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Oh là là! Parece que hay que buscar la receta original en un país vecino pero ni siquiera fronterizo y la iniciativa de una reina que perdió la cabeza.

Maria Magdalena Ziegler

(Mayo 8, 2018). No, sentimos destrozar sus fantasías. Es Austríaco, vienés para ser más exactos y su verdadero nombre es “kipfel”.

Seguramente todos han comido un rico croissant en una pastelería que se autodenomina francesa. Quizás habrán bendecido al francés que creyeron le habría inventado. En todo caso, no hay duda que es el integrante más popular de la bollería francesa y es una lástima que al final no sea eso, francés.

La verdadera historia

Hace menos de 200 años, en París, comer un croissant era una verdadera exquisitez. Se podía comer en las pastelerías más exclusivas de las zonas más lujosas de la ciudad luz.

Aunque algunos sugieren que es posible que la desdichada reina María Antonieta introdujera el kipfel en Francia como un modo de tener cerca algunos de los platillos que más añoraba de Viena, esto es poco probable. Según señala el historiador Jim Chevalier, la más sólida evidencia histórica de ingreso del kipfel a Francia se encuentra en las manos de un emprendedor vienés de nombre August Zang.

Zang habría abierto una pastelería vienesa en París hacia 1838 y realizó una estupenda campaña de marketing de sus productos en prensa y adornando bellamente sus vitrinas. En poco tiempo, los parisinos se agolpaban a las puerta de la pastelería de Zang. Dos años más tarde París tenía más de una docena de pastelerías de estilo vienés, sirviendo claro el kipfel.

Pero los franceses decidieron darle un toque especial al extranjero kipfel y lo prepararon con pasta de hojaldre. Nacía así la quintaesencia de la pastelería francesa. Ese delicioso bollito que se deshace en la boca y deja volar las migajitas por todas partes al morderlo. Se le bautizó entonces como “croissant” debido a su forma de luna creciente.

El ascenso de una estrella

Foto: Pixabay.

No será hasta 1915 que el pastelero francés Sylvain Claudius Goy se dio a la tarea de escribir la receta del croissant, especificando algunas técnicas para hacer de la masa algo más crujiente y esponjosa. Esta receta es hoy la base del moderno croissant.

Durante la primera mitad del siglo XX el croissant se hizo muy popular en toda Francia y es entonces cuando asume plenamente su nueva nacionalidad a los ojos del mundo. Pero no será hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la industria de los alimentos le difundirá por el mundo y hallaremos este panecito en todas las mesas.

¿Hay algo más francés que un croissant? Pues probablemente sólo el famoso beso francés, que dicho sea de paso tampoco es originario de Francia sino de la India, referido en el mismísimo Kama Sutra (siglo V a.C.). Pero eso es harina de otro costal.

 


Imagen inicial: Pixabay.com.

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