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Twitter sigue cerrando cuentas que difunden noticias falsas

Twitter sigue cerrando cuentas que difunden noticias falsas

Noticias

Twitter tiene una  forma contundente de luchar contra la desinformación: anulando las cuentas robóticas o gestionadas por humanos que sistemáticamente difunden noticias, rumores y otras informaciones falsas.

(Septiembre 22, 2019 – Fuente: AFP).  Reporta la agencia francesa de noticias:

Twitter anunció el viernes el cierre de miles de cuentas por difundir noticias falsas, entre ellas más de mil relacionadas con el partido Alianza PAÍS del presidente ecuatoriano Lenin Moreno y más de 200 operadas por el Partido Popular español.

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“De acuerdo a nuestra política sobre la manipulación en nuestra plataforma, suspendimos de forma permanente todas estas cuentas”, anunció Twitter.”

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La lista incluye 1.019 cuentas ecuatorianas – en su mayoría falsas – vinculadas al partido político de gobierno Alianza PAÍS que se dedicaban “principalmente a difundir contenido sobre la administración del presidente Moreno, centrándose en temas relacionados con las leyes ecuatorianas sobre la libertad de expresión, censura gubernamental y tecnología”, afirmó la red social. “Las tácticas más utilizadas fueron la manipulación de ‘hashtags’ y el reenvío de ‘spam'”, agregó.

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También eliminó 259 cuentas con origen en España que, “de manera artificial, potenciaban la opinión pública” en el país. “Operadas por el Partido Popular (…) consistían principalmente en cuentas falsas con un comportamiento de ‘spam’ o que hacían retuit para aumentar la interacción”, explicó Twitter.

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La medida es la última de una serie de acciones de los gigantes de las redes sociales, como Facebook y Twitter, que toman medidas enérgicas contra la manipulación perpetrada a menudo por entidades controladas por el estado que disfrazan sus cuentas.

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Le sigue a una decisión similar de Facebook, el mes pasado, que eliminó cuentas falsas con sede en Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos por publicar información errónea sobre algunos puntos del conflicto de Medio Oriente y otras con “comportamiento inauténtico coordinado” enfocado en Hong Kong.

Esto forma parte de un esfuerzo de la red social para combatir las fake news, que tienen en cuentas usurpadas, simuladas o robóticas, una fuente importante de campañas de desinformación. Venezuela es un ejemplo:


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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Las fake news también son un negocio

Las fake news también son un negocio

La industria publicitaria de internet puede estar, sin saberlo o a veces sabiéndolo, impulsando la propagación y financiamiento de desinformación. 

(Septiembre 16, 2019 – Redacción). La desinformación, es decir, la distribución deliberada de información falsa, manipulada o tendenciosa, suele verse como de motivación política principalmente. No obstante, hay un importante porcentaje de desinformación que obedece al intento de obtener lucro económico. Como hemos reportado, las noticias falsas tienen 70% de probabilidad de ser compartidas, frente a las ciertas según estudio del MIT:

¿En las redes lo falso viaja más rápido que lo verdadero?

De modo que suelen ser más novedosas, espectaculares y atractivas, generando más interés y, por supuesto, clics. Por eso, se usan en muchos websites y espacios en línea para atraer público y monetizar. El informe “Cutting the Funding of Disinformation: The Ad-Tech Solution“, producido por el Global Desinformation Index (GDI) señala:

El sistema de tecnología publicitaria actualmente suministra oxígeno, y dinero, a dominios que desinforman. Esto está sucediendo inadvertidamente a través de anuncios en línea que se colocan en dominios que desinforman, lo que proporciona a estos dominios fondos y una plataforma para amplificar sus mensajes. Es hora de seguir el dinero de la desinformación. (…) Este enfoque del [GDI] es diferente y se suma al creciente cuerpo de trabajo sobre actores de desinformación.

Un artículo de Jaime Quirós en Yahoo Finance! señala que:

  • El término ‘fake news’ (‘noticias falsas’) tiene una definición tan amplia que ciertos gobiernos se niegan a usarlo, ya que puede abarcar desde noticias con errores involuntarios a artículos difamatorios redactados con la intención de engañar a los lectores.

  • (…) Sin embargo, estos sitios probablemente no existirían si no hubiese un incentivo económico. Los sitios de fake news se financian de la misma manera que incontables sitios legítimos: a través de la publicidad. Los anunciantes crean banners (…) y pagan para que aparezcan como anuncios en cualquier sitio.

  • Esta también es la razón detrás de la transición que se puede observar en el formato de titulares; hoy en día, hasta los medios online más prestigiosos tienden al clickbait (anzuelo de clics) para atraer suficientes visualizaciones en la página e incentivar a los anunciantes a publicitarse. Los sitios de fake news van aún más allá de la prensa amarillista, atrayendo mucha gente que ya tiene sus prejuicios y sesgos.

  • Desgraciadamente, los anunciantes no pueden tomar el tiempo de revisar y vetar todos y cada uno de los sitios donde aparecerían los anuncios, por lo que, en algunos casos, terminan pagando para involuntariamente publicitarse en las fábricas de fake news. A su vez, los dueños de estos sitios publicitan sus artículos engañosos por las redes sociales con cuentas falsas, generando cámaras de eco donde las noticias se esparcen sin mucha crítica.

  • Así también las noticias falsas se propagan sin ser confrontadas por la verificación de datos y hechos.

  • En consecuencia, las fake news no son sólo una tendencia, sino que forman un sector económico, uno que, según el Global Disinformation Index, mueve 212 millones de euros anuales. Teniendo en cuenta que los ingresos publicitarios mensuales pueden superar el sueldo mínimo de varios países, no es sorprendente que existan ‘nidos’ de fake news.

  • Un caso famoso es Veles, una ciudad en Macedonia del Norte donde al menos siete organizaciones clandestinas contratan a cientos de jóvenes para redactar y publicar fake news en masa. Son organizaciones que, al mismo tiempo, pueden estar recibiendo incentivos adicionales a través de financiación por parte de intereses que buscan crear desequilibrios políticos.

GDI recalca que:

Para combatir los esfuerzos por desinformar, debemos comprender el proceso y las motivaciones. Las motivaciones para desinformar pueden ser políticas, financieras o una combinación de ambas. En GDI, nos enfocamos en eliminar los incentivos financieros. Creemos que al trabajar con el sistema de publicidad en línea para usar las calificaciones de GDI en sus decisiones de gasto publicitario, podemos reducir rápidamente la línea de vida financiera a dominios que se desinforman. Estos dominios a menudo incluyen numerosos sitios de noticias “basura” configurados simplemente para obtener visitas a la página y clics en los anuncios. Cortar sus anuncios aumentará la fricción y creará obstáculos para que los actores de desinformación, incluidos aquellos con motivos políticos, difundan sus mensajes en línea.

Una idea que vale la pena apoyar.

Y como complemento un video que nos explica más:


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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Algunas razones por las que Telegram será popular en Venezuela

Algunas razones por las que Telegram será popular en Venezuela

Artículo

Un activista venezolano, dedicado al desmontaje de fake news sobre Venezuela y aliado de VerifiKado, explica porqué Telegram es una herramienta ideal para éstas y otras tareas de activismo ciudadano.

(Septiembre 12, 2019 – Adrián González). La aplicación de mensajería instantánea WhatsApp es imprescindible en la vida cotidiana de cualquier venezolano que porte un teléfono inteligente en el año 2019 y lo es también en la casi totalidad de Latinoamérica, a pesar de la existencia de otros servicios similares, que ofrecen interesantes características no disponibles en este momento en la popular aplicación del logotipo verde.

Uno de estos servicios es Telegram. A primera vista es un clon azul de WhatsApp, pero ofrece un abanico de características de seguridad no presentes en WhatsApp, además de contar con inmensas potencialidades para la organización de grupos muy numerosos de usuarios.

Telegram está siendo utilizado de forma muy efectiva en países con censura a medios de comunicación tradicionales, baja velocidad de conexión a internet o gobernados por regímenes totalitarios. Países donde hay bloqueos sistemáticos de blogs y páginas web de la prensa disidente, donde se suele inocular desinformación en Twitter, hay existencia de redes de trolls o son habituales arrestos sistemáticos a la disidencia política. Es decir, en países con realidades muy parecidas a las de Venezuela, que se encuentran luchando en pro de la libertad, en contra de la censura, la desinformación y la desconexión con sus realidades locales.

Los siguientes no son más que un puñado de casos notorios, relevantes, lecciones aprendidas que pueden ser extrapoladas en varios niveles al caso venezolano y que permiten inferir que, a la brevedad, Telegram terminará de convertirse en una poderosa y popular plataforma de intercambio de información entre venezolanos.

1. Hong Kong. Telegram como corazón de una revolución sin líderes.

Año 2019. La ley de extradición a China presentado por el gobierno de Carrie Lam, jefa ejecutiva de Hong Kong, es el motivo principal de las multitudinarias protestas que se vienen generando en el país desde junio del presente. Cientos de ciudadanos protestan, se coordinan y organizan de forma efectiva mediante decenas de grupos y canales de Telegram, algunos de ellos con decenas de miles de suscriptores.

A diferencia de WhatsApp, que posee un límite de 257 integrantes por grupo, los llamados “supergrupos” de Telegram tienen un límite de 200,000 personas. Pero los canales de Telegram, una opción que no posee Whatsapp, son otra opción diferente a grupos y supergrupos. Los canales permiten la difusión de boletines o mensajes de relevancia, enviados por un puñado de administradores, a una cantidad enorme de usuarios. Algo similar a un blog, o al TimeLine de una cuenta de Twitter pero enviado directamente a una ventana de chat.

Uno de los canales más relevantes de Hong Kong se llama 612 reminder y cuenta en este momento con más de 79,000 suscriptores. En él, se comparte información táctica de utilidad para quienes están protestando, notas sobre primeros auxilios, ubicación en tiempo real de los cuerpos policiales. Inclusive, se han llegado a tomar decisiones mediante consultas en los en los que los participantes votan en tiempo real (otra opción no disponible en WhatsApp), permitiendo que los multitudinarios grupos de manifestantes tomen decisiones grupales y acertadas in situ, que terminan siendo acatadas en conjunto.

Pero 612 reminder no es el único canal donde se organizan las protestas: hay decenas de grupos y canales, la mayoría en chino y algunos inclusive en inglés, donde se envían actualizaciones en tiempo casi real, con bajo consumo de datos, de lo que ocurre en cada instante de la manifestación.

Han sido llamadas “las protestas sin líder”; miles de personas se organizan, votan y comparten información en tiempo real y de forma descentralizada.

Por ejemplo: un día álgido en el que los manifestantes irrumpieron en el edificio del Consejo Legislativo, a través de varios canales y grupos de Telegram se compartieron las rutas de evacuación del edificio. En cuestión de minutos, con una rapidez incluso superior a la difusión en Whatsapp, cientos de miles de personas tenían en la palma de la mano la información divulgada.

2. Brasil: servicios de mensajería instantánea: “el internet de los pobres”

En Brasil, WhatsApp es el rey. La aplicación fue el vector principal a través del cual se compartieron muchas de las noticias (algunas legítimas, otras falsas) que llevaron a Jair Bolsonaro a ganar alcanzar la presidencia.

Hay un fenómeno interesante que ocurre en Brasil, con respecto a la organización de usuarios mediante grupos de WhatsApp. La penetración de la aplicación es tan grande en los sectores más desposeídos que, en ciertos sectores de la población, WhatsApp representa virtualmente todo el internet que consumen. Al igual que en Etiopía, muchos usuarios acceden a ofertas propuestas por emprendedores, catálogos de productos y se hacen transacciones de compra y venta únicamente a través de WhatsApp. Pero también descargan información, música, videos y se entretienen a través de la mensajería instantánea, sin necesidad de utilizar realizar búsquedas adicionales en Google, Twitter o Facebook.

Por ejemplo, en Brasil se han detectado redes subterráneas basadas en WhatsApp donde se envía contenido cuidadosamente seleccionado a grupos de chats llenos de usuarios, evitando el proceso de búsqueda de esa misma información a través de redes sociales, servicios de descarga o páginas web que muchas veces, los integrantes de esos grupos, no conocen. En un artículo de 2016 se narra cómo un grupo de conductores utilizan grupos de WhatsApp, pertenecientes a redes privadas (para acceder a ellos, deben pagar una suscripción), para recibir información de tráfico que ya existe en otras redes sociales gratuitas, como Waze.

Esta forma de usar la mensajería instantánea en Latinoamérica también se ha detectado en Lima y en Santiago de Chile, donde a pesar de existir servicios como Zello (emulación de radios walkie-talkies basada en internet), Google Maps y Waze, sobreviven grupos de WhatsApp funcionando con el mismo objetivo.

En Venezuela también existen grupos infinidad de grupos de WhatsApp, con objetivos variopintos que van desde notificar a sus integrantes de las estaciones de servicio que están despachando gasolina en determinada ciudad, grupos exclusivos para notificar cortes de luz y grupos con curaduría de contenido exclusivos para pueblos o municipios.

La desventaja de usar WhatsApp para estos objetivos es que el cupo máximo de usuarios, por grupo, sigue siendo de 257 personas. Y las políticas anti-spam de WhatsApp pueden bloquear usuarios que reenvían información de forma masiva, entre múltiples grupos de WhatsApp.

Resto del artículo

3. Etiopía: velocidad de internet y persecución a la disidencia.

En casi todos los países de África (al igual que en América del Sur), WhatsApp es la aplicación de mensajería instantánea preferida. Etiopía es la excepción a la regla: Telegram es preferida sobre cualquier otra aplicación por los usuarios etíopes y las razones de esta popularidad se asemejan, en mucho, a algunas realidades que se viven (y sufren) actualmente en Venezuela.

La penetración de internet en Etiopía es muy baja (apenas 15% de la población tiene acceso a internet), de la cual poco más del 7% son usuarios activos de redes sociales. Los planes de conexión a internet son costosos y poco competitivos, debido al monopolio del gobierno etíope sobre todos los servicios de telefonía móvil e internet.

Usuarios han manifestado que las constantes actualizaciones de WhatsApp y el tamaño de descarga de la propia aplicación, son aspectos que juegan en su contra de su uso, porque muchos usuarios buscan ahorrar sus datos. También sostienen que el consumo de paquetes mediante el uso de Telegram es más ligero que el de WhatsApp.

Otra razón de peso para esta preferencia es similar a las anteriormente observadas en Hong Kong: Telegram facilita el activismo político y ciudadano. Pero también funciona como una poderosa plataforma de marketing, que permite establecer comunicación directa entre emprendedores, vendedores y clientes, de forma similar a la que se establecen en otras redes sociales, pero con inmediatez y la ventaja de no necesitar buscar en redes sociales o páginas web externas a la misma aplicación.

4. Rusia: todo el internet, adentro de Telegram

A través de miles de grupos, los usuarios rusos comparten información multimedia desde hace años: texto, música, libros y películas. Pero también divulgan boletines e información proveniente de ONGs, activistas, partidos y movimientos políticos. Los usuarios rusos de Telegram se saltan la censura impuesta por su gobierno a documentos, convocatorias, artículos y denuncias publicadas en blogs, redes sociales y sitios de noticias bloqueados temporal o permanentemente en territorio ruso.

La información compartida permanece alojada en la nube dentro de los grupos y canales. A diferencia de WhatsApp, se encuentra disponible en todo momento, siendo una poderosa razón al momento de divulgar, de forma ordenada, información a un público numeroso.

Por ello, para por el Kremlin, al igual que para los gobiernos de China, Irán y Turquía, Telegram se ha vuelto un dolor de cabeza.

Tomando como argumento la lucha contra el terrorismo, el gobierno de Rusia llegó a solicitar a los representantes de la aplicación acceso a los mensajes de los usuarios, so pena de bloquear la aplicación en el país. Al verse imposibilitada de acceder por razones técnicas a la información solicitada, Rusia intentó bloquear el uso de la aplicación, recibiendo como respuesta una cadena de protestas de ciudadanos defendiendo su uso.

Con consignas como “no queremos televisión, queremos Telegram”, los ciudadanos se lanzaron a las calles a defender el uso del servicio de mensajería instantánea.

Hasta el momento, Rusia no ha sido capaz de bloquear totalmente a Telegram. Los desarrolladores de la aplicación implementaron una serie de técnicas diseñadas para evitar la censura y los usuarios rusos, con el uso de VPNs han logrado evitar las restricciones a la aplicación.

5. Puerto Rico: el talón de Aquiles de la privacidad

El más reciente acontecimiento que tiene a Telegram como uno de sus protagonistas es el escándalo de la filtración de las 889 páginas de chat de Telegram en un grupo que incluía al ex-gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló, su gabinete y cierto círculo de confianza.

El talón de Aquiles de la privacidad en cualquier servicio de mensajería instantánea, sea Telegram, WhatsApp o cualquier otro, es que no son invulnerables a que algún integrante de un grupo (o canal), filtre de forma deliberada la información.

Tampoco basta contar con cientos de características de seguridad en una app de mensajería instantánea si el usuario no está informado de su uso seguro. En el caso del grupo de chat del gobernador de Puerto Rico, la culpa no la tuvo Telegram, sino los mismos integrantes, quienes compartían comentarios que eran, cuando menos, “irresponsables” para funcionarios públicos de su rango.

Pero ciertamente, Telegram tiene un cúmulo de características de seguridad importantes, con las que no cuenta WhatsApp.

Una de las características de seguridad únicas de Telegram es que no es necesario poseer el número de teléfono de un contacto para agregarlo o comunicarse. Basta compartir el nickname creado por un usuario, para contactarlo, sin necesidad de entregar un dato tan privado como el número de teléfono. Sin embargo, cada usuario debe poseer un número de teléfono para crear una cuenta en Telegram y por cada cuenta, se puede crear un número finito de canales y grupos.

Retomando el ejemplo de Hong Kong, donde una inmensa cantidad de grupos y canales han florecido en el contexto de las protestas del presente año, muchos activistas narran cómo ocultaban sus identidades frente a la policía, portando varias tarjetas SIM que insertaban en sus teléfonos y ocultaban si era necesario esconder sus identidades de la policía.

Otra característica interesante de Telegram, es que permite eliminar automáticamente la cuenta de algún activista luego un tiempo estipulado de inactividad o crear chats con auto-destrucción, opción llamativa al momento de compartir información sensible entre activistas que pueden ser detenidos y cuyos equipos pueden ser decomisados por fuerzas de la ley.

Todos estos casos permiten establecer semejanzas entre las diversas luchas por la libertad de información, expresión y de acceso a la información en varios países y su contraparte en Venezuela.

En medio de la presente lucha política, económica y social que libran los venezolanos, Telegram ha comenzado a volverse una herramienta de participación y articulación social, contando con canales de importancia la cuenta de oficial de los voluntarios de la Coalición Ayuda y Libertad Venezuela, con más de 34,000 suscriptores o la del presidente Juan Guaidó, con más de 29,000. Diariamente, más venezolanos se unen al servicio de mensajería instantánea atraídos por sus virtudes y de forma sostenida, más grupos y canales se crean para mantener comunicado a un país ávido de información y libertad.

Adrián González vive en Santiago de Chile. Es ingeniero y activista digital venezolano, coordinador de la comunidad Noticias Seleccionadas Venezuela,y del grupo de Telegram Cazadores de Fake News NSV y del website Cazadores de Fake News de Venezuela. Escribe en Twitter como @aaaadriaaaan. El artículo fue originalmente publicado en Medium.


Imagen inicial: VK.

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NOTA LEGAL. 1. El grado de certeza asignado por VK a una información noticiosa no debe considerarse un dictamen forense, sino una conclusión experta basada en información y documentos públicos de fuentes consideradas confiables. 2. Las fuentes citadas y conectadas por direcciones URL pueden cambiar o desparecer y su comportamiento no está en control de VerifiKado. 3. La información de este análisis puede cambiar por alguna de estas razones: a) Se agrega nueva información verificada o b) Se retira información considerada inexacta o no confiable. 4. En todo caso, la información se entrega “AS IS”, como se presenta al momento de ser consultada. Más sobre nuestro proceso de verificación.

China y cómo controla digitalmente a su población

China y cómo controla digitalmente a su población

China usa cuatro herramientas para controlar a su población. Vea cuáles son y cómo funcionan.

(Agosto 18, 2019 – Redacción). La Fundación para el Progreso, FPP con sede en Chile ha publicado un excelente artículo y video sobre cómo China mantiene una censura draconiana sobre sus ciudadanos. Lo explica la periodista e investigadora Sascha Hannig, Coordinadora de Proyectos del equipo de Relaciones Internacionales de la FPP. Esta censura y control social se realiza desde el tope de la jerarquía china a través de cuatro acciones de control social:

Las cuatro herramienta chinas para el control social son:
1. La Gran Muralla Digital
2. Crédito Social Digital
3. Supervigilancia orwelliana
4. Lealtad público-privada (por las buenas o por las malas)

Sascha Hannig es coordinadora de Proyectos del equipo de Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso (FPP). Periodista, minor en historia y economía de Oriente, candidata a Magíster de la Universidad Adolfo Ibáñez y Alumni de la Universidad el Cato 2013. Fue presidenta de la Federación de Estudiantes de la UAI (2016) y colaboradora en El Mercurio. Ha publicado novelas de ficción (2010, 2012, 2015) y artículos académicos en análisis internacional.

Artículo completo de f.p.p.

Distopía Digital: Cuatro herramientas que China usa para controlar a su población

Publicado en: https://fppchile.org/es/distopia-digital-cuatro-herramientas-que-china-usa-para-controlar-a-su-poblacion/

«Este sitio web no está disponible», decía la pantalla de la computadora, llena de ideogramas y garabatos que no tenía cómo entender. Había tratado de entrar a Facebook, Google, Twitter, Hotmail, Yahoo —¡lo que fuera!— para escribirle a mi familia y amigos. Tenía 16 o 17 años, acababa de llegar a China y era ingenua. Llamé a la recepción del hotel donde me había alojado en Shenzhen y me dijeron que nada de eso «existía». Entonces pregunté cómo podía comunicarme con el resto del mundo. Debía usar WeChat (el «Whatsapp» chino) o, según me dirían mis conocidos después, «burlar la seguridad» con un VPN y fingir ser un computador irlandés.

Esa primera experiencia con «La Gran Muralla Digital» (The Great Firewall) me dejó un sabor amargo en la lengua, como sucede a muchos extranjeros que chocan con ella[1]. Y es que, si bien hay alternativas chinas para gran parte de las redes que utilizamos en Occidente, todas carecen de elementos que, para quienes crecimos como internautas, son esenciales: la libertad de acceso, la comunicación abierta con la comunidad o la producción libre de contenidos. El gobierno de China, en lugar de esto, dispone de un sistema que controla y censura activamente todo lo que se produce.

Parece increíble. En Occidente damos por sentado que internet es una herramienta que nos libera y «horizontaliza» el poder. Solemos creer que la tecnología siempre aporta a nuestra calidad de vida, y que es el resultado del trabajo de muchos actores de distintas naturalezas y adscripciones — ingenieros, inventores, académicos, empresas privadas y organismos gubernamentales con ciertos grados de independencia, etcétera— [2], pero no es necesariamente así, al menos, no para China.

El control tecnológico del gigante asiático va más allá de borrar contenidos o prohibir plataformas occidentales. Tecnologías como la inteligencia artificial, la ciencia de datos, el control de la información y los más modernos avances, se han convertido en aliados que, posiblemente, lleven al país a ser la primera distopía digital de la historia. En particular, hay cuatro herramientas que el Partido Comunista Chino (PCC) utiliza hoy y que podrían llevar en esa dirección.

1. La Gran Muralla Digital

La censura del contenido por parte de gobiernos autoritarios es una práctica tan vieja y común que ya forma parte de sus manuales de ejercicio del poder. En el siglo XX, la manipulación y monopolización de los medios de comunicación, así como «pinchar teléfonos», leer la correspondencia privada y sesgar ideológicamente la educación, fueron herramientas que permitieron a las dictaduras controlar y caracterizar a sus enemigos para evitar que la población conociera sus errores junto a las las atrocidades que muchos cometían contra la población[3].

Para China, un país regido por una dictadura nacida en el siglo XX que alcanzó la «era de la información», la llegada de internet significó un desafío. Si bien ha sido una oportunidad para el crecimiento del país —China es hoy uno de los pioneros en economía digital[4]— también ha supuesto una potencial amenaza para la estabilidad y el control de la información, celosamente custodiada durante toda la historia de la República Popular. Así, desde fines de la década de los noventa, y prácticamente al mismo tiempo que internet comenzó a masificarse, las autoridades decidieron que internet debía ser tratado como un asunto de seguridad nacional[5]. De ahí la idea de levantar una protección, una muralla, para contener los peligros. A esto se le llama, The Great Firewall, aludiendo a la Gran Muralla China que dividió al país de sus enemigos antes de la conquista mongola.

¿Cómo hacerle frente a una tecnología de tan «alto riesgo», que prometía conectar, derribar barreras y darle voz a quienes estaban invisibilizados? Pues con una arquitectura de leyes, instituciones, empresas y otras herramientas tecnológicas diseñadas para la censura. Esto sumado ala combinación de estrategias orientadas al mercado, propaganda omnipresente, mecanismos de presión, persecución a disidentes y una importante inversión local e internacional para mitigar el impacto que esto significa para la imagen del país[6].

Dos décadas después, el resultado es una enorme y muy sofisticada máquina de control y censura que recrea una especie de realidad paralela en la que 800 millones de usuarios de internet, equivalentes al 54% de la población china[7], viven y operan en un sistema casi totalmente desconectado del resto del mundo.

El contenido que estos ciudadanos digitales pueden ver, producir o compartir, está limitado por legislaciones, filtros, rastreo, censores humanos e inteligencia artificial. Qiang Xiao, profesor de la Universidad de Berkerley, California, disidente chino y fundador del sitio China Digital Times, ha descubierto una serie de documentos sobre la estrategia del PCC a los que accede a través de informantes anónimos. El académico argumenta que existe una lista de noticias y comentarios que deben ser activamente prohibidos por los censores. Entre estos se encuentra todo lo que manche la imagen del PCC, que ataque al sistema o que aluda a los sistemas democráticos occidentales. También son objeto de censura cualquier cosa que fomente las asociaciones o sindicatos ilegales o, por ejemplo, que acuse la  restricciones a la libre expresión[8].

Y es que una broma, un comentario negativo o incluso una búsqueda curiosa constituyen una amenaza para los objetivos del PCC, que intenta mostrarse ante el mundo como un país exento de corrupción, estable y preocupado por el desarrollo[9].

“La gran victoria del sistema no es simplemente el bloqueo exitoso, sino que los ciudadanos no demanden información alguna y se conformen con el sistema”

Pero la limitación del acceso al contenido no es suficiente. El gobierno debe asegurarse de entrar en las mentes y los corazones de sus ciudadanos, normalmente mediante la exacerbación del nacionalismo y de ciertos valores políticos del sistema. Hay un enorme trabajo para posicionar ideas siguiendo una estrategia de «refuerzo positivo» que premia el «buen comportamiento». Por ejemplo, se le paga a ciudadanos para que escriban comentarios pro-gobierno en las redes y así influir en la opinión pública. Con el tiempo, se ha vuelto común la censura social o, más específicamente, el shaming (avergonzamiento público); son los mismos usuarios los que denuncian a quienes hablan en contra de los intereses del país[10]. Así, la gran victoria del sistema no es simplemente el bloqueo exitoso, sino que los ciudadanos no demanden información alguna y se conformen con el sistema[11].

Desde 2012, la administración de Xi Jinping ha puesto énfasis en el «microcontrol» de los comentarios, y la ley de ciberseguridad de 2017 ha profundizado la supervigilancia del comportamiento, aumentando las obligaciones que los proveedores y empresas digitales tienen con el Estado. Esto, además de limitar el uso de Virtual Private Networks (VPN), la herramienta con la que muchos se conectan a la red internacional[12]. En consecuencia, se han hecho comunes las penalizaciones a civiles que opinan en contra de los intereses de gobierno. Las multas no son demasiado altas en un principio (se encuentran entre US$ 50 a US$ 100), pero con el tiempo puede implicar condenas más graves[13].

 

2. Crédito Social Digital

Las restricciones en el uso de internet son un primer paso para conseguir el control, pero no son suficientes para lograr el monitoreo de la actitud y el pensamiento de los ciudadanos. Personas reprimidas suelen rebelarse, o simplemente burlar las trabas que se le ponen. Pero las convencidas, afianzan el sistema y cuestiona las propuestas extranjeras[14]. De esa lógica nació el Sistema de Crédito Social, cuyo fin es la «armonía social»[15], según el documento oficial del Consejo de Estado del 14 de Junio de 2014. Su propósito es:

“(…) hacia 2020, haber establecido las leyes fundamentales, regulaciones y estándares del crédito social. Haber creado un sistema de investigación que incorpore a toda la sociedad y su información (…), para así, darle total dominio a los mecanismos que promueven la confianza y castigan la mala fe o la desconfianza. (…) Establecer mecanismos de incentivo para la auto-corrección y la auto-mejora que se enfoquen en disminuir los actos que quiebren la confianza, y promover mecanismos que aseguren la protección de los ciudadanos que se han arrepentido de ellos (…) Establecer mecanismos de investigación de infracciones al sistema de crédito, además de castigar severamente la filtración al extranjero de secretos financieros o estatales. (…) Fortalecer el rol de la supervisión social”[16]

El párrafo anterior puede sonar algo críptico o excesivo, pero ayuda a explicar cómo China está juntando su infraestructura de supervigilancia cibernética con un sistema de puntuación similar al que se usa comúnmente para la evaluación financiera, que muchos asociamos a instituciones como Equifax, o para la evaluación de riesgo de clientes bancarios.

En occidente aceptamos que un sistema, a la hora de aprobar créditos, abierta y explícitamente verifique el comportamiento de deuda y pago para saber si una persona es disciplinada y confiable. Pero el uso que tiene en China estos registros es muy diferente y con otros fines. La vigilancia y los métodos de «premio y castigo» no se basan solo en el cumplimiento de la ley, sino que son parte de una evaluación moral y su propósito tiene consecuencias peligrosas en los ámbitos de la confianza y la libertad. Así, sustentado en una larga tradición «confuciana» de control social, el gobierno está constantemente supervigilando y evaluando a los usuarios[17]. De esta manera sabe si los ciudadanos son «de confianza», creen en las ideas del partido y son consecuentes con estas. De ahí la frase: «el gobierno pone el escenario, el pueblo canta en armonía».[18]

“Las personas se preocupan obsesivamente por sus puntajes sociales en todo momento y lugar, en especial cuando interactúan con otros que les evalúan.”

¿Y cómo funciona este sofisticado diseño? Pues, es similar a Nosedive, el primer episodio de la tercera temporada de Black Mirror[19], en el que las personas se preocupan obsesivamente por sus puntajes sociales en todo momento y lugar, en especial cuando interactúan con otros que les evalúan. Desde su entrada como piloto en 2015, el Crédito Sésamo ha sido presentado como un juego social (gamification). Los usuarios compiten por ser los mejores ciudadanos y cada individuo tiene una cuenta que asocia un puntaje a cada comentario, compra, palabra buscada o app descargada. Incluso cada aparato utilizado. En suma, todo el comportamiento online (e incluso offline), en todas las plataformas. ¿Y de dónde salen los datos? Las empresas de telefonía, internet, tecnología, e incluso de compra y venta, abren esta información al gobierno, que se ampara en sus mismas leyes para solicitar los datos. Un caso emblemático es el de la aplicación WeChat, que tiene más de 1000 millones de usuarios[20]. Además se han creado empresas dedicadas al procesamiento de datos para afianzar el sistema de crédito social[21].

En consecuencia, cada usuario tiene un puntaje acumulado, que es público y compartido a todos los contactos que tiene. Un buen ciudadano tendrá un puntaje alto, que podrá traducir en beneficios, como por ejemplo, permisos de viaje más holgados. Un ciudadano de «poca confianza» —aquel que utiliza VPN, compra en plataformas extranjeras, habla en contra del régimen o conversa con extranjeros— tendrá un puntaje bajo. Esto se traduce en castigos que van desde el rechazo social —ser «amigo» de estos ciudadanos baja puntaje— hasta el castigo directo, como la imposibilidad de viajar al extranjero. De hecho, en 2018, 23 millones de viajes (17.5 millones aéreos) fueron anulados por el gobierno por no contar con crédito social suficiente[22].

En el largo plazo, el mal desempeño en este «juego» puede hasta llevar a prisión. De hecho, ya se incorporaron al sistema las «listas negras» de deuda o comportamiento y la cadena del gobierno Xinhua ha informado en su sitio en inglés, en reiteradas ocasiones, lo efectivo que es el sistema[23].

China ya ha recurrido al gamification y el juicio de los pares para modelar otros comportamientos. Por ejemplo, la aplicación de la empresa Xiaomi recolecta información sobre el bienestar físico de los ciudadanos. Si uno tiene amigos en la app, estos pueden saber cuántos pasos uno caminó en el día, cuánto pesa e, incluso, cuál es mi «puntaje de salud». WeChat hace algo similar con el podómetro de la app, que compara los pasos que da un ciudadano con los de sus contactos.

En fin, el sistema de crédito social seguirá en marcha blanca hasta el próximo año, cuando se convertirá en obligatorio para todos los ciudadanos. Se trata de un trabajo de largo aliento que el país ha complementado con un amplio aparataje de propaganda para «cuidar la armonía y el bienestar de sus ciudadanos».

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Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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Bolívar en Netflix: ficción y poco más

Bolívar en Netflix: ficción y poco más

La serie promete un Bolívar más allá del mito, pero lo mitifica para que se ajuste al libreto. De cualquier forma, está reñido con la historia conocida.

(Julio 24, 2019 – Javier Brassesco). Hace ya un mes apareció en Netflix la serie “Bolívar, una lucha admirable”, en donde en 60 episodios se intenta mostrar, según los videos promocionales, “al hombre más allá del mito”.

Antes de que se estrenara, Nicolás Maduro aseguró que se trata de una serie hecha por la oligarquía colombiana y se preguntó “cuántas mentiras, difamaciones y basuras pondrán en la serie”.

Días más tarde matizó su opinión, confesando que se había puesto a verla y le había parecido “atractiva, bien producida, colorida”. Sin embargo, poco después cargó contra la guionista de la serie, Juana Uribe.

Hoy se cumplen 236 años del nacimiento de quien en Venezuela es conocido como “El Libertador”, y creemos que la ocasión amerita indagar sobre el rigor histórico que tiene esta serie. Alguien dirá que una serie televisiva no tiene por qué ceñirse a la historia tal y como sucedió o como está recogida en las fuentes originales, pero eso debería ser aclarado en cualquier caso en una serie como esta, que trata sobre un personaje histórico.

Más allá de las idas y venidas de Maduro, la reconocida historiadora Inés Quintero también comenzó a ver la serie y su opinión, expresada en un artículo publicado en el portal Prodavinci, es que la misma no se diferencia demasiado de cualquier otra serie de la gran cadena de streaming: es decir, de historia propiamente tiene muy poco.

La visión de Inés Quintero

Aquí algunas afirmaciones hechas por la historiadora:

-La realidad histórica “constituye una camisa de fuerza que estorba y entorpece el trabajo de los libretistas” para “cumplir con los fines recretativos que persiguen”.

-La construcción de los personajes no tiene nada que ver con la realidad histórica, y los hechos son presentados “de forma tal que sirvan de sustento a la narrativa dispuesta y construida por quienes elaboran los contenidos”.

-“Imaginación y ficción imperan sobre la historia: ni Carlos Palacios era un patán poseído por el demonio; ni Pablo Clemente un tonto incapaz e impertinente; ni doña Concepción andaba por la hacienda disponiendo y tomándole la temperatura a los esclavos; ni Josefa Tinoco, la mujer de Juan Vicente, fue la hija del capataz de San Mateo; ni la familia vivía toda junta en la hacienda. Ninguna de esas recreaciones tiene que ver con la historia”.

-Tampoco tiene asidero alguno con la realidad la visión caricaturizada del representante del rey de España como el villano que irrespeta a los criollos, y que le grita y ningunea a doña Concepción. Prevalece aquí la visión maniquea de la historia patria, según la cual los malos de la película fueron los peninsulares lo cual, finalmente, explica la decisión independentista. Una visión simplista y ampliamente superada hace ya bastantes años por las investigaciones que se han hecho sobre el tema.

-Igual sucede con la idealización del noviazgo feliz y romántico entre María Teresa Rodríguez del Toro y Simón Bolívar, un idilio de telenovela que deja por fuera el arreglo económico que estuvo de por medio para la realización de la boda.

-El personaje central: Simón Bolívar, no ofrece sorpresas. Desde la primera escena es el héroe, el Libertador, el hombre providencial que no se equivoca, que tiene claros sus designios y que triunfa frente a la adversidad. Habla como héroe —en modo proclama—, piensa como héroe, gesticula, camina, ordena, actúa como héroe y sus recuerdos también tienen el mismo empaque.

– Miranda, por ejemplo, es presentado como un traidor que, por una bolsa de monedas, fue capaz de entregar la I República, al firmar la capitulación de 1812.

-Si esto ocurre con Miranda, no quiero ni pensar cómo quedarán Santiago Mariño o Manuel Piar, o Francisco de Paula Santander o cualquier otro que haya disentido, adversado o polemizado con Bolívar: entrarán con toda seguridad en la nómina de los villanos.

En Verifikado también nos hemos asomado a la serie, y sentimos que en vez de presentar a Bolívar más allá del mito, tal como pregonan en las promociones de Netlix, lo que hacen es precisamente lo contrario: mitificarlo más, presentarlo como alguien infalible y que siempre habla como si estuviese dando una proclama en una plaza. Es una figura caricaturesca que en nuestro juicio no le hace justicia a un personaje tan complejo y con tantas contradicciones como lo fue Simón Bolívar.


Imagen inicial: VK con insumos de Netflix.

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Las estadísticas en el mandato de Trump

Las estadísticas en el mandato de Trump

Actualización de los principales resultados económicos de Estados Unidos, al 11 de julio de 2019. Por cifras como éstas se evalúa la gestión del presidente.

(Julio 12, 2019 – Javier Brassesco). El sitio de verificación FactCheck.org realiza cada tres meses un seguimiento de cómo han variado las estadísticas, sobre todo en materia económica, en la administración Trump desde que asumió la presidencia a comienzos de 2017. Aquí presentamos un resumen de la última actualización, realizada el 11 de julio de 2019.

5,6 millones de nuevos empleos.

3,7% la tasa de desempleo, la más baja en 50 años.

30,2% creció la apertura de nuevos trabajos.

2,5% ha sido el aumento en el valor real del salario.

32,5% ha aumentado el índice bursátil S&P 500, uno de los más importantes y que toma en cuenta la capitalización bursátil de 500 de las principales empresas del país.

80,3% han aumentado las detenciones en la frontera con México.

22,5% se ha elevado el valor de las viviendas.

11,8% han subido los beneficios corporativos.

7 millones más de personas sin seguro médico según Gallup. Según NHIS (Encuesta Nacional de Servicios de Salud) la cifra es de 1,8 millones.

1,8% de aumento en las emisiones de dióxido de carbono.

27,9% ha aumentado el déficit comercial.

15,7% ha disminuido la cifra de personas que utiliza cupones de comida.

486 mil más empleos en el área de la manufactura.

4,7% es la inflación en los últimos 29 meses.

21% ha disminuido la producción de armas de fuego personales.

29,8% se ha elevado la producción de crudo comparada con la de 2016.

4,3% han disminuido los crímenes violentos, tomando en cuenta la última estadística que corresponde al primer semestre de 2018 y en comparación con el mismo período de 2017.

Algunas observaciones

-En Estados Unidos el número de empleos viene en aumento de manera ininterrumpida desde octubre de 2010, 105 meses consecutivos en alza. De éstos, los últimos 29 corresponden a la administración Trump.

-El promedio de aumento mensual de empleos con Trump ha sido de 194 mil, mientras que en el segundo mandato de Obama fue de 217 mil.

-La tasa de desempleo ya era bastante baja cuando Trump asumió: 4,7%. Pero ha bajado un punto más y hoy se ubica en 3,7%, la más baja en 50 años. Desde 1948 el promedio se ubica en 5,6%.

-Durante 2018 el crecimiento económico fue de 2,9% y 2,2% en 2017. En el primer trimestre de este año es de 3,1%, pero los analistas advierten que en lo sucesivo comenzará a bajar. En cualquier caso aún está lejos de los prometido por Trump como candidato e incluso como presidente, que siempre ha hablado de un crecimiento entre 4 y 6%.

-Los crímenes violentos habían subido en 2015 y 2016, los años anteriores a la presidencias de Trump, aunque no era cierto lo que el hoy presidente repitió muchas veces en su campaña, que se trataba de las cifras más altas en crímenes violentos en 45 años. En realidad, los crímenes violentos habían alcanzado un mínimo histórico en 2014: 4,4 asesinatos por 100 mil habitantes. Y si bien es cierto que subió en los dos años siguientes, todavía en 2016 era de 5,4 por 100 mil habitantes, muy lejos de la cifra más alta (en 1980 esta estadística se ubicó en 10,2).

-La inflación durante los 29 meses de Trump ha sido de 4,7%, continuando una larga tendencia de bajos índices en esta materia. En los últimos 12 meses la inflación fue de 1,7%.

-Aunque en general la economía presenta buenos números, existe uno que se resiste a Trump: el déficit comercial. A pesar de sus promesas de reducirlo, las últimas cifras muestran que el déficit total de Estados Unidos en bienes y servicios era de 643 mil millones de dólares, un aumento de 140 mil millones (27,9%) respecto a 2016.

-El número de adultos sin seguro médico varía según la fuente, pero en cualquier caso ha aumentado significativamente en la actual administración (7 millones de personas según Gallup, 1,8 millones de acuerdo a NHIS). Gallup habla de 13,7% de la población adulta sin seguro, mientras que según el NHIS es de 9,4%.

-36 millones de personas recibían cupones de comida para abril de este año, la cifra más baja desde julio de 2009 y 6,7 millones menos que cuando Trump comenzó su período.

-La producción de petróleo estadounidense ha venido aumentando año a año desde 2008, con la única excepción de 2016 por una caída en los precios. Por eso la dependencia de petróleo extranjero también ha disminuido: el año pasado Estados importó el 11,4% del petróleo que consumió, comparado con 24,4% en 2016.


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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