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Dos casos emblemáticos de falsa atribución que pusieron en la pluma de dos grandes escritores, poemas que ellos jamás habrían escrito y, mucho menos, clamado su autoría.

Fernando Nunez-Noda

(Octubre 27, 2018). Los escritores y cronistas no son ajenos a las leyendas urbanas. De hecho, pueblan las galerías del folklore para falsas atribuciones de textos. Vale decir que a veces hay “desatribuciones” también. Por ejemplo, el Apocalipsis o Revelación de la Biblia se le atribuye al Apóstol Juan, cuando realmente lo escribió otro Juan. También lo contrario: A William Shakespeare muchos comentaristas le niegan la autoría de sus obras maestras. Hablemos de dos más recientes que involucran sendos clásicos de la literatura contemporánea latinoamericana.

BORGES. Por años circuló un poema falsamente atribuido a Jorge Luis Borges, sin duda con el texto menos borgiano imaginable:

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.

Poquísimos se dieron cuenta porque ¿quién lee a Borges? Su viuda María Kodama se encargó de desmentir el texto . Y Borges, muerto ya para la fecha de aparición, no tuvo oportunidad de reducir el texto a cenizas.

GARCÍA MÁRQUEZ. Otra víctima fue Gabriel García Márquez con una prosa de exhortación que se multiplicó en internet hacia finales de los años 1990. Un fragmento:

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan. 

Supuestamente lo había escrito al enterarse que estaba enfermo de muerte. Al leerlo el autor de Cien Años de Soledad se apresuró a aclarar: “Lo que me puede matar es que alguien crea que escribí una cosa tan cursi”. Y esa declaración no fue leyenda urbana.

Poco tiempo después García Márquez se enteró que el poema no había sido escrito para atribuírsele falsamente, sino que fue la travesura de algún lector que lo publicó así. El verdadero autor fue un ventrílocuo mexicano llamado Johnny Welch, a quien el Gabo pidió disculpas.


Otro caso tratado en VerifiKado

“¿Dónde queda Venezuela?” (El caso del texto de Rafael Cadenas que no escribió Cadenas)

Referencias


Imagen inicial: VK.

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