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El popular comentarista de ultraderecha fue expulsado de varias plataformas en línea, pero no por sus opiniones -eso sería contrario a la libertad de expresión-, sino por una larga lista de teorías conspiratorias y noticias falsas.

Pero no lo descartemos. Su cercanía con Donald Trump y su continuidad en ciertos medios de amplia cobertura (entre ellos Twitter) hacen pensar que podría recuperarse. Algo a lo que damos una K amarilla como incierto pero no imposible.

Javier Brassesco

(Agosto 9, 2018). Trump lo llamó su musa y es un faro de luz para todos aquellos que siguen teorías de conspiración de cualquier tipo. Para otros es un ultraderechista que ha forjado un imperio comunicacional a base de “fake news”. Hoy su imperio se tambalea, pues Alex Jones y todos los canales a él relacionados acaban de ser vetados por Apple, Facebook, Google, YouTube y Spotify. Solo le queda Twitter.

Se lo habían advertido en múltiples ocasiones, pero Jones nunca hizo caso y siguió difundiendo lo que estas plataformas han definido como “mensajes de odio” (sobre todo contra quienes han inmigrado a Estados Unidos desde América Latina). Ahora optaron por medidas más drásticas y clausuraron todos sus canales y su entramado de blogs, eliminando además todo lo que ya había sido publicado.

Es un golpe durísimo para este adalid de la ultraderecha, pero está lejos de ser un knockout. No solo porque le queda Twitter, sino porque además mantiene sus programas de radio en Estados Unidos (The Alex Jones Show es el principal) y su portal Infowars. El director ejecutivo de Twitter, Jack Dorse, defendió la decisión de no cerrar su cuenta en esta plataforma porque no ha roto ninguna regla y “conservar sus tweets servirá para investigarlo”. Para él deben ser los periodistas críticos quienes refuten a cuentas como las de Jones.

¿Y quién es él?

Alex Jones. Flickr.

¿Pero quién es este singular personaje, qué ideas defiende? Hoy tiene 43 años, pero comenzó su carrera a los 22, cuando en 1996 se puso a difundir la teoría de que el atentado de Oklahoma en 1995 había sido perpetrado por el propio gobierno.

Hoy tal vez no suene tan extraña esta idea, pero sí lo era en 1996, y Jones ganó adeptos con rapidez. Desde entonces ha pregonado todo tipo de teorías conspiratorias, como afirmar que el gobierno israelí estuvo involucrado en los atentados contra las torres gemelas en 2001 en Nueva York, que la familia Rothschild está detrás de muchísimas guerras de nuestro tiempo o que el sistema de salud de Estados Unidos está controlado por una mafia judía. Pero además afirma que el propio Barack Obama estuvo detrás del atentado en Sandy Hook en 2012, donde murieron 28 personas, incluyendo 20 niños, o que el cambio climático es una farsa.

Con el triunfo de Trump todos sus canales multiplicaron sus seguidores, y el propio Jones llegó a declarar a Der Spiegel que él y Trump mantienen contacto frecuente.

Trump incluso estuvo en su programa, The Alex Jones Show, en diciembre de 2015, cuando era precandidato, y lo alabó por su trayectoria. Jones se jacta de que la afirmación que ha realizado Trump de que los medios son “el verdadero enemigo” es en realidad suya, y él le transmitió esa idea en aquel programa.

Sin embargo, en declaraciones posteriores (mediados de febrero de 2018), Jones ha negado tener demasiado influencia sobre Trump. Según él, los principales medios han hecho ver que Trump repite todo lo que él dice. “Y eso no es verdad”, aseguró entonces.

Golpeado pero no caído

Apple eliminó todos sus podcasts de iTunes, que era una de las formas preferidas que tenía Jones para comunicarse con su audiencia. Ya nadie las puede buscar ni transmitir, aunque muchos usuarios advierten que a algunos de estos podcasts eliminados, todavía puede accederse a través de la aplicación para teléfonos inteligentes en Google Play y App Store.

Facebook y YouTube hicieron lo mismo, explicando que ya le habían advertido en muchas ocasiones que no tolerarían más “incitaciones al odio y al acoso”. En Spotify tampoco estarán más sus programas de radio.

Jones respondió por Twitter, la única red social que le queda (y donde tiene a más de 800 mil seguidores), adjuntando un enlace a su página web y promoviendo el hashtag #Freeinfowars (Liberen Infowars, o Infowars libre) para protestar por este veto.

También por Twitter aseguró que no se trata de discursos de odio o de violar normas, sino que la eliminación de sus canales responde a motivos ideológicos.

El caso abre un debate que no termina y está muy lejos de ser zanjado ¿Tienen las redes sociales responsabilidad editorial sobre los contenidos de terceros? ¿Es tarea de Facebook (por poner un ejemplo) combatir la desinformación? ¿Tiene la capacidad de hacerlo? ¿Puede convertirse en árbitro supremo y determinar qué es verdad y qué no?

En cualquier caso, Jones está tocado pero de ninguna manera caído. Siempre contará con el apoyo del presidente de Estados Unidos y de sus millones de incondicionales adeptos, que le seguirán por cualquier plataforma que se mantenga activa. Incluso muchos analistas creen que este veto podría hacerle ganar popularidad.

 


Imagen inicial: VK.

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