiciones de poder y toma de decisión. Devolviendo permisos de explotación a industrias que fueron eliminadas por el perjuicio que causan al ambiente y obtener así la buena pro de sus propietarios millonarios. Por eso llama públicamente «anti-americanos» a los periodistas que lo ponen en evidencia y combate a la prensa llamándola «enemiga del pueblo»; término que acuñó otro Joseph, esta vez Stalin. ¿Perciben el patrón? Usemos a nuestros representantes en el Congreso para combatir su estrategia y a los medios independientes y las redes sociales para exponerla.

El artículo original de Mariana Azpúrua


Mariana Azpúrua es comunicadora social, blogger y podcaster. Pueden visitar su sitio web en marianaspurua.com.

 * Linchamiento multitudinario, espontáneo o premeditado, de un grupo particular, étnico, religioso u otro, acompañado de la destrucción o el expolio de sus bienes.

** Forma de asesinato en masa perpetrado por un Estado u otro tipo de autoridad, con la intención de desaparecer a un grupo nacional, étnico, racial o religioso determinado.

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Referencias


Imagen inicial: Pixabay.

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