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Los largos tentáculos de Odebrecht en Venezuela

Los largos tentáculos de Odebrecht en Venezuela

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La empresa brasileña ha dejado una estela de corruptelas en países grandes y pequeños de Latinoamérica. Sus efectos (encarcelamientos, un suicidio y tensión en decenas de operadores políticos) durarán por mucho tiempo. En Venezuela, con su opacidad pública, deja muchas dudas que implican al oficialismo con sobornos multimillonarios. También toca a líderes opositores como Henrique Capriles, por donaciones para campañas electorales.

(Abril 19, 2019 – Javier Brassesco). Tras el suicidio del ex presidente peruano Alan García poco antes de ser detenido por su implicación en la corrupta trama de la constructora brasileña Odebrecht, todo lo relacionado con esta empresa vuelve a ser noticia.

Y Venezuela es tal vez el país en donde Odebrecht operó con mayor libertad, llevada al país por el gobierno chavista para acometer grandes obras de ingeniería civil y de paso financiar campañas políticas. Y para todos los bandos.

En febrero el diario O Estado de Sao Paulo publicó parte de la información que la fiscalía suiza ofreció a Venezuela sobre el financiamiento que la compañía hizo a la campaña del líder opositor venezolano Henrique Capriles para las elecciones de 2012.  

Luego en marzo el boletín electrónico Gotham City, especializado en delincuencia económica, informó que siete bancos suizos fueron utilizados en un esquema de sobornos que la compañía había llevado a cabo en Venezuela para asegurarse contratos públicos. El principal involucrado es el gobierno chavista, pero también figura el nombre de Henrique Capriles entre los beneficiados.

En efecto, aunque se habla de que Odebrecht habría contribuido a financiar a la oposición en diez elecciones entre 2006 y 2012 (pero sobre todo al gobierno, no hay que perder esto de vista), el único nombre propio que ha salido a colación entre los líderes opositores es el de Henrique Capriles.

Una vieja historia

Euzenando Azevedo, el principal emisario de la compañía en Venezuela y quien hoy cumple una cadena de veinte años por corrupción, había hecho unas declaraciones en diciembre de 2016 sobre esta materia a cambio de beneficios procesales. Estas declaraciones habían permanecido en secreto pero se dieron a conocer por periodistas de Armando Info algunos meses después.

Azevedo dijo que había contribuido con dinero a la campaña de la oposición “para no poner todos los huevos en la misma canasta”. Hay dos cosas que dejó claras: con Capriles se reunió tres veces pero nunca habló de dinero, y la mayoría de los recursos ilegales fueron destinados al gobierno de Chávez.

El financiamiento a la campaña de Capriles se habría hecho a través de un empresario de nombre Benito Rodríguez. La investigación de Gotham City saca a colación otros nombres cercanos a Capriles como el empresario Juan Carlos Briquet Mármol, Rómulo Lander Fonseca y su esposa Lara Torbar Ramírez.

Empresas de Odebrecht inscritas en paraísos fiscales habrían transferido más de 5,5 millones de dólares a las cuentas suizas de estas tres personas.

Pero es una cifra que palidece al lado de los mil millones de dólares resguardados en la banca suiza y que fueron tomados de las arcas públicas para financiar el lujoso tren de vida de varios “boliburgueses”.

¿Qué tanto sabía Capriles?

La pregunta es ¿Conocía Capriles todos estos manejos? Fue inhabilitado políticamente por 15 años debido a este tema, pero él siempre lo ha negado. Como ya dijimos en Verifikado cuando realizamos una investigación al respectoaunque Azevedo afirma que nunca habló de dinero con Capriles, deducir que él no sabía nada es ingenuo.

Pero… ¿No es también ingenuo rechazar el financiamiento que te ofrecen cuando sabes que esa misma compañía le está entregando millones a tu contendiente?


Imagen inicial: VK

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Armamento ruso en Venezuela (Expediente)

Armamento ruso en Venezuela (Expediente)

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Desde el inicio del gobierno chavista en Venezuela, el armamento chino pero sobre todo ruso, han sido el pilar fundamental de la estrategia defensiva del régimen. En este expediente, lo último noticioso respecto a las capacidades militares venezolanas apalancadas por el régimen de Putin.

(Abril 15, 2019 -Redacción). En Abril 10 se publicaron imágenes satelitales de lanzacohetes en la base aérea Capitán Manuel Ríos, en Calabozo, estado Guárico, Venezuela. Esta actividad, monitoreada por EE.UU. y los aliados regionales, confirma lo que ya se sabe desde hace años: las armas rusas constituyen casi la totalidad del parque defensivo venezolano.

Comentan en un artículo de BBC:

La sombra del sistema antimisiles S-300

(…) Uno de esos equipos es el S-300, un sistema móvil de defensa antiaéreo con el que, de acuerdo con ISI, una firma especializada en recopilar y analizar imágenes satelitales para elaborar análisis de inteligencia, el ejército venezolano ha estado operando muy por encima de lo habitual en el mes de febrero.
.

Esta “actividad significativa”, como la describe ISI, ha llevado a algunos observadores a pensar que la llegada del personal militar ruso podría estar relacionada con el mantenimiento o manejo de estos equipos.

.

El S-300 ha sido un elemento disuasorio muy activo en la guerra de Siria, en la que contribuyó a que las fuerzas del presidente Bashar el Assad, aliado de Rusia, acabaran imponiéndose.

Armando a Venezuela

El artículo de BBC explica que:

(…) Rusia fue, junto con China, el principal proveedor del armamento adquirido entonces. Y suministró durante años varios modelos de aviones y helicópteros, así como tanques y unidades de artillería.

.

La gran aportación rusa a la capacidad disuasoria venezolana fue la venta de los cazas Su-30Mk2, según los expertos, un aparato capaz de competir con los más avanzados aviones de combate estadounidenses gracias a su potencia de fuego, maniobrabilidad y prestaciones.

.

La industria militar rusa proveyó también de tanques y unidades artilleras.

Expediente

Aquí dejamos un expediente con artículos sobre este tema que incide en la seguridad regional latinoamericana:


Imagen inicial: Gobierno ruso.

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Un país, dos presidentes ¿Hay casos similares a Guaidó-Maduro?

Un país, dos presidentes ¿Hay casos similares a Guaidó-Maduro?

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Aunque hay casos parecidos, en la historia antigua y contemporánea, ninguno se le acerca en las peculiaridades de esta situación sui generis.

(Abril 9, 2019 – De la columna de Fernando Nunez-Noda en El Nacional).

Es difícil explicar la situación de Venezuela a alguien que no la ha seguido de cerca. Si no, pregúntenle a Johanna Hausmann. A principios de año Juan Guaidó fue nombrado por la Asamblea Nacional como presidente interino del país. La razón fundamental es que la elección presidencial de 2018, en la que Nicolás Madurofue reelegido, no es reconocida por la AN, la oposición venezolana, una parte importante de la comunidad internacional y por una mayoría fronteras adentro debido a dos razones fundamentales.

La primera es que fue convocada por un poder tampoco reconocido, la asamblea nacional constituyente que usurpa funciones de la Asamblea Nacional y, segundo, porque Maduro a través del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, controlados por el chavismo, inhabilitaron a los candidatos opositores que tenían claras ventajas en las preferencias electorales, entre ellos Henrique Capriles y Antonio Ledezma.

Lo más complicado es explicar cómo puede haber dos presidentes en el mismo territorio, uno reconocido por 55 países (Juan Guaidó) más la OEA, el Parlamento Europeo, el BID, la Internacional Socialista et al. Y por otro Maduro, apoyado por 12 países (Rusia, China, Cuba y Turquía entre los de mayor población), algunas islas del Caribe y dictaduras como la siria.

La prensa ha cubierto el episodio con buen grado de detalle, aunque sin llegar a desentrañar lo inusual del caso. The New York Times habla de “Un país, dos presidentes”Miami Herald tituló: “Venezuela tiene ahora dos presidentes: ¿cuánto más puede durar la incertidumbre?” y, en general, el caso llamó atención mundial por lo poco usual. La situación actual se puede resumir como que Nicolás Maduro tiene el apoyo de la Fuerza Armada y buena parte del control interno; mientras Juan Guaidó tiene el apoyo de la Asamblea Nacional y ejerce el control de los activos venezolanos fuera del territorio nacional, como Citgo y cuentas bancarias recuperadas.

Establecido el marco general, muy simplificado por cierto, vamos a la pregunta que motiva este artículo: ¿existen antecedentes históricos y, sobre todo, casos históricos, recientes o actuales que reflejen lo que ocurre en Venezuela con dos presidentes en el mismo territorio?

No es extraño en la historia

En Quora, David Dunsmore, un entusiasta de la historia cuenta que:

«Tener dos monarcas o jefes de Estado es raro, pero ocurre en varios puntos de la historia. (…) La República Romana (entre 509 y 27 a. EC), tenía dos cónsules en la instancia más alta;en el imperio incaico [en el actual Perú], hacia el siglo XIII a.EC, la dualidad era un principio tan importante que cada cargo público era ocupado por dos personas. El Imperio Romano bajo la tetrarquía (hacia V d.EC), tenía dos emperadores principales (Augusti) con dos emperadores menores (Caesari) sirviendo bajo ellos.

También era bastante común en el Imperio Romano, el Egipto antiguo y ptolemaico, y otras monarquías el que un monarca mayor intentara asegurar una sucesión pacífica elevando a su heredero elegido a cogobernante.»

¿Y en el tiempo reciente o presente? “Andorra, San Marino y Suazilandia son los únicos países con dos jefes de Estado. Andorra tiene dos copríncipes: el obispo de Urquell y el presidente de Francia. San Marino es una república liderada por dos capitanes regentes en un sistema basado en la antigua república romana. Suazilandia está gobernada conjuntamente por un rey y su madre”.

Si la historia reciente es una guía

En un artículo de Emol, Diego Gaete cuenta que:

«Si hablamos de pugnas presidenciales, México sabe bien de eso. A principios del siglo XX, en noviembre de 1914, Eulalio Gutiérrez, quien había sido nombrado como presidente interino un año antes, fue desconocido de su poder por las fuerzas gobernantes de ese país: las villistas y zapatistas.

«En 2006, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador –quien ahora es presidente mexicano– se hizo con la posesión de la presidencia. Esto, a pesar de perder en los comicios contra el líder conservador Felipe Calderón. Lo realizado por López Obrador fue un intento para deslegitimar al ganador, por considerar como “fraudulentas” las elecciones de ese período. Es más, llegó a ser investido en un evento simbólico en el que se le otorgó una banda presidencial. De todos modos, Calderón juró a fines de diciembre de ese año».

Se menciona el caso de Costa de Marfil:

«Alassane Ouattara y Laurent Gbagbo se mostraban decididos a asumir el poder del país, al declararse vencedores de los comicios de 2010. Gbagbo fue proclamado como vencedor por 51,45% de los votos, según el Consejo Constitucional que estaba a su favor; mientras que Ouattara aseguraba haber logrado 54,1% en los comicios, resultado que fue invalidado por este mismo comité. Es más, ambos llegaron a juramentar el cargo. El primero siendo protegido por las tropas de la ONU y el segundo por el ejército local». Al final, Gbagbo fue instalado como presidente.

El caso de Gambia es otra referencia. En 2017 “el presidente titular de 22 años de Gambia, Yahya Jammeh, se niega a retirarse, pero los vecinos de Gambia han prometido apoyo al sucesor Adama Barrow.” El caso es que hubo meses muy tensos en un país con dos mandatarios, hasta que quedó Barrow. Y hay otros países africanos, como Kenia, que han vivido episodios similares.

¿Qué hace el caso venezolano algo único o al menos peculiar?

José A. Clavijo, ex diplomático venezolano, master en Política Internacional y colaborador de Verifikado, nos dice que el caso de Guaidó-Maduro “no tiene un antecedente contemporáneo ni reciente. En el caso de Gambia, Yahya Jammeh fue presionado por la comunidad internacional para dimitir.

“En Libia ocurre algo que se le acerca. Hay guerra civil. Hay un gobierno en Trípoli muy débil, atacado por el general rebelde Khalifa Haftar, quien tiene el poder sobre el terreno. Está acechando a Trípoli. Uno tiene el poder legítimo, el otro tiene el militar”.

Clavijo hace notar que en los ejemplos anteriores, ambas facciones enfrentadas están armadas. No es lo que ocurre en Venezuela, donde la asimetría es evidente.

Enumeramos algunas características de la situación posterior a Guaidó que lo hace distinto:

⇒ Tiene solo 3 meses y ha cambiado la dinámica política después de 20 años del chavismo (casi 6 bajo Maduro). Es decir, el cambio con Guaidó viene de la mismísima estructura legal del país (la Asamblea Nacional), pero ha tomado posesión de parcelas legales y de activos para un eventual gobierno. No es simbólico, tiene en sus manos activos muy concretos.

Lo reconocen las democracias de países latinomericanos y desarrollados del mundo: Toda Suramérica excepto Bolivia y Uruguay. Estados Unidos, Canadá, los países europeos (excepto Italia y Noruega, que tampoco apoyan a Maduro), Japón, Australia, y en general los países desarrollados han reconocido a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y a su gobierno. De los 12 países que apoyan a Nicolás Maduro los de mayor población y la mayoría son dictaduras: Rusia, China, Irán, Siria, Turquía y Cuba.

⇒ El gobierno de Guaidó tiene un control económico importante. Tiene en sus manos los activos internacionales de Pdvsa, Citgo y otros. En este nuevo liderazgo muchas cuentas bancarias, paquetes accionarios y otros activos nacionales pasan a su responsabilidad y según estándares internacionales. Estados Unidos y países europeos como Holanda (por las Antillas Neerlandesas) reconocen legalmente al gobierno de Guaidó y facilitan los trámites según la ley. A lo anterior se suman cuentas bancarias en Suiza, Andorra, San Marino y otros países con legislaciones tributarias especiales, que también han colaborado con autoridades del gobierno interino para rescatar dinero mal manejado o incluso congelación de cuentas personales de funcionarios y asociados chavistas.

⇒ Hasta ahora, Guaidó tiene libertad de movimiento en el país (así como lo tuvo internacionalmente en su viaje a Colombia). Hay advertencias muy contundentes de Estados Unidos por su libertad e integridad. Eso no ocurre con los casos similares.

⇒ Igual que en los ejemplos de otros países, la clave del poder interno está en la Fuerza Armada, pero en Venezuela además hay una sujeción logística y de influencia con Cuba. De modo que las decisiones sobre Venezuela no dependen solo de un régimen de legitimidad muy cuestionada (el de Maduro), sino de otro país (Cuba) copartícipe de la marcha del país bajo el chavismo.

⇒ Aunque el régimen chavista tiene el control de la FANB, no hay consenso general en su seno sobre el apoyo a Maduro. Es un ejército vigilado 24 horas al día, lleno de informantes, desarmado selectivamente, infiltrado por la guerrilla y muy ideologizado. No obstante ha habido deserciones, hay malestar por la represión (dadas las responsabilidades individuales que acarrea) y señales cada vez más amplias de desacuerdo. Está lejos de una sublevación, pero tampoco es un cuerpo sólidamente a favor del régimen.

Conclusión

El caso venezolano de Juan Guaidó y Nicolás Maduro tiene diferencias claves que lo hacen muy peculiar, único en su origen, alcance del control de cada mandatario, correlación de fuerzas nacionales vs internacionales y ejercicio general del poder. Independiente del resultado, será estudiado como un fenómeno inusual y asombroso.

Como todo lo que ocurre en Venezuela.


Imagen inicial: VK

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Coalición, invasión e intervención militar en Venezuela

Coalición, invasión e intervención militar en Venezuela

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Intervención, coalición e invasión son términos que suelen usarse indistintamente, pero hay clara diferencias que en muchos casos los hacen mutuamente excluyentes.

(Abril 4, 2019 – Javier Brassesco). En el caso venezolano muchos invocan la necesidad de una intervención militar para derrocar al régimen de Maduro, hoy aferrado al poder pese a tener en contra a casi todas las democracias del planeta. Pero otros hablan de invasión. Y los de más allá invocan una coalición. Veamos las diferencias entre cada término.

Intervención militar

En este mismo momento existe en Venezuela una intervención militar, solo que no la lidera Estados Unidos sino Rusia, y se ha llevado adelante con el beneplácito del régimen de Maduro. Incluso en la OTAN se iba a tratar este tema, según contó a EFE un alto representante diplomático de Estados Unidos, quien utilizó precisamente este término: intervención. En efecto, habló de “la intervención (de Rusia) en Siria y ahora su intervención en Venezuela”.

También se podría decir que Cuba tiene intervenida militarmente a Venezuela, pues se ha denunciado hasta la saciedad la presencia de agentes cubanos en puestos clave del anillo de seguridad de Maduro y los principales órganos de inteligencia: el Dgcim y el Sebin. Cuba, sin embargo, ha negado estas acusaciones.

Una intervención militar de Estados Unidos pudiera darse en la forma de bombardeos selectivos, por ejemplo, pero es una opción muy costosa para la población civil. En Libia se dio recientemente (2011) una intervención de este tipo, y si bien se puede decir que fue exitosa al terminar derrocando a Gadafi, lo cierto es que la misma no trajo la paz a este país. Además hay algo que no se dice mucho: fueron siete meses de bombardeos antes de que cayera el dictador.

Coalición militar

La coalición militar se refiere a la alianza de varios países para realizar una operación militar conjunta. A veces incluso puede tratarse de una misión de paz, como sucedió recientemente en Venezuela: el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio autorizó “si fuera necesario” la conformación de una coalición militar en misión de paz para ayudar a ingresar la ayuda humanitaria.

Pero esa vez quedó claro que eso de la coalición militar internacional depende justamente de la voluntad de los países extranjeros, no es potestad de Juan Guaidó, como muchos creen.

Pese a las excelentes relaciones que Estados Unidos mantiene con vecinos de Venezuela como Colombia y especialmente Brasil, esta es una opción que no parece muy probable en el cercano plazo.

El grupo de Lima,  cuyos integrantes rechazan de plano a Maduro, se ha pronunciado siempre en contra de la opción militar en el caso venezolano.

Invasión militar

La invasión militar es la entrada de fuerzas armadas de un país o una coalición de países en un territorio controlado por otra entidad geopolítica.

Como decíamos que es poco probable que se forme una coalición militar para llevar adelante una invasión, esta iniciativa caería entonces solo en las espaldas de Estados Unidos. ¿Qué tan probable es que la primera potencia mundial decida actuar en este sentido?

Para el tema venezolano parece haber coincidencia entre los dos grandes partidos del país y también la opinión pública. Sin embargo, y aunque seguramente sería una acción bastante rápida (las fuerzas armadas venezolanas no parecen tener la moral muy alta y es dudoso que se inmolen por alguien tan repudiado en lo interno como Maduro), involucraría la movilización de al menos cien mil marines. ¿Está dispuesto Trump a dar este paso?

Lo vemos muy difícil: Trump es una persona impredecible, pero hasta ahora se ha mostrado reticente a comprometer tropas estadounidenses en misiones en el exterior, e incluso ha retirado tropas de Siria y tiene planes para hacer lo mismo en Irak y Afganistán.


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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¿Jura decir la posverdad y nada más que la posverdad?

¿Jura decir la posverdad y nada más que la posverdad?

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La “verdad” forjada y creída por autoridad, no por ciencia, que se acepta sin cuestionamiento por fanatismo o conveniencia, es una seria enemiga de la democracia y de las sociedades libres. Un artículo de nuestro Director lo comenta.

(Abril 2, 2019 – Fernando Nunez-Noda). Nuestro “Pequeño Diccionario de Noticias Falsas” dice de “posverdad” que:

(También llamada política “post-factual” o “política post-realidad”) es una cultura política en la que el debate se enmarca [en las] emociones (…) y en [el rechazo a]  las refutaciones fácticas. La posverdad [relega] la verdad a una preocupación de importancia secundaria en relación con la apelación a la emoción. Típica de regímenes, movimientos o líderes autoritarios es un conjunto de contenidos, valores e interpretaciones que no se validan por la ciencia o los hechos forenses, sino por la autoridad de quien las emite.

La posverdad revela muchos aspectos, no solo de la sociedad de masas, sino de las nuevas figuras que ha traído internet. Recordemos qué es: Un conjunto de contenidos, valores e interpretaciones que no se validan por la ciencia o los hechos forenses, sino por la autoridad de quien las emite. Típico de regímenes, movimientos o líderes autoritarios o carismáticos.

Las religiones y movimientos seudoreligiosos han sido pioneros en este creer sin pruebas o incluso con evidencias en contra. El nazismo y el comunismo son dos ejemplos de lavado de cerebro, de adoctrinamiento que transforma al individuo en un dogmático que solo aceptar una verdad, sin siquiera considerar que puede haber alternativas.

Pero ahora la “posverdad” se ha hecho “mainstream”: súbitamente tenemos graduados universitarios creyendo en que la Tierra es plana, que hay una raza reptiliana de alienígenas infiltrados, que ante una verdad científica puede tener valor una “verdad alternativa” sin comprobación forense… ustedes me entienden. ¿No? A mí me cuesta entenderlo también.

Así que he investigado el asunto en decenas de posts y comentarios en blogs, Facebook, Twitter, Reddit y otras redes. Comparto algunos hallazgos.

La conversación en redes sociales rara vez es un intercambio de conocimientos. Casi en su totalidad, un ejercicio de poder, una forma de imponer las ideas propias.

Más de la mitad de las conversaciones revisadas parecen tener una idea fija, una opinión ya formada. Entonces, desde el principio, solo hay una danza de aprobaciones por un lado y refutaciones por otro. El moderador reafirma con los “aliados” y defiende (a veces ofende) a los “rivales”. Rivales de la idea. Por eso suele responden para aleccionar, preguntar como si quisiese aprender y luego refutar las respuestas, no leer a los demás molestanse si no lo leen. Y así. Me cuido de no hacer estas cosas pero algunas veces las he hecho.

El debate merece mejores prácticas

Les diré qué hago para navegar estos mares sin perder el juicio, ni la sonrisa. Ojalá algunos de estos puntos sean útiles para mis queridos lectores:

  • Trato (no es fácil) de no involucrarme emocionalmente en las discusiones y debates. Una cosa es la pasión y el entusiasmo por las ideas. Otra es tomarnos las discusiones como un enfrentamiento personal. Si me dicen: “Es como yo digo” o empiezan con el “ad hominem” (“es que tú”) contesto: “Ok, bien. Voy por un café, con permiso”.
  • (Casi) siempre relaciono calidad de información con calidad de decisión. La mayoría prefiere irse por el barranco con una mala decisión basada de una información que le place, que llegar al paraíso con un dato que no le gusta. Eso obedece a la frase que abre este párrafo.
  • Antes de debatir un tema con opositores a mi causa o a mi idea, me doy una vuelta por Google, por la prensa independiente, para dotar a mis argumentos de datos concretos. Es muy diferente decir: “La represión ha provocado un montón de muertos y heridos” que precisar: “La represión ha provocado 39 muertos y más de 750 heridos según el Ministerio Público”. Precisión es credibilidad.
  • Entro en los foros de la gente que adversa mi idea, su causa o su pensamiento. Más de 70% de la gente que participa en airados debates jamás visita los foros o espacios de discusión donde la mayoría piensa distinto. Puede servir para dos cosas: para ver el otro lado de las cosas, cómo piensan los que difieren; pero también para conocer mejor a los rivales en la “batalla de ideas”. Gandhi o Von Bismarck. O ambos. Ustedes deciden.
  • No importa cuánto me tiente insultar a quien me ataca u ofende. Si lo hago pierdo la ventaja, la posición cimera. “Keep your cool”. Que uno mantenga la ecuanimidad, neutralidad y apego a los datos nos da una ventaja ética. (Y los saca de quicio, que solo por eso…).
  • Soy audiovisual o multimedia. Una cosa es decir: “Hay tiburones en South Beach” que reportarlo con fotos o videos anexos.
  • Soy, en la medida de lo posible, multiplataforma. Si tengo algo bueno que decir, mostrar o compartir agoto los espacios: blogs, Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp, Soundcloud, Youtube… No siempre todos, pero siempre a la mano y disponibles.
  • Me cuido de estar hablando con gente real y no con perfiles falsos. No es fácil, quizá la mejor forma es establecer algún tipo de relación a largo plazo. De tanto interactuar, las verdades y las mentiras salen.
  • Tomo en serio la responsabilidad que tenemos con lo cierto, lo científico, lo provechoso. Parte del éxito y la permanencia de la democracia y la libertad dependen de ello.
Resto del artículo

Cuando la verdad es el enemigo

La conversación en redes sociales rara vez es un intercambio de conocimientos. Casi en su totalidad, un ejercicio de poder, una forma de imponer las ideas propias.

Más de la mitad de las conversaciones revisadas parecen tener una idea fija, una opinión ya formada. Entonces, desde el principio, solo hay una danza de aprobaciones por un lado y refutaciones por otro. El moderador reafirma con los “aliados” y defiende (a veces ofende) a los “rivales”. Rivales de la idea. Por eso suele responden para aleccionar, preguntar como si quisiese aprender y luego refutar las respuestas, no leer a los demás molestanse si no lo leen. Y así. Me cuido de no hacer estas cosas pero algunas veces las he hecho.

En ambientes muy polarizados la verdad (sería mejor decir “lo verdadero”) es el enemigo. Lo verdadero tensa los nervios porque es irremisible, excepto -por supuesto- cuando nos beneficia o da la razón. Pero estadísticamente lo cierto refuta y contradice la mayoría de las veces, y usualmente en temas sensibles. De modo que hay que eliminarlo, si no, alterarlo, y si se puede, ignorarlo.

Un ejemplo simulado:

-La industria X manipula el producto Y para explotar al país Z.

-La industria X no produce el producto Y y dejó de trabajar en el país Z en 1948.

-Esa es tu opinión, yo pienso distinto.

-Lo dice la BBC en un reportaje de ayer.

-BBC está quebrada y la financian los banqueros suizos.

-Tomó estos datos de un informe de la ONU.

-¿La ONU? ¡Peor! Ésa está en manos de un tal Keyser Söze.

La mayoría de las personas, como decía el General Jessup en la película “A Few Good Men” no “puede manejar la verdad.” Prefiere autoengañarse que tener el brío de vivir con aquello que la contradice o atormenta.

Si la búsqueda de conocimientos casi no existe. El show-off de conocimientos sí.

Sesgos

Hay varios sesgos identificados por la psicología que describen tales conductas. Está, por ejemplo, el “Sesgo de confirmación” que destaca lo que valida una idea pero ignora lo que la desmiente. El “Efecto Dunning Krugger”, que consiste en sentirnos menos seguros mientras más sabemos, en cambio a los ignorantes con actitud les hace creer que saben más. (Ocurre mucho con líderes políticos). O el “Backfire Effect”, que se expresa así: “Mientras más retan nuestras creencias medulares, más nos aferramos a ellas”.

Opinión rima con radicalización
La mayoría (+90%) prefiere moverse exclusivamente en el terreno de las opiniones, no de los datos. Las opiniones son fáciles, moldeables, no requieren mayor investigación, solo el “bully” necesario para transformarlas en proyectiles.

En general, los grupos que se radicalizan en posturas opuestas llegan a parecerse en niveles de autoengaño, agresividad y desvarío. Lo he observado con chavistas y opositores. Igual con seguidores y detractores de Donald Trump. También los pro y anti armas. Lo de “guerra de ideas” no es una metáfora, es el día a día en las redes.

El caso de Trump es emblemático: el fact-checker Politifact encontró que 51% de las declaraciones del candidato y luego el Presidente fue “mayormente falsas” o “completamente falsas”. Lo interesante (y realmente “post-verdadero”) es que eso no ha hecho mella en la credibilidad y apreciación entre sus seguidores.

La emocionalidad sobrepasa a la racionalidad en unos 9 de cada 10 intercambios de una muestra de foros de Facebook que evalué. Equivale a decir que gana el que grite más fuerte.

La posverdad no os hará libres

La posverdad puede doler, por el caos que crea, pero no debe verse como un fenómeno perverso. Después de todo es la consecuencia natural de que la gente común tenga exposiciones similares a las de los medios industriales y profesionales. ¿Por qué publica y transmite la gente en medios masivos digitales? Porque se puede.

Más de 3 mil millones de personas usan al menos una red social. Internet y los dispositivos móviles lo permiten. Son el escenario de la opinión pública y cubren todas las variedades: publicaciones, disertaciones, conversaciones, broadcast, medios… you name it! Hacia internet se ha movido la industria completa de las comunicaciones, o al menos todos los actores tienen un pie allí.

A veces lo falso ocurre por error del emisor o del receptor. Pongo un ejemplo: un líder político con buena intención muestra la foto de una violación de DD.HH. en su país hace un mes. Resulta que la foto es de otro continente hace tres años. Otro ejemplo: una revista satírica hace una extraordinaria imitación de la primera plana de un diario, la gente la comparte como auténtica… no hay mala intención pero sí caos, porque lo falso es esencialmente caos en el sistema informacional público.

Ahora, ocurre que en ocasiones (cada vez más) lo falso se fabrica, a propósito, con una agenda. La guerra por la hegemonía internacional (EEUU., Europa, Rusia, China, el G8, los No Alienados) y las batallas políticas regionales o locales han tomado internet como terreno de batalla para lograr hegemonía o eficiencia en la “guerra ideológica”. En la guerra política.

Se estima la campaña rusa de desinformación en 2016, según revelaciones del fiscal especial Robert Mueller, tuvo un alcance de 126 millones de estadounidense con, al menos, 200 páginas impostoras que llegaron directamente a casi 30 millones de usuarios que hicieron el resto compartiéndolas.

Ya publiqué en esta columna un artículo sobre noticias falsas. Creo que una segunda parte está en orden.


De un artículo de Fernando Nunez-Noda en Univision Noticias. Imagen inicial: FNN.

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Guaidó en las redes y la guerra comunicacional del chavismo (Univision)

Guaidó en las redes y la guerra comunicacional del chavismo (Univision)

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En menos de tres meses el “fenómeno Guaidó” cambió el momento político venezolano. Pero el régimen de Nicolás Maduro ha sacado todas las armas para aferrarse al poder, entre ellas una feroz campaña de censura y desinformación en redes. De la columna de nuestro director, Fernando Nunez-Noda.

(Marzo 29, 2019 – De Fernando Nunez-Noda, publicado en 03-21-2019 en Univision Noticias). A principios de 2019 casi nadie conocía a Juan Guaidó. Si observamos la curva de Google Trends sobre intensidad de búsqueda del nombre “Juan Guaidó” entre diciembre 1 de 2019 y el 12 de marzo de 2019, lo primero que notamos es que del 1 de enero hacia atrás el porcentaje es cero.

En el gráfico se observa que justo a principios de enero el porcentaje de búsquedas de “Juan Guaidó” toma vida. Llega a su cénit entre 23 y 24 de enero, luego de juramentarse. Ese pico es cuatro veces más alto que el segundo más conversado: el apoyo del Parlamento Europeo (y con éste el de 55 países europeos). Después tiene un ritmo que ronda el 25% con dos lomas hasta el 12 de marzo.

 

Ya eso es un dato que muestra lo volátil e impredecible de Venezuela como tópico noticioso. Del virtual anonimato internacional, este joven líder de 35 años pasa a ser referencia mundial en poco menos de un mes. Por ejemplo, a principios de enero Guaidó tenía unas pocas decenas de miles de seguidores de Twitter, a la fecha llega a más de 1,7 millones.

 

Internet: geopolítica en la palma de la mano

En Venezuela los medios independientes han sido cerrados, o comprados por afines al régimen. La llamada “gran prensa” se ha encogido y si hablamos de la opositora o los no afines al régimen, el resultado puede contarse con los dedos.

Columbia Journalism Review da su visión internacional: “Gran parte de la prensa independiente de Venezuela simplemente ha desaparecido. Según el Colegio Nacional de Periodistas, el régimen cerró 40 estaciones de radio en 2017, mientras que una recesión paralizante ha obligado a otros a salir de circulación. El verano pasado Reuters informó que, desde 2013, tres cuartas partes de los periódicos del país se habían cerrado”.

Las televisoras y cadenas radiales han sido cerradas, compradas o amansadas con amenazas permanentes.

 Menos mal que los medios en línea han sobrevivido y algunos prosperado: los fundacionales como El Nacional, Runrunes o La Patilla o una legión de nuevos medios digitales ágiles, nacidos en línea, como EfectoCocuyoArmando.infoVPItv et al, que han llenado el vacío y aprendido a lidiar con una dictadura ya sin cortapisas.

 

La “lucha” informacional también ha caído sobre los ciudadanos, que en el caso opositor son más independientes y con más recursos humanos preparados aunque dispersos, cada quien un “ejército-de-uno”.

Hay más iniciativas en la oposición (grupos, hashtags, campañas descentralizadas, grupos de mensajería) y llenas de vida propia. A eso se suman millones de venezolanos en el mundo, opositores en mayoría abrumadora.

 

La “guerrilla comunicacional” chavista está dirigida por laboratorios. Reporta Digital Forensic Research Lab, a principios de febrero:

“A lo largo de los años, el gobierno venezolano de Nicolás Maduro se ha beneficiado de una actividad coordinada y ha presionado activamente a sus partidarios para que participen en las redes sociales. (…) Según Hootsuite, 44% de la población es usuaria activa de redes sociales, lo que hace que las actividades inauténticas y las operaciones de influencia sean particularmente grandes”.

La última modalidad: el activista ultra radical, usualmente la caricatura de un derechista, que solo ve soluciones finales violentas y sospechosamente apunta sus misiles casi exclusivamente a dirigentes opositores “traidores”.

 Otra actividad: la falsa amplificación, es decir, la “viralidad” artificial producida por muchas cuentas robots y de operadores que rebotan artículos, memes, fotos, videos y otros paquetes de propaganda y desinformación.

 

Pero lo que no se cubre por redes sociales públicas se completa con Whatsapp, usado por 70% de los usuarios de internet en Venezuela. Es esta red cerrada de mensajería la principal fuente de bulos, rumores y todo tipo de información no confirmada y a la postre falsa. En este territorio, la oposición tiene por mucho la actividad más intensa. 

Maquinaria versus ciudadanos, pues. Y en el medio todo tipo de espacio digital informativo, desde aficionados hasta grandes organizaciones periodísticas.

 


Imagen inicial: FNN

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