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¿Los incendios del Amazonas fueron provocados por ONG’s?

¿Los incendios del Amazonas fueron provocados por ONG’s?

Mayormente falso.

Mientras Bolsonaro acusa a ONGs de sabotaje, la mayoría de las pruebas -incluso de la NASA- apunta a la deforestación.

(Agosto 24, 2019 – Javier Brassesco). Ante unos incendios que desde hace más de un mes avanzan a un ritmo récord en el Amazonas (más de 74 mil incendios en todo Brasil, más de la mitad de éstos en la región amazónica, un aumento de al menos 84% con respecto al año pasado), el presidente brasileño Jair Bolsonaro asomó una acusación que extrañó a muchos: los mismos podrían estar siendo provocados por activistas de diferentes ONG’s dedicadas a la protección ambiental.

“Puede haber, no lo estoy afirmando, acciones de esas personas de las ONG’s  para llamar la atención contra mi persona, contra el gobierno, esa es la guerra que enfrentamos”, para luego decir que “las ONG’s perdieron dinero, están desempleados ¿Qué pueden intentar? Quieren derrocarme”.

El presidente no aportó pruebas y tampoco lo afirmó de manera frontal, pero lo que dice es muy grave.

La opinión de los expertos

Sin embargo, lo que afirma el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), del Ministerio de Ciencia brasileño, apunta a la deforestación como la principal causa de estos incendios devastadores. De acuerdo a los estudios publicados a principios de agosto, solo en este verano la deforestación fue mayor que los últimos tres años.

Alberto Setzer, investigador del INPE, no cree que se pueda culpar al clima por estos incendios, pues no hay nada anormal en el clima este año, y los niveles de lluvia están apenas por debajo del promedio. La estación seca crea las condiciones para que los incendios se propaguen, explica, pero se inician por la acción de los seres humanos.

Thomas Lovejoy, ecólogo de National Geographic, no tiene dudas sobre la causa de estos incendios: “No hay duda de que es consecuencia del aumento de la deforestación”.

Las palabras de Ricardo Mello, jefe del programa amazónico del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) también apuntan en ese sentido: “los incendios son causados por el aumento de la deforestación que se ha visto en los días recientes”, y sacó a colación otro dato del INPE: la deforestación en julio de este año fue 88% mayor a julio del año pasado.

Greenpeace también asegura que es la deforestación la causa de estos incendios, pues el uso del fuego es una de las principales herramientas para deforestar. Y argumenta que ocho de los diez municipios más afectados por los incendios son también los que registraron una mayor deforestación.

Gran parte del mensaje de Bolsonaro, como denunciaron muchos ambientalistas en la campaña, estaba a favor de abrir el Amazonas para las empresas.

Nuestra validación

Bolsonaro lanzó una acusación contra las ONG’s que adversan su política ambiental, aunque él mismo reconoció no tener pruebas.

En tanto no presente dichas pruebas, no podemos tomar seriamente sus acusaciones. Mientras tanto, todos los expertos consultados al respecto, incluyendo estudios de un instituto adscrito al ministerio de Ciencia brasileño, apuntan a la misma causa para explicar el efecto devastador de estos incendios: el aumento de la deforestación en la región amazónica.

Más sobre las causas de las incendios


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La información falsa también incendia el Amazonas


Imagen inicial:  Pixabay.

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¿Está disminuyendo el déficit comercial de EEUU con Japón?

¿Está disminuyendo el déficit comercial de EEUU con Japón?

Las cifras demuestran que el déficit no ha hecho otra cosa que crecer.

(Agosto 23, 2019 – Javier Brassesco). Desde una planta de Shell en Monaca, Pensilvania, el presidente Donald Trump se quejó del déficit existente con Japón en bienes y servicios (diferencia negativa entre lo que se importa desde ese país y lo que EEUU exporta), pero afirmó que esa situación ya está cambiando de manera acelerada en su administración.

Estas fueron sus palabras exactas:

Se lo dije al primer ministro Abe, un gran tipo. Le dije que teníamos un gran déficit con Japón. Ellos nos envían miles y miles, millones, de automóviles, y nosotros le enviamos trigo. Trigo. No es un buen negocio. Y ellos ni siquiera quieren nuestro trigo. Lo compran para hacernos sentir que estamos bien. Lo hacen para hacernos sentir bien. Pero el déficit es gigantesco, aunque ya eso está cambiando de manera acelerada.

De acuerdo con las cifras del Buró de Análisis Económico, la afirmación de Trump es falsa. El déficit comercial con Japón más bien creció 2,6% en los primeros dos años de su administración, pasando de 56,53 mil millones de dólares en 2016 a 57,98 mil millones en 2018.

Y ha seguido creciendo en lo que va de 2019, y en el primer cuarto de año el déficit fue el mayor desde 2012: 15,6 mil millones.

El déficit con Japón es aún menor del déficit comercial con China (381 mil millones), México (79 mil millones) y Alemania (67 mil millones).

Su afirmación respecto a los automóviles es cierta: desde 2014 Japón ha exportado más de 8 millones de vehículos a Estados Unidos, mientras que en ese período Estados Unidos solo ha exportado 100 mil hacia Japón, de acuerdo a la Asociación de Comercio Internacional.

Pero el deficit comercial en materia automovilística con Japón también ha crecido entre 2016 y 2018, pasando de 38,7 mil millones en 2016 a 39,8 mil millones el año pasado.


Imagen inicial: Pixabay.

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¿Venezuela prohibió el porte de armas a civiles?

¿Venezuela prohibió el porte de armas a civiles?

En un país donde las leyes «se acatan pero no se cumplen», miles de armas no registradas u otorgadas ilegalmente a civiles pro-régimen, paramilitares o delincuentes, pululan en las calles.

(Junio 21, 2019 – Javier Brassesco). El congresista republicano Matt Gaetz, para ilustrar lo contraproducente que resulta prohibir el porte de armas a civiles, afirmó en una entrevista en Fox News que eso era precisamente lo que había llevado a cabo el régimen de Nicolás Maduro.

La ex jueza y hoy presentadora de televisión Jeanine Pirro argumentaba que algunas armas están cayendo “en las manos equivocadas”, en referencia a los recientes tiroteos de El Paso y Dayton, que dejaron un saldo de 31 personas fallecidas.

Y luego argumentaba Pirro que en Australia no tienen ese tipo de problemas porque los civiles no pueden tener armas, a lo que Gaetz respondió: “¿Sabes dónde también se confiscaron todas las armas? En Venezuela. Y ahora la gente no puede luchar para sacarse de encima a un dictador socialista”.

Primero hay que aclarar que en Australia no existe una prohibición total: tras un tiroteo masivo en 1996 en Tasmania que provocó la muerte de 36 personas, el gobierno respondió prohibiendo el uso de algunas armas, incluyendo las semiautomáticas.

Los tiroteos masivos (hubo 14 en Australia en la década del 80 y principios de los 90) disminuyeron significativamente tras la implementación de estas leyes, aunque en junio de 2019 una persona asesinó a otras cuatro utilizando una de estas armas que están prohibidas (el mercado negro de las armas es un problema real en Australia), justo cuando este tipo de sucesos parecía haber quedado en el pasado.

El caso venezolano

En el caso venezolano, la afirmación del congresista tampoco es del todo correcta.

En el año 2012 entró en efecto una prohibición de venta de armas de fuego y municiones a particulares supuestamente como una medida para atajar la tasa de homicidios, que en ese entonces era de 48 por cien mil habitantes.

También Nicolás Maduro promulgó en 2013 una ley de desarme, que castigaba con hasta 20 años de cárcel a quien poseyera un arma de forma ilegal.

Pero como suele pasar en Venezuela, todo eso ocurre solo en el papel: en la calle pululan las armas y existe un gigantesco mercado negro. La ley, como tantas otras, no va más allá del papel, y si un policía captura a un ciudadano con un arma ilegal, seguramente el asunto se resolverá por la vía del soborno o el decomiso de dicha arma, sin mayores represalias para su dueño.

La tasa de homicidios por habitante, que en 2018 fue de 81 por cada cien mil habitantes es la mayor para cualquier país del mundo, y deja claro que si algo abunda en Venezuela son las armas y las municiones, las mismas que están prohibidas por la ley.

 Los grupos afectos al gobierno, los paramilitares conocidos como “colectivos”, exhiben además de manera impúdica todo tipo de armas, incluyendo rifles de asalto, como se ha denunciado en innumerables ocasiones y como se ha podido ver en cientos de fotos.

Decir entonces que en Venezuela se prohibieron las armas es seguirle el juego al régimen, u observar las cosas desde la perspectiva de un país en donde las leyes se cumplen. En Venezuela hay legislaciones para todo, y se suele creer que cualquier problema se resuelve promulgando decretos vía ejecutiva. El problema es que en ese país las leyes, como reza el dicho popular, “se acatan pero no se cumplen”.


Imagen inicial: VK.

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EE.UU: ¿Los que más ganan pagan menos impuestos?

EE.UU: ¿Los que más ganan pagan menos impuestos?

Lo que dice Biden es consistente pero incompleto y en aquello que no dice está la refutación de su afirmación.

(Agosto 20, 2019 – Javier Brassesco). El precandidato demócrata y ex vicepresidente Joe Biden afirmó en Iowa que el 1% con mayores riquezas en Estados Unidos paga menos impuestos (porcentualmente, está claro) que la gente común.

“Estamos en una situación en donde ese 1% paga una tasa de impuestos menor porque casi todo lo que producen son ganancias de capital (capital gains) (…) más que un profesor, un bombero, un policía…”

Es una afirmación que suele repetirse mucho sobre todo entre los demócratas: los más ricos pagan menos impuestos que la gente común. Sin embargo, eso no es del todo cierto. Veamos.

Biden tiene un punto: el tope máximo en impuestos personales a las ganancias de capital está entre 20 y 23,8%, mientras que el tope del impuesto para ganancias ordinarias (ordinary income) es de 37%. Y también es cierto que estas ganancias de capital son producidas sobre todo por los más ricos.

Sin embargo, lo que dice Biden no es cierto: en realidad ese 1% de las personas con más recursos paga una tasa más alta en impuestos que los trabajadores de clase media.

Existe un análisis del Centro de Política de Impuestos (TPC por sus siglas en inglés), una organización sin afiliación partidista, que así lo demuestra.

Ese 1% al que se refiere Biden engloba a todos quienes ganan al año más de 783 mil dólares (en promedio ganan 2,4 millones), y ese grupo pagará en 2019 un total de 30,2% en impuestos. Y esa tasa es mayor a cualquier que esté por debajo de esa categoría.

Biden no especificó a qué grupo se refería cuando habló de “un profesor, un bombero, un policía…”, pero casi todos quienes detentan estas profesiones están en el grupo de los que ganan anualmente entre 50 mil y 87.300 dólares, que constituye el 20% de los contribuyentes. Y en promedio este grupo pagará en impuestos federales un total de 12,4%, que es bastante menos de la mitad de lo que pagará el segmento más alto.

Muchos alegan que lo que paga en impuestos ese 1% más rico es todavía muy bajo, pero ese es otro tema. El sistema impositivo estadounidense es progresivo, y en términos generales quienen más ganan, más deben pagar en impuestos.


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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¿Puso EE.UU. a Maduro en la lista de narcotraficantes?

¿Puso EE.UU. a Maduro en la lista de narcotraficantes?

Un video falso que recorre las redes es un buen ejemplo de porqué y cómo puede el usuario mismo  desmontar los bulos que invaden sus buzones de correo y mensajería.

(Agosto 20, 2019 – Fernando Nunez-Noda). Circula un video por Whatsapp y otras redes de mensajería con la siguiente «noticia»:

En los grupos de Whatsapp a los que pertenece quien redacta (en muchos de los cuales, precisamente, para capturar noticias falsas) ha circulado intensamente las últimas semanas. Como suele ocurrir, muchas personas -sensatamente- me lo envían con la pregunta de rigor: «¿Es verdad eso?».

El año pasado el gobierno de Estados Unidos acusó a Maduro y a otros miembros del régimen de beneficiarse del tráfico de drogas, cuyo paso y fomento desde Venezuela es altamente conocido. No obstante, no se le ha señalado expresamente como narcotraficante. Es muy posible que este video se corresponda a esos eventos, pero se está difundiendo como actual y en una denominación que no corresponde a lo que ha ocurrido. 

En juilo de 2017 Maduro fue añadido a la lista de sancionados en la OFAC, por violaciones de DD.HH., pero no expresamente a una lista de narcotraficantes.

¿Cómo desmontar una noticia falsa o dudosa?

Las noticias falsas suelen ser muy impactantes y espectaculares, por eso tiene 70% de probabilidad de ser compartidas, según una investigación de un minucioso y prolongado estudio realizado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en 2018. Ese carácter impactante estimula la impulsividad, es decir, la tendencia a aceptarlo como cierto y compartirlo sin la menor sombra de duda.

No obstante le dejo a nuestros estimados lectores algunas recomendaciones para cuando llegue el próximo audio, video o «noticia demasiado buena para no compartirla»:

* Dude todo lo que le llegue. Domine la tentación y el impulso de compartirla. Le dará prestigio si es cierta, pero precisamente lo contrario si es falsa.

* Vaya inmediatamente Google o, preferiblemente, a Google News y pregunte algo como: ¿Puso Trump o gobierno de Estados Unidos a Nicolás Maduro en lista de narcotraficantes? Si la noticia es cierta aparecerán decenas de resultados, porque un evento como éste sería noticia internacional. Si no aparece, la noticia es falsa o es una noticia vieja mal explicada.

* Si quiere mayor comprobación dese una vuelta por sus redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram. Es posible o que nadie hable de eso o que ya esté desmontada por usuarios que están entrenados en estas lides. Obviamente habrá muchos compartiéndola, pero usted -por supuesto- no lo creerá.

* Aunque poco probable, es posible que algo que nos llega sea cierto pero tan reciente que no haya sido reseñado aún por medios confiables. Ésa es la excepción. También puede ocurrir que sea una noticia vieja, mal interpretada o un clic real pero con el audio intervenido. No obstante, es igualmente recomendable no rebotar la información como cierta sino: a) Revisar muy frecuentemente los medios profesionales de alto perfil que, de ser cierta, la reseñarán muy pronto; b) Preguntarle a periodistas o personas relacionadas con el caso en cuestión; c) Ir a fuentes primarias o que reseñan fuentes primarias (como Google News) o, en este caso: la página de la Secretaría de Estado de EE.UU., o de la DEA, etc.; d) En todo caso, puede compartirla pero siempre con un encabezado que señale duda o deseo de confirmación: «¿Es cierta esta noticia?», «¿Alguien puede confirmar esto?», etc.

* Evite el «Como me llegó lo reboto» porque es ambiguo y generalmente se entiende que ha sido aceptado como cierto por el emisor.

* Otra cosa. Son conocidas y documentadas las relaciones de Nicolás Maduro y su régimen con el narcotráfico, no en balde personajes como Tareck El Aissami están claramente identificados como operadores del narcotráfico internacional. No es extraño que Maduro sea señalado expresamente por este delito y puesto en una lista específica, pero no ha ocurrido expresamente. La noticia es falsa hasta que aquello ocurra.

Adicionalmente, aquí tienen un pequeño manual para desmontar noticias falsas:

Cómo enfrentar las noticias falsas (Un pequeño manual)


Imagen inicial: VK con captura de pantalla del video en cuestión.

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China y cómo controla digitalmente a su población

China y cómo controla digitalmente a su población

China usa cuatro herramientas para controlar a su población. Vea cuáles son y cómo funcionan.

(Agosto 18, 2019 – Redacción). La Fundación para el Progreso, FPP con sede en Chile ha publicado un excelente artículo y video sobre cómo China mantiene una censura draconiana sobre sus ciudadanos. Lo explica la periodista e investigadora Sascha Hannig, Coordinadora de Proyectos del equipo de Relaciones Internacionales de la FPP. Esta censura y control social se realiza desde el tope de la jerarquía china a través de cuatro acciones de control social:

Las cuatro herramienta chinas para el control social son:
1. La Gran Muralla Digital
2. Crédito Social Digital
3. Supervigilancia orwelliana
4. Lealtad público-privada (por las buenas o por las malas)

Sascha Hannig es coordinadora de Proyectos del equipo de Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso (FPP). Periodista, minor en historia y economía de Oriente, candidata a Magíster de la Universidad Adolfo Ibáñez y Alumni de la Universidad el Cato 2013. Fue presidenta de la Federación de Estudiantes de la UAI (2016) y colaboradora en El Mercurio. Ha publicado novelas de ficción (2010, 2012, 2015) y artículos académicos en análisis internacional.

Artículo completo de f.p.p.

Distopía Digital: Cuatro herramientas que China usa para controlar a su población

Publicado en: https://fppchile.org/es/distopia-digital-cuatro-herramientas-que-china-usa-para-controlar-a-su-poblacion/

«Este sitio web no está disponible», decía la pantalla de la computadora, llena de ideogramas y garabatos que no tenía cómo entender. Había tratado de entrar a Facebook, Google, Twitter, Hotmail, Yahoo —¡lo que fuera!— para escribirle a mi familia y amigos. Tenía 16 o 17 años, acababa de llegar a China y era ingenua. Llamé a la recepción del hotel donde me había alojado en Shenzhen y me dijeron que nada de eso «existía». Entonces pregunté cómo podía comunicarme con el resto del mundo. Debía usar WeChat (el «Whatsapp» chino) o, según me dirían mis conocidos después, «burlar la seguridad» con un VPN y fingir ser un computador irlandés.

Esa primera experiencia con «La Gran Muralla Digital» (The Great Firewall) me dejó un sabor amargo en la lengua, como sucede a muchos extranjeros que chocan con ella[1]. Y es que, si bien hay alternativas chinas para gran parte de las redes que utilizamos en Occidente, todas carecen de elementos que, para quienes crecimos como internautas, son esenciales: la libertad de acceso, la comunicación abierta con la comunidad o la producción libre de contenidos. El gobierno de China, en lugar de esto, dispone de un sistema que controla y censura activamente todo lo que se produce.

Parece increíble. En Occidente damos por sentado que internet es una herramienta que nos libera y «horizontaliza» el poder. Solemos creer que la tecnología siempre aporta a nuestra calidad de vida, y que es el resultado del trabajo de muchos actores de distintas naturalezas y adscripciones — ingenieros, inventores, académicos, empresas privadas y organismos gubernamentales con ciertos grados de independencia, etcétera— [2], pero no es necesariamente así, al menos, no para China.

El control tecnológico del gigante asiático va más allá de borrar contenidos o prohibir plataformas occidentales. Tecnologías como la inteligencia artificial, la ciencia de datos, el control de la información y los más modernos avances, se han convertido en aliados que, posiblemente, lleven al país a ser la primera distopía digital de la historia. En particular, hay cuatro herramientas que el Partido Comunista Chino (PCC) utiliza hoy y que podrían llevar en esa dirección.

1. La Gran Muralla Digital

La censura del contenido por parte de gobiernos autoritarios es una práctica tan vieja y común que ya forma parte de sus manuales de ejercicio del poder. En el siglo XX, la manipulación y monopolización de los medios de comunicación, así como «pinchar teléfonos», leer la correspondencia privada y sesgar ideológicamente la educación, fueron herramientas que permitieron a las dictaduras controlar y caracterizar a sus enemigos para evitar que la población conociera sus errores junto a las las atrocidades que muchos cometían contra la población[3].

Para China, un país regido por una dictadura nacida en el siglo XX que alcanzó la «era de la información», la llegada de internet significó un desafío. Si bien ha sido una oportunidad para el crecimiento del país —China es hoy uno de los pioneros en economía digital[4]— también ha supuesto una potencial amenaza para la estabilidad y el control de la información, celosamente custodiada durante toda la historia de la República Popular. Así, desde fines de la década de los noventa, y prácticamente al mismo tiempo que internet comenzó a masificarse, las autoridades decidieron que internet debía ser tratado como un asunto de seguridad nacional[5]. De ahí la idea de levantar una protección, una muralla, para contener los peligros. A esto se le llama, The Great Firewall, aludiendo a la Gran Muralla China que dividió al país de sus enemigos antes de la conquista mongola.

¿Cómo hacerle frente a una tecnología de tan «alto riesgo», que prometía conectar, derribar barreras y darle voz a quienes estaban invisibilizados? Pues con una arquitectura de leyes, instituciones, empresas y otras herramientas tecnológicas diseñadas para la censura. Esto sumado ala combinación de estrategias orientadas al mercado, propaganda omnipresente, mecanismos de presión, persecución a disidentes y una importante inversión local e internacional para mitigar el impacto que esto significa para la imagen del país[6].

Dos décadas después, el resultado es una enorme y muy sofisticada máquina de control y censura que recrea una especie de realidad paralela en la que 800 millones de usuarios de internet, equivalentes al 54% de la población china[7], viven y operan en un sistema casi totalmente desconectado del resto del mundo.

El contenido que estos ciudadanos digitales pueden ver, producir o compartir, está limitado por legislaciones, filtros, rastreo, censores humanos e inteligencia artificial. Qiang Xiao, profesor de la Universidad de Berkerley, California, disidente chino y fundador del sitio China Digital Times, ha descubierto una serie de documentos sobre la estrategia del PCC a los que accede a través de informantes anónimos. El académico argumenta que existe una lista de noticias y comentarios que deben ser activamente prohibidos por los censores. Entre estos se encuentra todo lo que manche la imagen del PCC, que ataque al sistema o que aluda a los sistemas democráticos occidentales. También son objeto de censura cualquier cosa que fomente las asociaciones o sindicatos ilegales o, por ejemplo, que acuse la  restricciones a la libre expresión[8].

Y es que una broma, un comentario negativo o incluso una búsqueda curiosa constituyen una amenaza para los objetivos del PCC, que intenta mostrarse ante el mundo como un país exento de corrupción, estable y preocupado por el desarrollo[9].

“La gran victoria del sistema no es simplemente el bloqueo exitoso, sino que los ciudadanos no demanden información alguna y se conformen con el sistema”

Pero la limitación del acceso al contenido no es suficiente. El gobierno debe asegurarse de entrar en las mentes y los corazones de sus ciudadanos, normalmente mediante la exacerbación del nacionalismo y de ciertos valores políticos del sistema. Hay un enorme trabajo para posicionar ideas siguiendo una estrategia de «refuerzo positivo» que premia el «buen comportamiento». Por ejemplo, se le paga a ciudadanos para que escriban comentarios pro-gobierno en las redes y así influir en la opinión pública. Con el tiempo, se ha vuelto común la censura social o, más específicamente, el shaming (avergonzamiento público); son los mismos usuarios los que denuncian a quienes hablan en contra de los intereses del país[10]. Así, la gran victoria del sistema no es simplemente el bloqueo exitoso, sino que los ciudadanos no demanden información alguna y se conformen con el sistema[11].

Desde 2012, la administración de Xi Jinping ha puesto énfasis en el «microcontrol» de los comentarios, y la ley de ciberseguridad de 2017 ha profundizado la supervigilancia del comportamiento, aumentando las obligaciones que los proveedores y empresas digitales tienen con el Estado. Esto, además de limitar el uso de Virtual Private Networks (VPN), la herramienta con la que muchos se conectan a la red internacional[12]. En consecuencia, se han hecho comunes las penalizaciones a civiles que opinan en contra de los intereses de gobierno. Las multas no son demasiado altas en un principio (se encuentran entre US$ 50 a US$ 100), pero con el tiempo puede implicar condenas más graves[13].

 

2. Crédito Social Digital

Las restricciones en el uso de internet son un primer paso para conseguir el control, pero no son suficientes para lograr el monitoreo de la actitud y el pensamiento de los ciudadanos. Personas reprimidas suelen rebelarse, o simplemente burlar las trabas que se le ponen. Pero las convencidas, afianzan el sistema y cuestiona las propuestas extranjeras[14]. De esa lógica nació el Sistema de Crédito Social, cuyo fin es la «armonía social»[15], según el documento oficial del Consejo de Estado del 14 de Junio de 2014. Su propósito es:

“(…) hacia 2020, haber establecido las leyes fundamentales, regulaciones y estándares del crédito social. Haber creado un sistema de investigación que incorpore a toda la sociedad y su información (…), para así, darle total dominio a los mecanismos que promueven la confianza y castigan la mala fe o la desconfianza. (…) Establecer mecanismos de incentivo para la auto-corrección y la auto-mejora que se enfoquen en disminuir los actos que quiebren la confianza, y promover mecanismos que aseguren la protección de los ciudadanos que se han arrepentido de ellos (…) Establecer mecanismos de investigación de infracciones al sistema de crédito, además de castigar severamente la filtración al extranjero de secretos financieros o estatales. (…) Fortalecer el rol de la supervisión social”[16]

El párrafo anterior puede sonar algo críptico o excesivo, pero ayuda a explicar cómo China está juntando su infraestructura de supervigilancia cibernética con un sistema de puntuación similar al que se usa comúnmente para la evaluación financiera, que muchos asociamos a instituciones como Equifax, o para la evaluación de riesgo de clientes bancarios.

En occidente aceptamos que un sistema, a la hora de aprobar créditos, abierta y explícitamente verifique el comportamiento de deuda y pago para saber si una persona es disciplinada y confiable. Pero el uso que tiene en China estos registros es muy diferente y con otros fines. La vigilancia y los métodos de «premio y castigo» no se basan solo en el cumplimiento de la ley, sino que son parte de una evaluación moral y su propósito tiene consecuencias peligrosas en los ámbitos de la confianza y la libertad. Así, sustentado en una larga tradición «confuciana» de control social, el gobierno está constantemente supervigilando y evaluando a los usuarios[17]. De esta manera sabe si los ciudadanos son «de confianza», creen en las ideas del partido y son consecuentes con estas. De ahí la frase: «el gobierno pone el escenario, el pueblo canta en armonía».[18]

“Las personas se preocupan obsesivamente por sus puntajes sociales en todo momento y lugar, en especial cuando interactúan con otros que les evalúan.”

¿Y cómo funciona este sofisticado diseño? Pues, es similar a Nosedive, el primer episodio de la tercera temporada de Black Mirror[19], en el que las personas se preocupan obsesivamente por sus puntajes sociales en todo momento y lugar, en especial cuando interactúan con otros que les evalúan. Desde su entrada como piloto en 2015, el Crédito Sésamo ha sido presentado como un juego social (gamification). Los usuarios compiten por ser los mejores ciudadanos y cada individuo tiene una cuenta que asocia un puntaje a cada comentario, compra, palabra buscada o app descargada. Incluso cada aparato utilizado. En suma, todo el comportamiento online (e incluso offline), en todas las plataformas. ¿Y de dónde salen los datos? Las empresas de telefonía, internet, tecnología, e incluso de compra y venta, abren esta información al gobierno, que se ampara en sus mismas leyes para solicitar los datos. Un caso emblemático es el de la aplicación WeChat, que tiene más de 1000 millones de usuarios[20]. Además se han creado empresas dedicadas al procesamiento de datos para afianzar el sistema de crédito social[21].

En consecuencia, cada usuario tiene un puntaje acumulado, que es público y compartido a todos los contactos que tiene. Un buen ciudadano tendrá un puntaje alto, que podrá traducir en beneficios, como por ejemplo, permisos de viaje más holgados. Un ciudadano de «poca confianza» —aquel que utiliza VPN, compra en plataformas extranjeras, habla en contra del régimen o conversa con extranjeros— tendrá un puntaje bajo. Esto se traduce en castigos que van desde el rechazo social —ser «amigo» de estos ciudadanos baja puntaje— hasta el castigo directo, como la imposibilidad de viajar al extranjero. De hecho, en 2018, 23 millones de viajes (17.5 millones aéreos) fueron anulados por el gobierno por no contar con crédito social suficiente[22].

En el largo plazo, el mal desempeño en este «juego» puede hasta llevar a prisión. De hecho, ya se incorporaron al sistema las «listas negras» de deuda o comportamiento y la cadena del gobierno Xinhua ha informado en su sitio en inglés, en reiteradas ocasiones, lo efectivo que es el sistema[23].

China ya ha recurrido al gamification y el juicio de los pares para modelar otros comportamientos. Por ejemplo, la aplicación de la empresa Xiaomi recolecta información sobre el bienestar físico de los ciudadanos. Si uno tiene amigos en la app, estos pueden saber cuántos pasos uno caminó en el día, cuánto pesa e, incluso, cuál es mi «puntaje de salud». WeChat hace algo similar con el podómetro de la app, que compara los pasos que da un ciudadano con los de sus contactos.

En fin, el sistema de crédito social seguirá en marcha blanca hasta el próximo año, cuando se convertirá en obligatorio para todos los ciudadanos. Se trata de un trabajo de largo aliento que el país ha complementado con un amplio aparataje de propaganda para «cuidar la armonía y el bienestar de sus ciudadanos».

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Puede descargar el artículo completo en PDF.


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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