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La serie promete un Bolívar más allá del mito, pero lo mitifica para que se ajuste al libreto. De cualquier forma, está reñido con la historia conocida.

(Julio 24, 2019 – Javier Brassesco). Hace ya un mes apareció en Netflix la serie “Bolívar, una lucha admirable”, en donde en 60 episodios se intenta mostrar, según los videos promocionales, “al hombre más allá del mito”.

Antes de que se estrenara, Nicolás Maduro aseguró que se trata de una serie hecha por la oligarquía colombiana y se preguntó “cuántas mentiras, difamaciones y basuras pondrán en la serie”.

Días más tarde matizó su opinión, confesando que se había puesto a verla y le había parecido “atractiva, bien producida, colorida”. Sin embargo, poco después cargó contra la guionista de la serie, Juana Uribe.

Hoy se cumplen 236 años del nacimiento de quien en Venezuela es conocido como “El Libertador”, y creemos que la ocasión amerita indagar sobre el rigor histórico que tiene esta serie. Alguien dirá que una serie televisiva no tiene por qué ceñirse a la historia tal y como sucedió o como está recogida en las fuentes originales, pero eso debería ser aclarado en cualquier caso en una serie como esta, que trata sobre un personaje histórico.

Más allá de las idas y venidas de Maduro, la reconocida historiadora Inés Quintero también comenzó a ver la serie y su opinión, expresada en un artículo publicado en el portal Prodavinci, es que la misma no se diferencia demasiado de cualquier otra serie de la gran cadena de streaming: es decir, de historia propiamente tiene muy poco.

La visión de Inés Quintero

Aquí algunas afirmaciones hechas por la historiadora:

-La realidad histórica “constituye una camisa de fuerza que estorba y entorpece el trabajo de los libretistas” para “cumplir con los fines recretativos que persiguen”.

-La construcción de los personajes no tiene nada que ver con la realidad histórica, y los hechos son presentados “de forma tal que sirvan de sustento a la narrativa dispuesta y construida por quienes elaboran los contenidos”.

-“Imaginación y ficción imperan sobre la historia: ni Carlos Palacios era un patán poseído por el demonio; ni Pablo Clemente un tonto incapaz e impertinente; ni doña Concepción andaba por la hacienda disponiendo y tomándole la temperatura a los esclavos; ni Josefa Tinoco, la mujer de Juan Vicente, fue la hija del capataz de San Mateo; ni la familia vivía toda junta en la hacienda. Ninguna de esas recreaciones tiene que ver con la historia”.

-Tampoco tiene asidero alguno con la realidad la visión caricaturizada del representante del rey de España como el villano que irrespeta a los criollos, y que le grita y ningunea a doña Concepción. Prevalece aquí la visión maniquea de la historia patria, según la cual los malos de la película fueron los peninsulares lo cual, finalmente, explica la decisión independentista. Una visión simplista y ampliamente superada hace ya bastantes años por las investigaciones que se han hecho sobre el tema.

-Igual sucede con la idealización del noviazgo feliz y romántico entre María Teresa Rodríguez del Toro y Simón Bolívar, un idilio de telenovela que deja por fuera el arreglo económico que estuvo de por medio para la realización de la boda.

-El personaje central: Simón Bolívar, no ofrece sorpresas. Desde la primera escena es el héroe, el Libertador, el hombre providencial que no se equivoca, que tiene claros sus designios y que triunfa frente a la adversidad. Habla como héroe —en modo proclama—, piensa como héroe, gesticula, camina, ordena, actúa como héroe y sus recuerdos también tienen el mismo empaque.

– Miranda, por ejemplo, es presentado como un traidor que, por una bolsa de monedas, fue capaz de entregar la I República, al firmar la capitulación de 1812.

-Si esto ocurre con Miranda, no quiero ni pensar cómo quedarán Santiago Mariño o Manuel Piar, o Francisco de Paula Santander o cualquier otro que haya disentido, adversado o polemizado con Bolívar: entrarán con toda seguridad en la nómina de los villanos.

En Verifikado también nos hemos asomado a la serie, y sentimos que en vez de presentar a Bolívar más allá del mito, tal como pregonan en las promociones de Netlix, lo que hacen es precisamente lo contrario: mitificarlo más, presentarlo como alguien infalible y que siempre habla como si estuviese dando una proclama en una plaza. Es una figura caricaturesca que en nuestro juicio no le hace justicia a un personaje tan complejo y con tantas contradicciones como lo fue Simón Bolívar.


Imagen inicial: VK con insumos de Netflix.

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