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China y cómo controla digitalmente a su población

China y cómo controla digitalmente a su población

China usa cuatro herramientas para controlar a su población. Vea cuáles son y cómo funcionan.

(Agosto 18, 2019 – Redacción). La Fundación para el Progreso, FPP con sede en Chile ha publicado un excelente artículo y video sobre cómo China mantiene una censura draconiana sobre sus ciudadanos. Lo explica la periodista e investigadora Sascha Hannig, Coordinadora de Proyectos del equipo de Relaciones Internacionales de la FPP. Esta censura y control social se realiza desde el tope de la jerarquía china a través de cuatro acciones de control social:

Las cuatro herramienta chinas para el control social son:
1. La Gran Muralla Digital
2. Crédito Social Digital
3. Supervigilancia orwelliana
4. Lealtad público-privada (por las buenas o por las malas)

Sascha Hannig es coordinadora de Proyectos del equipo de Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso (FPP). Periodista, minor en historia y economía de Oriente, candidata a Magíster de la Universidad Adolfo Ibáñez y Alumni de la Universidad el Cato 2013. Fue presidenta de la Federación de Estudiantes de la UAI (2016) y colaboradora en El Mercurio. Ha publicado novelas de ficción (2010, 2012, 2015) y artículos académicos en análisis internacional.

Artículo completo de f.p.p.

Distopía Digital: Cuatro herramientas que China usa para controlar a su población

Publicado en: https://fppchile.org/es/distopia-digital-cuatro-herramientas-que-china-usa-para-controlar-a-su-poblacion/

«Este sitio web no está disponible», decía la pantalla de la computadora, llena de ideogramas y garabatos que no tenía cómo entender. Había tratado de entrar a Facebook, Google, Twitter, Hotmail, Yahoo —¡lo que fuera!— para escribirle a mi familia y amigos. Tenía 16 o 17 años, acababa de llegar a China y era ingenua. Llamé a la recepción del hotel donde me había alojado en Shenzhen y me dijeron que nada de eso «existía». Entonces pregunté cómo podía comunicarme con el resto del mundo. Debía usar WeChat (el «Whatsapp» chino) o, según me dirían mis conocidos después, «burlar la seguridad» con un VPN y fingir ser un computador irlandés.

Esa primera experiencia con «La Gran Muralla Digital» (The Great Firewall) me dejó un sabor amargo en la lengua, como sucede a muchos extranjeros que chocan con ella[1]. Y es que, si bien hay alternativas chinas para gran parte de las redes que utilizamos en Occidente, todas carecen de elementos que, para quienes crecimos como internautas, son esenciales: la libertad de acceso, la comunicación abierta con la comunidad o la producción libre de contenidos. El gobierno de China, en lugar de esto, dispone de un sistema que controla y censura activamente todo lo que se produce.

Parece increíble. En Occidente damos por sentado que internet es una herramienta que nos libera y «horizontaliza» el poder. Solemos creer que la tecnología siempre aporta a nuestra calidad de vida, y que es el resultado del trabajo de muchos actores de distintas naturalezas y adscripciones — ingenieros, inventores, académicos, empresas privadas y organismos gubernamentales con ciertos grados de independencia, etcétera— [2], pero no es necesariamente así, al menos, no para China.

El control tecnológico del gigante asiático va más allá de borrar contenidos o prohibir plataformas occidentales. Tecnologías como la inteligencia artificial, la ciencia de datos, el control de la información y los más modernos avances, se han convertido en aliados que, posiblemente, lleven al país a ser la primera distopía digital de la historia. En particular, hay cuatro herramientas que el Partido Comunista Chino (PCC) utiliza hoy y que podrían llevar en esa dirección.

1. La Gran Muralla Digital

La censura del contenido por parte de gobiernos autoritarios es una práctica tan vieja y común que ya forma parte de sus manuales de ejercicio del poder. En el siglo XX, la manipulación y monopolización de los medios de comunicación, así como «pinchar teléfonos», leer la correspondencia privada y sesgar ideológicamente la educación, fueron herramientas que permitieron a las dictaduras controlar y caracterizar a sus enemigos para evitar que la población conociera sus errores junto a las las atrocidades que muchos cometían contra la población[3].

Para China, un país regido por una dictadura nacida en el siglo XX que alcanzó la «era de la información», la llegada de internet significó un desafío. Si bien ha sido una oportunidad para el crecimiento del país —China es hoy uno de los pioneros en economía digital[4]— también ha supuesto una potencial amenaza para la estabilidad y el control de la información, celosamente custodiada durante toda la historia de la República Popular. Así, desde fines de la década de los noventa, y prácticamente al mismo tiempo que internet comenzó a masificarse, las autoridades decidieron que internet debía ser tratado como un asunto de seguridad nacional[5]. De ahí la idea de levantar una protección, una muralla, para contener los peligros. A esto se le llama, The Great Firewall, aludiendo a la Gran Muralla China que dividió al país de sus enemigos antes de la conquista mongola.

¿Cómo hacerle frente a una tecnología de tan «alto riesgo», que prometía conectar, derribar barreras y darle voz a quienes estaban invisibilizados? Pues con una arquitectura de leyes, instituciones, empresas y otras herramientas tecnológicas diseñadas para la censura. Esto sumado ala combinación de estrategias orientadas al mercado, propaganda omnipresente, mecanismos de presión, persecución a disidentes y una importante inversión local e internacional para mitigar el impacto que esto significa para la imagen del país[6].

Dos décadas después, el resultado es una enorme y muy sofisticada máquina de control y censura que recrea una especie de realidad paralela en la que 800 millones de usuarios de internet, equivalentes al 54% de la población china[7], viven y operan en un sistema casi totalmente desconectado del resto del mundo.

El contenido que estos ciudadanos digitales pueden ver, producir o compartir, está limitado por legislaciones, filtros, rastreo, censores humanos e inteligencia artificial. Qiang Xiao, profesor de la Universidad de Berkerley, California, disidente chino y fundador del sitio China Digital Times, ha descubierto una serie de documentos sobre la estrategia del PCC a los que accede a través de informantes anónimos. El académico argumenta que existe una lista de noticias y comentarios que deben ser activamente prohibidos por los censores. Entre estos se encuentra todo lo que manche la imagen del PCC, que ataque al sistema o que aluda a los sistemas democráticos occidentales. También son objeto de censura cualquier cosa que fomente las asociaciones o sindicatos ilegales o, por ejemplo, que acuse la  restricciones a la libre expresión[8].

Y es que una broma, un comentario negativo o incluso una búsqueda curiosa constituyen una amenaza para los objetivos del PCC, que intenta mostrarse ante el mundo como un país exento de corrupción, estable y preocupado por el desarrollo[9].

“La gran victoria del sistema no es simplemente el bloqueo exitoso, sino que los ciudadanos no demanden información alguna y se conformen con el sistema”

Pero la limitación del acceso al contenido no es suficiente. El gobierno debe asegurarse de entrar en las mentes y los corazones de sus ciudadanos, normalmente mediante la exacerbación del nacionalismo y de ciertos valores políticos del sistema. Hay un enorme trabajo para posicionar ideas siguiendo una estrategia de «refuerzo positivo» que premia el «buen comportamiento». Por ejemplo, se le paga a ciudadanos para que escriban comentarios pro-gobierno en las redes y así influir en la opinión pública. Con el tiempo, se ha vuelto común la censura social o, más específicamente, el shaming (avergonzamiento público); son los mismos usuarios los que denuncian a quienes hablan en contra de los intereses del país[10]. Así, la gran victoria del sistema no es simplemente el bloqueo exitoso, sino que los ciudadanos no demanden información alguna y se conformen con el sistema[11].

Desde 2012, la administración de Xi Jinping ha puesto énfasis en el «microcontrol» de los comentarios, y la ley de ciberseguridad de 2017 ha profundizado la supervigilancia del comportamiento, aumentando las obligaciones que los proveedores y empresas digitales tienen con el Estado. Esto, además de limitar el uso de Virtual Private Networks (VPN), la herramienta con la que muchos se conectan a la red internacional[12]. En consecuencia, se han hecho comunes las penalizaciones a civiles que opinan en contra de los intereses de gobierno. Las multas no son demasiado altas en un principio (se encuentran entre US$ 50 a US$ 100), pero con el tiempo puede implicar condenas más graves[13].

 

2. Crédito Social Digital

Las restricciones en el uso de internet son un primer paso para conseguir el control, pero no son suficientes para lograr el monitoreo de la actitud y el pensamiento de los ciudadanos. Personas reprimidas suelen rebelarse, o simplemente burlar las trabas que se le ponen. Pero las convencidas, afianzan el sistema y cuestiona las propuestas extranjeras[14]. De esa lógica nació el Sistema de Crédito Social, cuyo fin es la «armonía social»[15], según el documento oficial del Consejo de Estado del 14 de Junio de 2014. Su propósito es:

“(…) hacia 2020, haber establecido las leyes fundamentales, regulaciones y estándares del crédito social. Haber creado un sistema de investigación que incorpore a toda la sociedad y su información (…), para así, darle total dominio a los mecanismos que promueven la confianza y castigan la mala fe o la desconfianza. (…) Establecer mecanismos de incentivo para la auto-corrección y la auto-mejora que se enfoquen en disminuir los actos que quiebren la confianza, y promover mecanismos que aseguren la protección de los ciudadanos que se han arrepentido de ellos (…) Establecer mecanismos de investigación de infracciones al sistema de crédito, además de castigar severamente la filtración al extranjero de secretos financieros o estatales. (…) Fortalecer el rol de la supervisión social”[16]

El párrafo anterior puede sonar algo críptico o excesivo, pero ayuda a explicar cómo China está juntando su infraestructura de supervigilancia cibernética con un sistema de puntuación similar al que se usa comúnmente para la evaluación financiera, que muchos asociamos a instituciones como Equifax, o para la evaluación de riesgo de clientes bancarios.

En occidente aceptamos que un sistema, a la hora de aprobar créditos, abierta y explícitamente verifique el comportamiento de deuda y pago para saber si una persona es disciplinada y confiable. Pero el uso que tiene en China estos registros es muy diferente y con otros fines. La vigilancia y los métodos de «premio y castigo» no se basan solo en el cumplimiento de la ley, sino que son parte de una evaluación moral y su propósito tiene consecuencias peligrosas en los ámbitos de la confianza y la libertad. Así, sustentado en una larga tradición «confuciana» de control social, el gobierno está constantemente supervigilando y evaluando a los usuarios[17]. De esta manera sabe si los ciudadanos son «de confianza», creen en las ideas del partido y son consecuentes con estas. De ahí la frase: «el gobierno pone el escenario, el pueblo canta en armonía».[18]

“Las personas se preocupan obsesivamente por sus puntajes sociales en todo momento y lugar, en especial cuando interactúan con otros que les evalúan.”

¿Y cómo funciona este sofisticado diseño? Pues, es similar a Nosedive, el primer episodio de la tercera temporada de Black Mirror[19], en el que las personas se preocupan obsesivamente por sus puntajes sociales en todo momento y lugar, en especial cuando interactúan con otros que les evalúan. Desde su entrada como piloto en 2015, el Crédito Sésamo ha sido presentado como un juego social (gamification). Los usuarios compiten por ser los mejores ciudadanos y cada individuo tiene una cuenta que asocia un puntaje a cada comentario, compra, palabra buscada o app descargada. Incluso cada aparato utilizado. En suma, todo el comportamiento online (e incluso offline), en todas las plataformas. ¿Y de dónde salen los datos? Las empresas de telefonía, internet, tecnología, e incluso de compra y venta, abren esta información al gobierno, que se ampara en sus mismas leyes para solicitar los datos. Un caso emblemático es el de la aplicación WeChat, que tiene más de 1000 millones de usuarios[20]. Además se han creado empresas dedicadas al procesamiento de datos para afianzar el sistema de crédito social[21].

En consecuencia, cada usuario tiene un puntaje acumulado, que es público y compartido a todos los contactos que tiene. Un buen ciudadano tendrá un puntaje alto, que podrá traducir en beneficios, como por ejemplo, permisos de viaje más holgados. Un ciudadano de «poca confianza» —aquel que utiliza VPN, compra en plataformas extranjeras, habla en contra del régimen o conversa con extranjeros— tendrá un puntaje bajo. Esto se traduce en castigos que van desde el rechazo social —ser «amigo» de estos ciudadanos baja puntaje— hasta el castigo directo, como la imposibilidad de viajar al extranjero. De hecho, en 2018, 23 millones de viajes (17.5 millones aéreos) fueron anulados por el gobierno por no contar con crédito social suficiente[22].

En el largo plazo, el mal desempeño en este «juego» puede hasta llevar a prisión. De hecho, ya se incorporaron al sistema las «listas negras» de deuda o comportamiento y la cadena del gobierno Xinhua ha informado en su sitio en inglés, en reiteradas ocasiones, lo efectivo que es el sistema[23].

China ya ha recurrido al gamification y el juicio de los pares para modelar otros comportamientos. Por ejemplo, la aplicación de la empresa Xiaomi recolecta información sobre el bienestar físico de los ciudadanos. Si uno tiene amigos en la app, estos pueden saber cuántos pasos uno caminó en el día, cuánto pesa e, incluso, cuál es mi «puntaje de salud». WeChat hace algo similar con el podómetro de la app, que compara los pasos que da un ciudadano con los de sus contactos.

En fin, el sistema de crédito social seguirá en marcha blanca hasta el próximo año, cuando se convertirá en obligatorio para todos los ciudadanos. Se trata de un trabajo de largo aliento que el país ha complementado con un amplio aparataje de propaganda para «cuidar la armonía y el bienestar de sus ciudadanos».

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Puede descargar el artículo completo en PDF.


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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La muerte de Jeffrey Epstein y las teorías conspirativas

La muerte de Jeffrey Epstein y las teorías conspirativas

El aparente suicidio de Jeffrey Epstein ha llenado la red de todo tipo de especulaciones que van desde una ejecución ordenada por políticos muy poderosos hasta que realmente no murió sino que, tras un montaje, fue sacado con vida a una locación desconocida.

(Agosto 14, 2019 – Javier Brassesco). El aparente suicidio de Jeffrey Epstein en una cárcel neoyorquina este sábado ha disparado todo tipo de teorías conspirativas, que van desde que no murió en lo absoluto hasta aquellas que señalan que los Clinton o hasta el presidente Donald Trump están involucrados en su muerte.

El deceso de este empresario y multimillonario, acusado de delitos sexuales y que debió ser capturado en su propia isla privada en las Islas Vírgenes, ha sido objeto de todo tipo de especulaciones en las redes sociales.

El propio Trump alentó estas teorías al retuitear a alguien que insinuaba que la muerte de Epstein no podía ser un suicidio, que tenía información sobre Bill Clinton. “Sabemos quién lo hizo”, rezaba este tweet de Terrence Williams publicado por el presidente.

También retuiteó a BNL News cuando se informó que líderes demócratas, incluyendo a Bill Clinton, habían hecho viajes a la isla de Epstein, que llaman “la isla del pedófilo”.

Pero también existen otras teorías que afirman que Epstein en realidad no murió

Un suceso muy reciente

Las circunstancias sobre la muerte de Epstein (quien en principio se dijo que se ahorcó) mientras estaba en custodia federal, apenas comienzan a ser investigadas, por lo que es irresponsable hacer señalamientos sobre autores intelectuales.

Estos son los hechos verificados sobre su detención y muerte:

-Epstein había sido arrestado el 6 de julio de este año por tráfico de menores en Florida y Nueva York.

-Los policías que estaban de guardia el 10 de agosto en el Centro Correccional de Nueva York, en la parte baja de Manhattan, anunciaron que encontraron su cuerpo sin vida a las seis y media de la mañana, y que aparentemente se había ahorcado.

-Según informaron algunos medios como el New York Times, Epstein había sido trasladado hacía una semana de una celda en donde están quienes se cree podrían suicidarse. Igualmente dos guardias debían chequear regularmente sus actividades, pero falló el protocolo.

-El suicidio es muy común en las cárceles estadounidenses, y provoca el 35% de las muertes que allí tienen lugar, según un reporte federal que data de 2016 y que cubre el período 2000-2014, los últimos datos hechos públicos en esta materia.

-Hasta ahora no hay evidencia de que se hubiese tratado de un asesinato, y mucho menos que éste hubiese sido coordinado por Bill Clinton.

-Sin embargo, el hashtag #ClintonBodyCount comenzó a viralizarse antes de “Epstein” en Twitter. Y el mencionado tweet de Terrence Williams, un comediante con más de 500 mil seguidores, también se hizo viral una vez que Trump lo retuiteó.  Además Williams hizo un video en Facebook que ha sido visto más de 400 mil veces.

-El señalamiento de que Bill Clinton y su esposa Hillary asesinan personas es muy antiguo, pero dicho rumor ha sido siempre desmentido por sitios prestigiosos de verificación de noticias como Snopes o Politifact.

-Clinton en efecto conocía a Epstein e incluso había utilizado su avión privado en varias ocasiones entre 2000 y 2002, cuando aún no habían sido hechas públicas las acusaciones contra él. Clinton alega que no conocía estas prácticas sexuales con menores de las que se acusaba a Epstein y además no fue ciertamente el único político o empresario en subirse en ese avión: también lo hizo Donald Trump, quien además fue a fiestas con Epstein.


Imagen inicial: VK con insumos de Pixabay.

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¿Trump posó al lado de un bebé cuyos padres fueron asesinados en el tiroteo de El Paso?

¿Trump posó al lado de un bebé cuyos padres fueron asesinados en el tiroteo de El Paso?

La imagen es auténtica y muestra la pareja presidencial con el hijo de Jordan Achondo y Andre Achondo, dos víctimas de la masacre de El Paso, y el tío del niño quien pidió a la pareja presidencial que posara para la foto.

(Agosto 12, 2019 – Javier Brassesco). La primera dama Melania Trump publicó en su cuenta de Twitter (@FLOTUS) varias fotos de su visita al centro médico de El Paso poco después del tiroteo que tuvo lugar allí y que costó la vida de 22 personas.

Una de estas fotos, que algunas personas del hospital criticaron por falta de empatía, muestra a Donald Trump sonriendo y con los pulgares arriba supuestamente al lado de un niño cuyos padres murieron en el tiroteo protegiendo a su bebé como escudos humanos.

El periodista Josh Marshal, fundador del prestigioso site Talking Points Memo, publicó la foto y explicó que aunque el niño no está identificado en la foto que publicó la primera dama, parece ser el mencionado huérfano según varios reportes informativos. Y pidió que si alguien tenía la confirmación, que se lo hicieran saber.

En efecto se trata del mencionado niño, como poco después lo confirmaría a CNN un funcionario de la administración Trump. Es el hijo de Jordan Achondo y Andre Achondo, y el hombre que aparece en la foto a la derecha de Trump es el tío del niño y quien pidió a la pareja presidencial que posaran para la foto.

De hecho el niño ya había sido dado de alta pero el tío regresó con él al hospital para conseguir la foto ya que, explicó, su hermano era un gran seguidor del presidente Trump.


Imagen inicial: Twitter.

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Alberto Fernández sobre Maduro: entre Kirchner y Macri

Alberto Fernández sobre Maduro: entre Kirchner y Macri

Las declaraciones se equilibran entre algunas negativas y otras positivas. Por los momentos, no hay una posición clara de apoyo u oposición.

(Agosto 12, 2019 – Javier Brassesco). El peronismo, representado por Alberto Fernández, obtuvo este domingo una contundente victoria sobre el actual presidente Mauricio Macri en las primarias argentinas: 47% contra 32%, lo que le pone la presidencia al alcance de la mano: la primera vuelta tendrá lugar el 27 de octubre y la segunda, de ser necesario, en noviembre.

Fernández presentó a Cristina Kirchner como su compañera de fórmula para la vicepresidencia, y es sabido que la expresidenta fue siempre una aliada incondicional del chavismo en Venezuela. ¿Seguirá Fernández esa misma línea en caso de resultar electo en octubre?

Al menos desde el discurso, Fernández ha mostrado una postura intermedia para el caso venezolano, y ha dicho en varias ocasiones que en Venezuela existe un gobierno autoritario, si bien afirma al mismo tiempo que “no parece ser” ser una dictadura.

“Hay un gobierno autoritario… En su origen no parece ser una dictadura, parece ser un gobierno elegido por el pueblo, lo que está claro es que es un gobierno que ha cometido una serie de actos autoritarios, muchas veces de persecución a los opositores y que en su gestión ha generado un conflicto enorme”, declaró en una entrevista al canal argentino La Nación hace un par de semanas.

Defendió al respecto la postura neutral que han mantenido en el caso venezolano los gobiernos de Uruguay y México y llamó al diálogo entre las partes en conflicto.

A principios de julio, tras la publicación del informe de la ONU, también había afirmado que en Venezuela “se ha vivido un sistema de abusos y arbitrariedades del Estado”.

Corrigiendo a Kirchner

Cristina Kirchner comparó el problema alimentario que existe en Argentina con el de Venezuela, pero Fernández le salió al paso para aclarar que lo que sucede en Venezuela es mucho más grave.

Sin embargo trató de justificarla al afirmar que Kirchner se refería a un informe de la FAO sobre riesgos alimenticios. Al mismo tiempo dejó claro que no se trata de situaciones siquiera comparables:

“Lo hablé con ella… Está claro que no son situaciones comparables”, dijo en entrevista con el canal LN+ a finales de julio.

Allí también se refirió al carácter autoritario del régimen de Maduro cuando dijo: “Muchas veces gobiernos que en su origen son democráticos se desvían y cometen grandes actos de autoritarismo”.

Todo parece indicar que la actitud de Fernández hacia el régimen venezolano, en caso de resultar electo (y solo un milagro lo impediría), no será ni de abierta oposición, como Macri, ni de aliado incondicional, como Kirchner.

Pudiera ser que sus reservas hacia Maduro, un personaje tremendamente impopular en el continente, respondan a un cálculo político, y que una vez electo se acercará más a este régimen que hoy tilda de autoritario. Pero también podría pasar como Lenin Moreno en Ecuador, que pasó de la tibieza inicial a una franca oposición, dándole la espalda a su antecesor, Rafael Correa.

El tiempo lo dirá.


Imagen inicial: VK con insumos de WikiCommons.

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El alcance de las nuevas sanciones a Venezuela

El alcance de las nuevas sanciones a Venezuela

Dos ángulos sobre la congelación de activos al régimen chavista en EE.UU., cuya efectividad es resaltada por algunos y cuestionada por otros.

(Agosto 7, 2019 – Javier Brassesco). El lunes en la noche el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que impone nuevas sanciones económicas a Venezuela, lo cual muchos medios llamaron “un embargo económico total”.

La orden ejecutiva congela los bienes del régimen de Maduro en Estados Unidos y también los de cualquier persona que intente ayudar a los funcionarios venezolanos afectados por esta orden, aunque hace una excepción para bienes humanitarios como alimentos, ropa y medicamentos.

Sin embargo, el alcance de estas nuevas sanciones no está claro todavía, y algunos analistas criticaron que los medios hayan hablado inicialmente de un embargo total.

En general, las opiniones se dividen entre quienes creen que estas nuevas sanciones no tendrán demasiado impacto en lo práctico y quienes aseguran que se trata de medidas muy severas.

 “Severas”

Algunos analistas opinan que las consecuencias pueden ser severas en el terreno de la práctica, y así Francisco Rodríguez, economista jefe de Torino Capital, declaró para el New York Times que muchas empresas privadas venezolana sufrirán las consecuencias pues ahora pueden ser vistas como representantes del régimen chavista y les costará llevar adelante sus negocios.

El economista Asdrúbal Oliveros cree que las sanciones tendrán efectos sobre el sector privado y petrolero venezolano.

Aunque específicamente no afectan directamente al sector privado, en la práctica “queda de forma aleatoria o a interpretación libre el bloqueo de las operaciones económicas”. En la misma línea de Rodríguez, cree Oliveros que a los ojos de muchas trasnacionales, cualquier empresa privada venezolana puede ser vista como agente del régimen madurista, y se abstendrán de hacer negocios con ellas.

Es decir, elevan la percepción de que hacer negocios con una empresa venezolana es riesgoso. El sistema financiero internacional no puede discriminar si una operación con cualquier empresa venezolana beneficia o no al régimen chavista, y ante la duda la reacción será abstenerse. “Pagan justos por pecadores”.

También, explica Oliveros, “le dará más peso a las actividades ilícitas que han proliferado en los últimos meses en Venezuela”, y aumentará la propensión del régimen de Maduro de “realizar cada vez más transacciones de venta de crudo y metales en efectivo, especialmente en euros, con toda la opacidad que eso implica”.

Acentuará además la caída de las importaciones, y así el FMI estima una caída del 35% del PIB para este año, mientras que Ecoanalítica la ubica en 39,9%.

El economista José Toro Hardy declaró al diario La Voz de América que algo importante de las nuevas sanciones es que bloquean la posibilidad de que las acciones de Citgo (empresa refinadora venezolana en Estados Unidos) puedan ser embargadas por los juicios que están en marcha.

Cree que no afectarán directamente a la población venezolana, y recuerda que la importación de medicinas y alimentos, así como el envío de remesas, están exceptuadas de esta orden ejecutiva.

El economista y diputado José Guerra cree que la intención de Estados Unidos es sobre todo disuadir a empresas rusas, chinas o indias de que realicen cualquier transacción con el gobierno de Maduro, y recordó que India está comprando entre 200 y 300 mil barriles diarios a Venezuela, y que si esas transacciones pasan por Estados Unidos o utilizan la banca estadounidense, van a tener problemas.

“Insignificantes”

Richard Nephew, ex funcionario del Departamento de Estado, dijo que esta nueva decisión de Trump “es más luz que calor”, pues no crea nuevas penalidades a los negocios que se hagan con el régimen de Maduro. Como ya se han impuesto otras sanciones, Nephew duda que queden algunas actividades económicas que todavía puedan ser afectadas con nuevas sanciones.

Una opinión semejante esgrimió Fernando Cutz, ex consejero de seguridad de Obama y Trump, quien afirmó que la orden ejecutiva deja en manos del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, la designación de las petroleras rusas y chinas que reciben crudo venezolano. Y que Mnuchin, como ya ha demostrado en otras ocasiones, ha sido una voz contraria a las sanciones de la administración Trump que involucran a China y Rusia. Por eso dice que estas nuevas sanciones pueden ser “insignificantes”.

Y ya China demostró recientemente, tomando petróleo de 12 cargueros iraníes, cómo está dispuesta a desafiar las sanciones que Estados Unidos impone a otros países.

La prueba de la efectividad de las sancionas para Cutz es si éstas logran impedir que China y Rusia sigan sacando petróleo del país caribeño. En el terreno de los simbólico sí cree que tienen peso, pues coloca a Venezuela en una lista infame donde solo están países como Cuba, Irán, Corea del Norte o Siria.


Imagen inicial: VK.

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