¿Qué sabemos de? AMLO populista

¿Qué sabemos de? AMLO populista

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Los antecedentes del presidente mexicano lo llevan por el camino del populismo latinoamericano. Pero en su acción y discurso específicos de la campaña hizo todo lo posible por mostrarse como un estadista pragmático y moderado. ¿Signo de lo que vendrá o mero recurso para no levantar preocupaciones? No lo sabemos.

Ahora tiene el camino abierto y, aunque le otorgamos una K amarilla porque los indicios no señalan claramente una tendencia, estimamos que el populismo le será necesario para gobernar.  

Javier Brassesco

(Julio 14, 2018).

Es el principal señalamiento que sus adversarios le endilgan al tabasqueño: populista. Verifikado ya realizó un trabajo al respecto y llamaba la atención en el hecho de que en su programa de gobierno no hay demasiados indicios de populismo, y una y otra vez ha asegurado que respetará la autonomía del Banco Central, mantendrá los equilibrios macroeconómicos, no aumentará los impuestos y tampoco la deuda pública, rescatará el campo y reducirá los sueldos de altos funcionarios.

Tal vez una excepción es su promesa de duplicar la pensión a los adultos mayores, y sus detractores se preguntan de dónde saldrá ese dinero. Él ha dicho simplemente que de lo que se ahorre con la lucha a la corrupción, lo cual no es más que una generalización imposible de cuantificar o analizar.

Pero en general en el programa de gobierno de AMLO no hay demasiadas propuestas concretas, y sus detractores afirman que dicho programa no es más que una fachada para, una vez conquistada la presidencia, proceder a la estatización de empresas y a la derogación de reformas energéticas y educativas para que el Estado tenga una mayor injerencia en estas áreas.

“Lamentablemente nunca ha sido claro”, se lamenta Dworak hablando sobre AMLO, y afirma que es muy difícil predecir cómo será su política social y económica.: “Ha centrado cualquier solución en torno a su figura y a su capacidad personal para resolver cualquier asunto”.

Y cree que para conocer quién es AMLO es imprescindible conocer su discurso de 2005 cuando el presidente Vicente Fox intentó levantarle la inmunidad procesal: en lugar de utilizar argumentos jurídicos que el grueso de la población no comprende, habló de Fox como un títere de las mafias (esto de las mafias es un discurso que ha venido desde que se presentó en 1994 por primera vez, infructuosamente, a la gobernación de su natal Tabasco) y él la víctima de las mafias, todo mezclándolo con “anécdotas incomprobables y conspiraciones”.

Este discurso, dice Dworak, “debería ser obligatorio para todo estudiante de retórica política”:

 

“Ha sabido venderse como el hombre de la profecía del nacionalismo revolucionario, ostentando una honradez y pureza a toda prueba que lo hace ver como el paladín de la justicia social. Esto le ha permitido atacar desde una posición de autoridad…”.

 

 


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¿Donald Trump consultó con sus asesores posible intervención militar en Venezuela?

¿Donald Trump consultó con sus asesores posible intervención militar en Venezuela?

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Confirmado por AP y observadores independientes, Donald Trump consultó posibilidades de la opción militar para Venezuela en agosto de 2017. Luego lo conversó con el entonces presidente Santos de Colombia y otros mandatarios y funcionarios. 

No obstante, no hay evidencia de que haya planes más allá de estas preguntas exploratorias. Pero lo dijo.

(Julio 5, 2018). El episodio es del año pasado pero se ha venido a saber recientemente, reportado por el Nuevo Herald con insumos de AP:

En agosto del año pasado, durante una reunión en la Oficina Oval, el presidente estadounidense Donald Trump hizo una pregunta que sobresaltó a sus asesores: dado que la situación en Venezuela amenaza la seguridad regional, ¿por qué Estados Unidos no puede invadir el país sudamericano?

 

La pregunta dejó atónitos a los presentes, entre ellos el secretario de Estado, Rex Tillerson, y el consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, que ya no forman parte del ejecutivo estadounidense.

 

El relato hasta ahora desconocido de la conversación procede de un alto funcionario del gobierno familiarizado con lo que se dijo entonces, que habló bajo condición de anonimato por lo delicado del asunto.

De acuerdo con este recuento:

  • Trump “dijo que había varios ejemplos de lo que consideraba el uso exitoso de la fuerza en la región”: Panamá y Granada en los 80.
  • En Agosto 11, 2018, Trump mencionó una “opción militar” para derrocar a Maduro. Según declaran estos ex funcionarios, lo conversó con el entonces presidente colombiano Juan Manuel Santos. “Dos altos cargos colombianos confirmaron la información”.
  • El website Politico señala que “durante la Asamblea General de la ONU, Trump volvió más extensamente sobre el tema en una cena privada con Santos y otros tres aliados latinoamericanos”.

Otro reporte aclara que:

Eso sí, el oficial al tanto de los comentarios privados de Trump afirmó que “no había un plan inminente de un ataque militar” y atribuyó los comentarios a Trump “hablando en voz alta”.

 

“El Presidente dice y piensa un montón de cosas diferentes”, dijo el funcionario. “Él solo piensa en voz alta”, añadió.

Nicolás Maduro, con retórica predecible, reaccionó en Julio 4, 2018, dirigiéndose al bastión que soporta su régimen: los militares:

“No puede bajar la guardia ni un segundo, porque defenderemos el derecho más grande que tiene nuestra patria en toda su historia (…) que es vivir en paz”, dijo Maduro este miércoles durante una ceremonia de ascensos de generales y almirantes.

Conclusión

¿Lo dijo? Sí. Sin embargo, hay un largo trecho entre la retórica y una posible intervención militar. Los riesgos militares no serían muchos, dada la baja calidad el ejército que sostiene el régimen de Nicolás Maduro, pero la cuesta diplomática sería muy empinada y el costo político potencialmente muy alto.

No obstante, no se puede negar que el tópico ya se ha puesto en la mesa.

 


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¿Qué sabemos de? AMLO y las relaciones con Estados Unidos

¿Qué sabemos de? AMLO y las relaciones con Estados Unidos

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De ambos lados de la frontera hay palabras amables y aparente buena voluntad, pero eso es costumbre en toda presidencia que comienza. La prueba vendrá cuando comiencen los tópicos reales a negociarse y tratarse.

Seguiremos, en particular, la retórica de ambos presidentes y las iniciativas y reacciones en áreas como: inmigración legal e indocumentada; las negociaciones del TLC; las concordancias o desacuerdos con la política de EE.UU. hacia Latinoamérica y todo tema bilateral que ponga a prueba la fluidez de las relaciones.

Javier Brassesco

(Julio 5, 2018). Algo que debemos destacar antes que nada es lo cauteloso que se mostró AMLO en la campaña a la hora de tratar este tema: nunca llegó a hablar mal de Trump. Después de su victoria del domingo declaró que “con el gobierno de Estados Unidos buscaremos una relación de amistad y cooperación para el desarrollo, siempre afincada en el respeto mutuo y en la defensa de nuestros paisanos que viven y trabajan honradamente en ese país”.

El lunes siguiente a la elección, Trump dijo por su lado que había mantenido una “gran conversación” con López Obrador, con quien anticipó una “muy buena relación” y cooperación en los temas migratorios. También lo felicitó a través de su medio preferido, Twitter:

 

En principio las cosas comenzaron bien, y está claro que las intenciones de AMLO no son de confrontación (por ahora): entre tantas cosas que ha dicho, no ha tenido una sola palabra contra Trump desde que fue electo presidente de Estados Unidos.

Y aunque afirmó que durante su gobierno se revisarán los millonarios contratos acordados con empresas privadas tras la reforma energética, no se refirió al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que renegocian Estados Unidos, México y Canadá por exigencia de Trump, quien ha sido muy crítico del mismo.

Pero no hay que perder de vista que el presidente de EEUU,  fiel a su agenda “EEUU primero”, ya ha tenido roces con aliados tan cercanos como Trudeau (Canadá) , Merkel (Alemania) o Macron (Francia).

Y la presión que ha ejercido Trump en temas migratorios, sus constantes afirmaciones de que México no hace todo lo que podría en esta materia , y sobre todo su exigencia de que ese país pague por el muro que sigue empeñado en construir en la frontera sur, no permiten augurar una relación muy venturosa en el futuro cercano.

 


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¿Se acerca Nicaragua a una guerra civil?

¿Se acerca Nicaragua a una guerra civil?

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40%. Aunque el desenlace del período de protestas y violenta represión todavía no se ha develado, parece improbable que se desate una guerra civil como la vivida en ese país entre los años 1970s y 80s. No obstante, tampoco se descarta.

Por lo momentos, le otorgamos una K amarilla (indefinido) con tendencia a la baja, es decir, previendo que el régimen de Ortega logrará enfriar la amenaza con maniobras dilatorias (diálogo) o algunas concesiones políticas.

 

Javier Brassesco

(Junio 4, 2018). Dos meses y medio de protestas, más de 220 muertos (más de 300 según la Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos), violencia descontrolada, la economía en caída libre, un diálogo que no conduce a nada… el diputado opositor Eliseo Nüñez lo acaba de advertir: “Si el gobierno mantiene su postura de no ceder en la democratización, “estamos corriendo el riesgo de una guerra civil”.

Cuando las protestas apenas comenzaban (dieron inicio como manifestaciones por reformas en el sistema de seguridad social el 18 de abril), ya algunos anunciaron que se se avecinaba una guerra civil:

¿De verdad está cerca Nicaragua de una guerra civil?

El detalle es, como resalta la experta en seguridad Elvira Cuadra, que la gente no tiene capacidad ni logística, no tiene armas y menos de guerra como el gobierno “Policía y Ejército”.

Tampoco el abogado Mauricio Díaz cree que sea posible un escenario de guerra civil como la que en el país se vivió en los 70 y 80. En aquel momento fue posible pues se vivió en un contexto de guerra fría, en donde primero los sandinistas fueron apoyados por el bloque soviético a través de Cuba, y una vez en el poder (que conquistan en 1979), fueron combatidos a su vez por la recordada “Contra”, que fue armada y apoyada por Estados Unidos.

Todo esto lo sabe el gobierno y por eso apuesta al cansancio de la gente, a que la protesta vaya perdiendo fuerza y finalmente se desaparezca, tal y como sucedió en Venezuela.  Mientras tanto utiliza tácticas dilatorias como el llamado a un diálogo que difícilmente logre algún resultado concreto toda vez que Daniel Ortega no está dispuesto a ceder en la principal exigencia de la oposición: que las elecciones de 2021 se adelanten para principios de 2019.

El problema es que la economía es Nicaragua es mucho más débil que en Venezuela, y la presión que enfrenta el gobierno de Ortega ante un país paralizado es muy grande: ya las previsiones de crecimiento económico de este año fueron recalculadas por el Banco Central, pasando de 4,8% a apenas 1%.

Nuestra validación

Es muy difícil prever el fin que tendrá la crisis nicaragüenses, y lo único que se puede hacer es prever escenarios: la presión de las trancas y las protestas, sumada a la presión internacional, pudieran hacer que el ejército finalmente se decidiera a intervenir, bien directamente (golpe de estado) o, esto es lo más probable, a través de presiones para que Ortega adelante las elecciones.

También pudiera tener un fin parecido al venezolano, con el desmontaje paulatino de las protestas por cansancio de la gente. Aunque en Nicaragua las protestas parecen mucho más fuertes (tal vez por la mayor pobreza de sus habitantes  y a que tienen una larga historia de luchas intestinas), y por eso mismo ha sido más brutal la represión.

En cualquier caso, el escenario de una guerra civil propiamente dicha no parece posible, básicamente porque el monopolio de las armas en Nicaragua lo tiene el gobierno a través de sus militares y policías.

 


Imagen inicial: VK con insumos de WikiCommons.

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¿Qué sabemos de? AMLO caudillista

¿Qué sabemos de? AMLO caudillista

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A partir de este artículo seguiremos diversos aspectos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su gobierno. La idea es verificar y validar las noticias que circundan su ejecución, logros, conflictos y controversias.

Respecto al caudillismo, hay signos. Entérese de cuáles son y a qué debemos estar atentos para evaluar el carácter autoritario, carismático o hegemónico del nuevo presidente mexicano. Estudiaremos su conducta y acciones de liderazgo; el ejercicio del poder ejecutivo y otros indicadores.

Javier Brassesco

(Julio 3, 2018). El PRI gobernó México durante 71 años seguidos entre 1929 y 2000), y fue llamado “la dictadura perfecta”  (la expresión es de Mario Vargas Llosa). Pero era una dictadura partidista, sin caudillos. En efecto, aunque el PRI contó con fuertes líderes como Lázaro Cárdenas o Miguel Alemán, éstos fueron siempre fieles a la línea del partido.

Morena, en cambio, es el partido de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), él lo fundó, él lo organizó y él lo dirige. Todos  los spots publicitarios de los candidatos de este partido a las nueve gobernaciones que estaban en juego en esta elección (Morena ganó seis de estas nueve, incluyendo México DF), contaban con una segunda parte en donde aparecía López Obrador.

Su propio carácter, siempre reacio a las críticas, y su tendencia a clasificar a la gente en quienes le siguen y quienes le adversan, pueden hacer pensar en un ejercicio caudillista.

También su visión de la historia corresponde al simplismo de un caudillo, como resalta el analista Fernando Dworak; “Santa Anna nos traicionó, los españoles y estadounidenses nos saquearon y el Porfiriato era el infierno. Solo de acuerdo con este discurso sobresimplificador pueden convivir como próceres un liberal como Benito Juárez y un estatista como Lázaro Cárdenas, por ejemplo. ¿Es un discurso atávico? Lo es”.

Sus críticos lo tachan además de mal perdedor, y recuerdan que en la elección de 2006, que perdió por 0,56% ante Felipe Calderón, desconoció los resultados y bloqueó la principal avenida de México DF, Paseo de la Reforma, por semanas. Hasta se autonombró “presidente legítimo de México” y se colocó una banda tricolor en el pecho. Quienes lo apoyan afirman hoy que hizo todo eso para aplacar a sus seguidores y evitar la violencia.

Dworak afirma incluso que AMLO es mucho más caudillista que izquierdista: “Es posible que dentro de unas décadas, cuando se escriba la historia, el tabasqueño no sea recordado como un político de izquierda sino como el último líder de masas del nacionalismo revolucionario”.

México tendrá un gobierno personalista, pero faltará ver hasta dónde puede llegar o hasta dónde lo dejan llegar: al fin y al cabo una dictadura (“abierta o encubierta” en las palabras de AMLO cuando en su discurso tras la victoria dijo que no apuesta a eso) en un país con una frontera terrestre con Estados Unidos no parece algo posible.

En el país existe además un tema tabú que ni siquiera López Obrador ha apoyado hasta ahora: la reelección, que fue una de las claves para la pacificación del país hace casi cien años luego de la sangrienta Revolución Mexicana. AMLO incluso manifestó claramente estar en contra de la reelección.

 

Conclusión

De caudillismo, hay signos. Estudiaremos su conducta y acciones de liderazgo; el ejercicio del poder ejecutivo y otros indicadores. Por los momentos partimos con una K amarilla con 50%. ¿Hacia arriba o hacia abajo? Veremos.

 


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López Obrador, Presidente de México

López Obrador, Presidente de México

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Tal como lo predijeron las encuestas confiables y lo anticipamos en VerifiKado, AMLO gana la presidencia con amplio margen.

Ya sus rivales han reconocido la victoria, así como mandatarios de todo el mundo. AMLO será un tópico de seguimiento muy importante para nuestro medio.


ACTUALIZACIÓN DE JULIO 2, 2018. Andrés Manuel Lopéz Obrador ha ganado las elecciones de México, tal como habían anticipado todas las encuestas y habíamos reportado en VerifiKado. BBC reporta:

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y sus seguidores celebran ya lo que llevan esperando desde su primera postulación en 2006: una victoria en las elecciones presidenciales de México.

 

(…) El político de 64 años, de la coalición Juntos Haremos Historia, obtendría un margen de entre 53,0% y 53,8% de los votos, según la autoridad electoral.

 

“Los cambios serán profundos, pero se darán con apego al orden legal establecido. Habrá libertad empresarial, libertad de expresión, de asociación y de creencias”, dijo.

Artículos de interés

En Verifikado seguimos la campaña mexicana, promediamos encuestas y predijimos el triunfo de AMLO. Seguiremos su gobierno con verificación en los temas claves.


¿Puede perder AMLO en México este domingo?

Javier Brassesco

(Junio 30, 2018). A solo un día de las elecciones presidenciales y parlamentarias mexicanas, Andrés López Obrador, líder de Morena, aventaja en más de 20 puntos a su más cercano seguidor,  Ricardo Anaya, del PAN.

¿Existe alguna probabilidad de que pierda sorpresivamente?

El diario El País de España, utilizando un modelo de análisis para interpretar decenas de encuestas y que tiene en cuenta la precisión histórica de los sondeos en este país, afirmó que López Obrador tiene 97% de probabilidades de imponerse, contra 2% de Anaya y menos de 1% de José Antonio Meade (PRI).

Para que AMLO perdiera tendría que ocurrir un fenómeno noticioso que revirtiera las tendencias, pero a un día de las elecciones eso ya es sumamente improbable. La otra opción es que las encuestas se equivocasen. Total las encuestas erran muchas veces, como ya sucedió con el Brexit o Donald Trump ¿No?. Pues no, no es lo mismo, ni cerca.

La opción por el Brexit fue calculada en 49% por el Financial Times y finalmente obtuvo 52%, es decir, un error de tres puntos porcentuales.

En cuanto a Trump, el sitio especializado RealClearPolitics, una fuente muy fiable que aglomeraba decenas de estudios, indicaba que la desventaja de Trump era de 3,3 puntos. Al final su desventaja fue de 2,09 puntos (alcanzó el 46,09% contra 48,18% de Hillary Clinton), aunque igualmente obtuvo la presidencia por el particular sistema electoral de ese país. Pero el error en términos absolutos fue de apenas 1,1%.

Algo que sí podría calificarse de error estrepitoso fue el del New York Times, que utilizando un respetable sistema llamado Upshot aseguraba que en Wisconsin (un estado clave)  Trump tenía 93% de posibilidades de imponerse. El hoy presidente estadounidense finalmente ganó la votación en ese estado.

Pero en general errores de más veinte puntos (es lo que tendría que ocurrir para que ganase algún candidato que no fuese AMLO) no es algo que se vea a menudo. A nivel internacional tal vez el caso más abultado de error en las encuestas fue cuando daban 14 puntos de ventaja al “Sí” en el plebiscito que se realizó en 2016 para avalar o no el acuerdo de paz con las FARC.

En México el error en las encuestas desde el año 2006 no ha estado más allá del 4%, incluyendo presidenciales y legislativas.

El mayor desacierto fue cuando en el año 2000 llegaron a asignarle 46% de las preferencias a Francisco Labastida, candidato del PRI que terminó perdiendo ante Vicente Fox y obteniendo diez puntos menos de lo anticipado. Pero entonces se denunciaron muchos manejos en las encuestas: al fin y al cabo la victoria de Fox significó el fin de una hegemonía de 71 años por parte del PRI.

Nuestra validación

Para que AMLO perdiese las elecciones tendría que ocurrir poco menos que un milagro. El promedio de decenas de encuestas le otorga una ventaja de más de 20 puntos, y su derrota significaría el mayor fiasco en materia de encuestas en los tiempos modernos.

Han existido sorpresas electorales, pero no se recuerda ninguna que lograse imponerse estando abajo más de 20 puntos en los sondeos.

 


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